Análisis/La adicción al cuatro por mil

La Ley 810 del 2003 le impuso a Minhacienda la obligación de cuantificar el costo fiscal de las exenciones tributarias, pero hasta ahora todos los ministros la han incumplido con respecto a las exenciones al cuatro por mil.

Redacción Portafolio
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octubre 22 de 2014
2014-10-22 06:22 a.m.

Como el adicto al cigarrillo, que decía que era tan fácil dejarlo que él lo había hecho 27 veces, así están los ministros de Hacienda –el actual y sus antecesores– con sus promesas de eliminar el Gravamen a los Movimientos Financieros (GMF), más conocido como el cuatro por mil: cada año lo prometen y al año siguiente lo deben aplazar.

No es que los ministros sean mentirosos o que no compartan las críticas de empresarios y banqueros al GMF, lo que pasa es que el fisco ha generado una adicción a este impuesto más fuerte que la de la nicotina y cada vez le queda más difícil desprenderse de él, mucho más ahora que están cayendo los ingresos fiscales provenientes del petróleo.

Recién creado para salvar a los bancos y luego para la reconstrucción del Eje Cafetero después del terremoto de 1999, el GMF era del dos por mil y recaudaba unos 2,0 billones de pesos anuales. Al aumentar la tarifa al tres por mil en el 2001, el recaudo anual aumentó a $2,5 billones de pesos, y tres años después, cuando la tarifa subió un punto más, el recaudo alcanzó los 3,85 billones de pesos en el 2008, para después bajar a unos $3.5 billones los dos años siguientes. La línea continua del gráfico muestra la evolución del recaudo en pesos del 2013.

A la vez que aumentaban los ingresos del GMF por las mayores tarifas, su eficiencia fiscal iba disminuyendo. La línea punteada del gráfico muestra –en el eje de la derecha– el monto del recaudo por cada punto del GMF como proporción del Producto Interno Bruto, que bajó de 0,25 por ciento cuando empezó a solo 0,14 por ciento en el 2010.

Las razones de esta pérdida de productividad del impuesto son claras: primero, las múltiples exenciones que se han ido creando para favorecer a ciertos grupos y entidades; segundo, la creatividad de los asesores tributarios para diseñar mecanismos para eludir el pago del tributo, y tercero el aumento del uso del efectivo como medio de pago. Por eso es válida la crítica de que el cuatro por mil distorsiona el funcionamiento de los mercados financieros.

Para desincentivar la evasión del tributo y la preferencia por el uso del efectivo, pero sin disminuir los ingresos fiscales, el candidato liberal Rafael Pardo, en la campaña presidencial del 2010, propuso reducir la tarifa del GMF al uno por mil y, al mismo tiempo, eliminar todas las exenciones que habían convertido el gravamen en una colcha de retazos con múltiples caminos para eludirlo.

En la reforma tributaria del 2010, el Gobierno decidió quedarse con el pecado y con el género, pues eliminó unas pocas exenciones y controló algunos mecanismos de elusión, pero no redujo la tarifa. Como resultado, la productividad de cada punto del GMF subió al 21 por ciento y el recaudo se disparó de 3,5 a casi 6 billones de pesos, con lo que el Gobierno se hizo más dependiente de estos ingresos, aunque, con bastante optimismo, prometió la eliminación progresiva del impuesto a partir del 2014. Le pasó lo que al fumador, que promete dejar la nicotina, pero empieza a fumarse más cigarrillos diarios y aumenta su adicción.

En la reforma del 2012 se aplazó un año el desmonte del GMF y ahora el Ministro está proponiendo aplazarlo hasta el 2018, cuando otras urgencias fiscales le impondrán al jefe de cartera de turno la necesidad de volverlo a aplazar.

La mejor alternativa es aceptar con realismo que ningún Gobierno podrá prescindir de los ingresos del GMF y volver a la propuesta de Pardo de bajar la tarifa al uno por mil y eliminar casi todas las exenciones. Así, además se simplifica su administración.

En el Artículo 879 del Estatuto Tributario, se establecen 27 exenciones al GMF, de las cuales solo habría que mantener los traslados entre cuentas de una misma persona, las de los pequeños ahorradores (que no muevan, por ejemplo, más de 5 salarios mínimos al mes) y las operaciones del Tesoro Nacional.

La Ley 810 del 2003 le impuso al Ministerio de Hacienda la obligación legal de cuantificar el costo fiscal de las exenciones tributarias, pero hasta ahora todos los ministros la han incumplido con respecto a las exenciones al cuatro por mil. Es muy probable que al medirlas se encuentre que valen mucho más que el recaudo actual, lo que permitirá bajar la tarifa al uno por mil sin sacrificar ingresos fiscales y tener un GMF con muy bajos efectos negativos sobre la economía.

Mauricio Cabrera Galvis
Consultor privado

 


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