Análisis/Bill Gates y la pobreza

Redacción Portafolio
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enero 28 de 2014
2014-01-28 03:03 a.m.

El tema de conversación de todo el mundo durante la reunión anual del Foro Económico Mundial de Davos, realizado la semana pasada en Suiza, fue el audaz pronóstico de Bill Gates de que para el año 2035 prácticamente no habrá países pobres en el mundo.

¿Fue un arranque de optimismo exagerado por parte del hombre más rico del planeta? ¿O hay motivos para ser tan optimistas?

En una carta pública dada a conocer poco antes de la apertura de la reunión de Davos, Gates dijo que los 35 países actualmente clasificados por el Banco Mundial como naciones de bajos ingresos dejarán de ser pobres en las próximas dos décadas.

“La creencia de que el mundo está empeorando, de que no podemos remediar la pobreza extrema y las enfermedades, no solo es errónea. Es dañina”, escribió Gates. “En todos los aspectos, el mundo está mejor de lo que ha estado nunca. En dos décadas, estará aún mejor”.

Pero casi simultáneamente, Oxfam, una coalición de 17 organizaciones no gubernamentales dedicadas a la lucha contra la pobreza, publicó un estudio que muestra un cuadro mucho más sombrío.

En su informe, Oxfam dijo que las 85 personas más ricas del mundo tienen la misma cantidad de dinero que la mitad más pobre del planeta, es decir 3.500 millones de personas. La inequidad está en aumento y amenaza con excluir a cientos de millones de personas de los beneficios de la modernidad, agregaba el informe.

Entonces, ¿el mundo está mejor o peor?, le pregunté a Marcelo Giugale, el director de programas de reducción de pobreza del Banco Mundial en África, y exdirector del programa antipobreza de esa institución en Latinoamérica, quien acaba de publicar un libro titulado Desarrollo económico: lo que todo el mundo necesita saber.

Giugale me dijo que, técnicamente, Gates tiene razón. En términos de Producto Interno Bruto per cápita, el porcentaje de pobres ha disminuido enormemente durante las tres últimas décadas, desde que China e India adoptaron economías de mercado.

“Creo que la pobreza extrema, definida como la definimos ahora, como el poder de paridad de compra de menos de 1,25 dólar por día por persona, se va a terminar en el 2030, incluso antes que en el 2035”, dijo Giugale.

Pero la verdadera pregunta es hasta qué punto será significativo lograr ese objetivo. “Si lo que estamos haciendo es sacar a alguien de la pobreza extrema y ponerlo en 1,26 dólar por día, tampoco es un logro fantástico”, señaló Giugale. Según me explicó, ahora se está empezando a hablar cada vez más, no solo de los pobres, sino de los que están inmediatamente arriba, o alrededor, de la línea de pobreza: los así llamados ‘vulnerables’. Vamos a vivir en un mundo con muchas personas vulnerables, afirmó.

La buena noticia es que la tecnología está haciendo maravillas para ayudar a combatir la pobreza, me dijo Giugale. Por primera vez, podemos identificar a los pobres con pruebas biométricas del iris de los ojos, y concentrarnos en las necesidades específicas de cada uno de ellos, sostuvo. Hasta hace poco, había 400 millones de personas solamente en India que no figuraban en los bancos de datos del Gobierno. En Latinoamérica se estima que 10 por ciento de los niños no está registrado a nivel nacional.

La identificación individual de los pobres está permitiendo a los gobiernos idear nuevas políticas sociales. En vez de ofrecer gasolina subsidiada o educación universitaria gratuita para todos, como todavía hacen varios países latinoamericanos, ahora los gobiernos pueden identificar exactamente quién necesita subsidios y quién no. La individualización es el nuevo mantra de la lucha contra la pobreza, agregó Giugale.

Mi opinión: aunque algunos países se están quedando atrás porque tienen presidentes más interesados en acaparar poderes con políticas cortoplacistas que en el bienestar sostenible de sus pueblos, es indudable que el mundo está mejor que antes.

El porcentaje de la población mundial que vive en la pobreza extrema ha caído del 43 por ciento de la población mundial en 1990 al 20 por ciento en la actualidad, según las cifras del Banco Mundial, y hoy en día vivimos más y mejor. Cuando la gente ve el vaso medio vacío, siempre le digo que se imagine lo que habrá sido ir al dentista hace 100 años, cuando a la gente le extraían las muelas sin anestesia.

Ahora, el gran desafío es poner la tecnología –que en la actualidad está principalmente al servicio de los ricos y las clases medias– al servicio de los pobres. Escribiré con mayor detalle sobre este tema en futuras columnas, pero por el momento sería buenísimo que más países siguieran el consejo de Giugale y emplearan las tecnologías existentes para individualizar a los pobres, y acabar con los subsidios universales que penalizan a los pobres y benefician a los que más tienen.

Andrés Oppenheimer

Periodista - Columnista de The Miami Herald y El Nuevo Herald.

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