América Latina, entre la inflación y la revaluación

Desde enero los precios internacionales de los alimentos han superado el pico de mediados del 2008.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
mayo 16 de 2011
2011-05-16 03:17 a.m.

 

Debido al shock de precios internacionales, las economías latinoamericanas están entre la espada y la pared.

Desde enero de este año, los precios internacionales de los alimentos han superado el pico de mediados del 2008, con consecuencias semejantes a las que se vieron entonces. Revueltas populares en países antidemocráticos, más discursos y pocas decisiones en el mundo desarrollado. Y en América Latina el mismo dilema: más inflación o más revaluación.
Como exportadores netos de alimentos, Argentina, Brasil, Guatemala, Paraguay y Uruguay son beneficiarios de las alzas de los precios internacionales. Pero todos los demás países, incluyendo México y las pequeñas economías de América Central y del Caribe están en la lista de perdedores, pues son importadores netos de la canasta de commodities alimenticios más importantes en el comercio mundial, que comprende el arroz, el azúcar, el maíz, la soya y el trigo.
Tanto los exportadores como los importadores de alimentos que cuentan con flexibilidad de sus tipos de cambio respondieron al shock de precios del 2008 apreciando sus monedas, con lo cual abarataron las importaciones y amortiguaron el efecto inflacionario de los mayores precios externos. Es posible que hayan actuado así porque el shock de precios vino acompañado de una avalancha de capitales internacionales.
Podrían responder de la misma forma en esta ocasión. Si así lo hicieran, quienes tienen flexibilidad cambiaria se salvarían nuevamente de la inflación. Según un artículo que hemos escrito en el BID, el impacto inflacionario sería insignificante en Brasil, Colombia, México y Uruguay, y alcanzaría apenas unos tres puntos porcentuales de mayor inflación en el 2011 en Perú.
Crítica situación
La situación es mucho más crítica en la mayoría de los países centroamericanos y caribeños que no tienen flexibilidad cambiaria y que además son importadores netos de alimentos. En Bahamas, El Salvador, Honduras, Panamá y República Dominicana la inflación podría aumentar entre cuatro y siete puntos porcentuales en el 2011 si las respuestas de política son las mismas de la crisis pasada. Bolivia, que también comparte estas características, podría ver un aumento de cinco puntos en su tasa de inflación. Incluso Guatemala, que es un exportador neto de alimentos y tiene alguna flexibilidad cambiaria, experimentaría un aumento de siete puntos en la tasa de inflación.
La pregunta crucial es si, en esta ocasión los bancos centrales y los Gobiernos van a reaccionar de la misma manera, permitiendo en estos últimos países que las ya apreciadas monedas se valoricen aún más y que, por consiguiente, se debilite nuevamente la competitividad de los sectores que son exportadores o que compiten con importaciones. Esto puede agudizar la informalidad y el desempleo, y perjudicaría a los campesinos y trabajadores agrícolas que no están en los sectores en boom de precios. Sin embargo, sería un alivio para los más pobres en las zonas urbanas que tienen que dedicar una parte muy importante de sus ingresos a comprar alimentos.
Otra opción
La otra opción no es menos atractiva, puesto que impedir una mayor apreciación de la moneda a cambio de una inflación más alta tendría los efectos distributivos opuestos y debilitaría la credibilidad de los bancos centrales, lo que a la postre se traduciría en mayores tasas de interés. En los países sin flexibilidad cambiaria, este es un riesgo preocupante. La única salida para ellos es una combinación de políticas fiscales y monetarias, que enfriaría la economía y generaría sus propios problemas de desempleo, pobreza e informalidad. Hay pocas posibilidades de escapar a estos dilemas, especialmente en los países donde los alimentos transables internacionalmente tienen un alto peso en la canasta de consumo.
El temor más grande es que no se reconozca el problema rápidamente, pretendiendo que es posible lograrlo todo a la vez, lo cual sería la fórmula para la frustración generalizada y la pérdida de confianza en las autoridades económicas. Lo más sensato es informar al público y alentar un debate sobre las implicaciones de una y otra situación. 

Eduardo Lora y Andrew Powell

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