Análisis / La bolsa millonaria y los premios nobel

Para identificar buenas acciones es primordial mantenerse al acecho, y una vez adquiridas, el mercado puede demorarse en reconocer el valor de ese gran hallazgo.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
octubre 30 de 2013
2013-10-30 12:23 a.m.

Por estos días se está llevando a cabo en Colombia el concurso de la Bolsa Millonaria, a cuyos participantes Portafolio brinda día a día espacio para que comenten sus estrategias.

Nos pudimos enterar de que los estudiantes prestan especial atención a las noticias económicas, al análisis técnico y fundamental, y a las variables financieras; y de que priorizan la paciencia, la disciplina, y el control de emociones.

Coincidiendo con el concurso, se adjudicó el Premio Nobel en Economía a tres profesores consagrados al estudio de cómo se determinan los precios de los activos financieros.

Al leer los comentarios, queda la impresión de que no se hubiesen enterado de que al profesor Eugene Fama, uno de los tres favorecidos, le otorgaron el premio por su insistencia, desde los años 60, que en periodos cortos (como por ejemplo, el del concurso) es imposible predecir el movimiento de los precios de las acciones.

“Los precios reflejan, en todo momento, toda la información disponible”. Sus cambios son impredecibles, porque ocurren en respuesta a información genuinamente nueva, de por sí, impredecible.

El profesor Robert Shiller, otro de los tres galardonados, es uno de los que más le dispara a la teoría de Fama. Pero antes de que los muchachos canten victoria, vale la pena recordar sus palabras:

“Aunque muchos estudios han probado estadísticamente que esta teoría es incorrecta, de algún modo puede ser considerada como aproximadamente válida.

Aunque estemos de acuerdo o no, debe ser tomada en serio”.

Lo afirma, pensando en el bolsillo del común de la gente (El Tiempo publicó recientemente que en el 2011 la Unidad de Trading le generó a InterBolsa utilidades por 25.000 millones de pesos).

Según estudios de Shiller, esa eficiencia no se mantiene a largo plazo. Basta observar que durante años los precios pueden mantener valorizaciones extremas, o que sufren de fluctuaciones excesivas (por ejemplo, la volatilidad de los precios es mucho mayor que la de los dividendos).

Según él, los de mayor incidencia no son factores fundamentales financieros, sino de orden puramente emotivo, como sentimientos colectivos de pesimismo o euforia.

El problema para los participantes, siguiendo el hilo de Shiller, es que el comportamiento humano es demasiado complejo como para que se pueda pensar en desarrollar estrategias de inversión para un periodo de dos o tres semanas.

Cabe resaltar que no es necesariamente cierto que no existan modelos de inversión a corto plazo que logren superar con cierta consistencia al mercado.

Jim Simons, renombrado matemático, y ya retirado, es para muchos el mejor ejemplo de ello. Con la idea de enriquecer sus conocimientos sobre modelos aparentemente aleatorios, y de obtener información probabilística sobre esas secuencias, se rodeó en sus fondos de cobertura por un centenar de doctores, entre otros en matemáticas aplicadas, física cuántica, criptografía y técnicas de reconocimiento de voz, con el fin de aplicarlos a los mercados financieros.

Procesan las señales que obtienen a través de sistemas de alta frecuencia, mediante operaciones de 400 millonésimas de segundo.

Mantienen sus posiciones menos de un día, incluso una hora, porque trascendió que les resulta complicado predecir periodos más prolongados. Se lucran de ineficiencias efímeras mediante enormes volúmenes, a la vez que hacen parte de una gigantesca red electrónica de información privada, que opera al margen de las bolsas tradicionales, pero conectada a las más importantes del mundo.

La especulación de alta frecuencia reemplazó a la especulación tradicional, pero ‘cargada de una alta dosis de anfetaminas’.

Es un duro rival para el análisis técnico (estudia los volúmenes y movimientos históricos de los precios para predecir el futuro) que practican los estudiantes. Además, me pregunto, ¿qué profesor, en su sano juicio, hace pública una estrategia que le puede representar una enorme fortuna?

En cuanto al análisis fundamental, su objetivo central es establecer estimativos de valor real, para compararlos con los precios del mercado.

Efectivamente, son imprescindibles para inversionistas disciplinados y serios, con un grado de precisión razonable. El problema es que el valor intrínseco de un activo corresponde al valor presente de su flujo de caja; en la práctica, implica un análisis a fondo, y no solo de los estados financieros, encaminado a efectuar proyecciones de cinco, diez, o más años; además estudios de riesgo, para definir tasas apropiadas de descuento. Es una ardua tarea, aún para profesionales especializados en los diferentes sectores económicos.

Y, como sugieren los estudiantes, se requiere disciplina y paciencia.

En efecto, para identificar buenas acciones es primordial mantenerse al acecho, y una vez adquiridas, el mercado puede demorarse en identificar el valor de ese gran hallazgo.

De acuerdo con la advertencia de Shiller, y hace mucho tiempo planteada por Keynes, los mercados pueden permanecer irracionales durante largos periodos.

En aras de simplificar esa ardua tarea, un método alternativo consiste en estudiar relaciones financieras, siendo, de lejos, la de precio/ganancias la que más se utiliza.

Pero, así como ha demostrado ser un poderoso indicador cuando alcanza valorizaciones extremas, en caso contrario resulta muy pobre aún para periodos prolongados.

Excelente que los estudiantes se familiaricen con la mecánica de la bolsa, y puedan disfrutar un poco de la traicionera táctica de momentum, pero sin perder nunca de vista las limitaciones del juego.

Si no se guarda el contexto, viene a la mente otro juego: amarrados, vendados, y herméticamente encerrados en barriles, los sobrevivientes son arrojados sucesivamente por una catarata. Al final, también se proclamará un gran vencedor.

Harry Adler

Asesor en inversiones internacionales

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