Análisis/ El aporte de la academia al sector manufacturero

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
septiembre 01 de 2013
2013-09-01 11:44 p.m.

A través de estrategias de fomento empresarial y políticas económicas adoptadas en los diferentes gobiernos, Colombia ha incentivado el desarrollo de la pequeña y mediana empresa, pyme.

La apertura económica iniciada en 1991, impulsó al sector industrial a darle la importancia al desarrollo empresarial a través del espíritu emprendedor, donde, quien contara con una idea de negocio exitoso, el Estado entraría a patrocinar y acompañar el proceso de desarrollo, la materialización y puesta en marcha del modelo de negocio concebido.

Este acompañamiento venía a través de los ministerios de ese entonces, como el de Desarrollo Económico y el de Comercio Exterior; y que a través del tiempo delegaría en otras entidades la responsabilidad, no solo del acompañamiento, sino también de la financiación de éstos. Actualmente, se cuenta con entidades como el Sena, donde le da importancia al fomento y desarrollo económico a través del Fondo Emprender; así como también de Bancoldex, como línea de financiamiento de éstas.

Con ello se generó la necesidad de tecnificar muchos de los procesos de transformación de la materia prima. La gran empresa estaba a las puertas de hacer grandes inversiones en materia de desarrollo tecnológico, lo cual implicaba competitividad frente a la empresa extranjera. Pero, la intensión de la apertura económica, era precisamente generar más actores de la producción y transformación, mediante la concepción de la libre competencia y la competitividad.

Es así, que a través del tiempo nacieron muchas pequeñas y medianas empresas en todo el país.

La transformación de la materia prima, y cada vez con un exigente mercado nacional e internacional, exigía no solo cantidad de productos, sino también calidad de los mismos, a la vez que menos tiempo entre los procesos de trasformación y entrega al consumidor final.

El modelo de competencia y competitividad enmarcado dentro de la efectividad, hizo que con el tiempo, muchas de estas pymes desaparecieran. La explicación, surgía en el modelo de manejo de la administración de éstas y a una estructura financiera que pesaba sobre ellas, donde sus costos de producción era mayores a los ingresos percibidos en el desarrollo de su objeto empresarial; adherido a lo anterior, la insolvencia a la que se sometían y que castigaba los balances financieros al final del periodo, en sus cuentas por pagar a terceros por conceptos de pagos de mano de obra y materias primas entre otras tantas.

Es necesario resaltar, como otra falencia existente, la falta de preparación de los empresarios para negociar, no solo en mercados nacionales sino que también en mercados extranjeros. La competitividad no solo estaba en que tan rápido podía producir un producto y la calidad imprimida en estos, sino que también en las facultades para poder poner el producto en los mercados externos.

Es clave destacar que muchas de las pymes que surgieron, subsisten en diferentes sectores de la economía. Muchas de ellas se asentaron cerca de las grandes capitales, lo cual genera una ventaja estratégica en el momento de transar sus productos, como también para la obtención de la materia prima necesaria. Y es precisamente a través de las ventajas competitivas y comparativas, donde el desarrollo dado a ellas, gestó su permanencia en el tiempo.

La gerencia adoptada contaba con modelos de financiamiento que procuraba la permanencia, en términos económicos, prolongadamente en el tiempo, así como también su desarrollo administrativo adecuado y pertinente al modelo de negocio que manejaban. Las grandes inversiones hechas, no solo en maquinaria y en espacios físicos, fueron la base de su subsistencia, sino también, el fomento de actualización permanente y el desarrollo de su recurso humano a través de la capacitación permanente y la profesionalización de ellos, lo cual garantizo la transformación de muchas de éstas al pasar de pequeñas a medianas empresas o medianas a grandes empresas.

Es por esto, que el desarrollo empresarial está garantizado en el acompañamiento que la academia pueda generar. La inclusión en el desarrollo económico de nuestras regiones, debe estar de la mano con la universidad a través de sus facultades y de sus programas. La responsabilidad social, así como también el objeto social por los cuales existen sus programas académicos, debe estar dada por el impacto generado a través de sus egresados en el medio, en el desarrollo de su profesión y respondiendo eficazmente a las necesidades del entorno.

Sin duda alguna, las universidades han acompañado a las pequeñas y medianas empresas del país. Los constantes cambios que en materia económica y empresarial generan mayor compromiso institucional a través del desarrollo y preparación académica y profesional cada vez más exigente.

Lo anterior, es posible a través del fortalecimiento que la Universidad ha dado a sus programas académicos con docentes de alta calidad académica, así como de experiencia docente y profesional; con programas que cuentan con currículos que responden a las necesidades del entorno y bajo la premisa de contar con la más alta calidad académica.

No obstante unido a todo lo anterior, con investigaciones encaminadas al desarrollo de los departamentos del país, lideradas por grupos de investigación en los cuales se encuentra vinculados los docentes de cada uno de los programas; y en procura del desarrollo de la competencia investigativa en nuestros estudiantes, la participación de ellos en los semilleros de investigación con que cuenta la Universidad.

Es por esto, que el compromiso institucional, nos permite, a través de la División de proyección social y de las facultades de administración y ciencias contables y de ciencias e ingeniería, junto con sus programas académicos, acompañar el desarrollo de las mipymes, como es el modelo de Famiempresas.

Ómar Eduardo Ricaurte López.

Profesor de economía, Universidad de Boyacá.

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