Análisis / Agridulce aniversario del TLC con EE. UU.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
mayo 15 de 2013
2013-05-15 03:40 a.m.

Es grande la expectativa que ha causado entre los medios el primer año de la entrada en vigencia del TLC con Estados Unidos, pues en la memoria mediática y en la nacional quedaron plasmados los anuncios de los defensores acérrimos del acuerdo, quienes auguraban una gran bonanza a partir de un negocio en el que todo presagiaba, como lo previó la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC) en el transcurso de las negociaciones, que la ganancia sería para los estadounidenses.

La realidad de las cifras no deja lugar a dudas: la balanza comercial del país con respecto a Estados Unidos se deteriora; pero no es un tema meramente cuantitativo, la disminución es esencialmente cualitativa. En efecto, los combustibles de petróleo, el oro y carbón representaron el 81 por ciento de las exportaciones, que junto con las ventas a Estados Unidos de bienes agrícolas como flores, café y banano representan el 90 por ciento de los envíos colombianos a ese país.

El Gobierno Nacional ha tratado aparentemente de disfrazar el resultado por todos los medios a su alcance, anunciando a diario que nuevos productos se exportan, que el número de empresas exportadoras es mayor, y toda suerte de ilusiones, pero la realidad es que esa parafernalia solo soporta algunos cambios menores en el 10 por ciento de las exportaciones, pues lo que sigue soportando nuestro superávit con respecto a Estados Unidos ya lo teníamos antes del acuerdo. Lo único que habríamos perdido habría sido la reducción arancelaria a las flores de exportación.

Sin embargo, cuando se mira la dinámica de exportación de Estados Unidos se ven cambios interesantes que nos llevan a pensar que por el lado estadounidense las ventas de valor agregado son y serán las ganadoras, como era de esperarse de parte de un país industrializado. Así, las principales ventas de Estados Unidos a Colombia están representadas en aviones, repuestos aeronáuticos, refinados del petróleo como gasolina, cloruros de vinilo, unidades de sondeo, camperos y cargadores, y una variada y larga lista de bienes industriales.

Algunos analistas han tratado de justificar el deterioro de la balanza indicando que Estados Unidos ha recuperado espacios perdidos en el suministro de productos agrícolas, pero allí tampoco cuadran las cuentas. Hace unos años, por ejemplo, Estados Unidos era proveedor del 98 por ciento del trigo que importaba Colombia, pero hoy, a un año del Tratado,solo registra ventas por 135 millones de dólares, que es el 39 por ciento de las compras colombianas de trigo, las cuales ascienden a alrededor de 550 millones de dólares anuales.

Sí se aprecian importantes compras de algodón, pero los resultados de exportación de textiles y confecciones, que fueron el motor de justificación del acuerdo, no parecen ser halagüeños. También han crecido las importaciones de torta de soya y de soya extruida aptas para la alimentación avícola, pero tampoco estas justifican el deterioro de la balanza comercial para Colombia.

Es evidente que el primer año de vigencia de un acuerdo no puede ser el parámetro de exoneración o condena del pacto comercial, pero lo delicado del asunto es que el propio acuerdo, por justificaciones que se le busquen, pareciera tener un ‘fuerte aroma’ importador, que puede representar un quiebre en la tendencia comercial con Estados Unidos desfavorable para Colombia, si no se toman las precauciones necesarias.

Es aquí donde el tema se vuelve preocupante, pues en materia industrial no se ve, por lo menos a simple vista, cuáles serán los nuevos productos de valor agregado que sacarán la cara en este Tratado, como lo presagiaron sus representantes durante la negociación del acuerdo.

Por el lado agrícola, las señales de desestímulo y desinterés por el agro que da el Gobierno Nacional en procesos como el de Alianza Pacífico no son las mejores cartas de presentación para que los inversionistas aumenten su producción o emprendan nuevos negocios agrícolas con destino a la exportación, cuando el Gobierno se empeña en hacer concesiones unilaterales a cualquier socio comercial, sin siquiera esperar ninguna contraprestación al respecto.

Con todo, desde la SAC recordamos las palabras dichas por nosotros al cierre de las negociaciones con los Estados Unidos: “creemos que si el Gobierno cumple con lo que nos prometió, el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos será muy difícil, pero manejable”.

Rafael Mejía López

Presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia.

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