Análisis / Brasil 2014: más allá de la Fifa

La Fifa para sus torneos pide una infraestructura del primer mundo. Quizás es a eso a lo que deberíamos apuntar. A ser candidatos a organizar un mundial sin necesidad de hacerlo. La falta de escuelitas es culpa nuestra, no de los demás.

Redacción Portafolio
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julio 11 de 2014
2014-07-11 12:37 a.m.

Faltando un mes para inaugurar la Copa del Mundo se hizo evidente que el estadio no estaría listo a tiempo.

Entonces, se decidió movilizar a 1.500 soldados para colaborar con las obras. El día de la inauguración, había estadio, pero poco más.

El terreno de juego y las tribunas estaban preparados más no el palco de prensa.

El acceso al estadio tampoco estaba listo. Muchos aficionados debieron caminar varios kilómetros hasta su puesto por falta de accesos adecuados.

La historia es real.

Pasó el día que inauguraron el Maracaná. Pero no fue hace un mes o un año. Sucedió en 1950. Viene a colación porque 64 años después, Brasil nuevamente tuvo problemas para cumplir con los cronogramas necesarios para el Mundial 2014.

Así como los éxitos de Costa Rica enorgullecen a Centroamérica o como los de Colombia motivan en Perú o Ecuador, América Latina se identifica con Brasil y espera con ansias que se demuestre que la región sí puede organizar eventos de repercusión mundial.

Que somos de verdad economías emergentes. Futbolísticamente, el torneo ha sido un éxito. Incluso, a medida que avanzaba el Mundial, las protestas en Brasil perdían fuerza mediática.

Pero detrás queda algo. Esa costumbre tan nuestra, tan latina, de siempre culpar a los demás de nuestra propia incapacidad. La Fifa, no voy a ser yo quien la defienda, es una organización que, por decir lo menos, carece de la transparencia necesaria en buena parte de sus decisiones. Pero los sobrecostos en los que incurrió Brasil para organizar el Mundial de Fútbol no son culpa de la Fifa.

Para organizar un mundial, la Fifa no exige más que ocho ciudades sede. Alemania, en el 2006, antes de la gran crisis del 2008, lo hizo en doce. Brasil, que apenas competía contra una débil candidatura colombiana por ser el anfitrión en el 2014, presentó una propuesta con 18 sedes.

Al final, tras meses de discusión, las redujeron a 12.

El Alcalde de Río reconoció, poco antes de comenzar el Mundial, que hacerlo en 12 sedes había sido un error.

Los estadios de Suráfrica (10 sedes en 9 ciudades) costaron 1.000 millones de euros, los de Alemania 1.500, los de Brasil 2.500. El presupuesto original se había cifrado en 1.650 millones de euros.

Los sobrecostos no son culpa de la Fifa. Ellos manejan el estadio durante el torneo, pero no lo construyen. Los sobrecostos tienen un nombre que todos conocemos bien en América Latina.

La hija de Joao Havelange, presidente de la Fifa antes de Blatter entre 1974 y 1998, lo reconoció días antes del Mundial. Pidiendo mostrar “el Brasil más lindo”, argumentó que ya no tenía sentido manifestarse: “lo que había que ser gastado, robado, ya fue”.

Brasil, construyó ‘elefantes blancos’ sabiéndolo de antemano. El estadio de Manaos, incluyendo los campos de entrenamiento, costó 286 millones de dólares.

Tiene una capacidad de 40.549 aficionados, que parecen más que suficiente para atender la demanda de fútbol local: 500 espectadores por partido. En Brasilia, el estadio costó el doble de lo presupuestado.

Tiene capacidad para 70.000 espectadores, pero no hay equipo ni en primera ni en segunda división. No extraña que los encargados de prisiones en la Amazonia brasileña propusieran el estadio de Manaos como cárcel. No tuvo acogida la propuesta, su futuro sigue siendo incierto.

Pero no solo estadios es un mundial. En Manaos y São Paulo se haría un monorriel. Habría un tren bala entre Río y São Paulo. En el 2012, la presidenta Rousseff anunció la construcción de 800 aeropuertos. En junio de 2014, estaban corriendo para concluir al menos los de las ciudades sede del Mundial. Mucho queda todavía por hacer.

En total, las cifras del Mundial, se dice, alcanzaron los 11.000 millones de dólares. La cifra, por supuesto, muy superior a lo presupuestado. Pero Brasil está haciendo el Mundial, y desde el alto Gobierno comienzan a cobrar contra aquellos que pronosticaban una fatalidad en la tierra de la samba.

Brasil, como mayor potencia económica de la región, está demostrando que sí era posible comprometerse con eventos de semejante magnitud.

Pero también revela ante el mundo los problemas endémicos de la región: corrupción, falta de organización, incapacidad para estructurar eficientemente los grandes proyectos y la bendita manía de echarle la culpa de nuestro atraso a los de afuera.

La Fifa, cuyos manejos oscuros son, en cualquier caso vox populi, resultó el perfecto conejillo de indias. Las protestas, el Fifa go home, no son más que un reflejo de ello. No se pregunta por el destino del dinero que se fue en sobrecostos. La culpa es del de afuera.

Las escuelas, los hospitales y las carreteras igual no se harían con la plata del Mundial. Como tampoco se hicieron escuelas, hospitales y carreteras cuando, con esa justificación, Colombia desistió del Mundial de 1986.

La Fifa para sus torneos pide una infraestructura del primer mundo. Quizás es a eso a lo que deberíamos apuntar. A ser candidatos a organizar un mundial sin necesidad de hacerlo. La falta de escuelitas es culpa nuestra, no de los demás.

Jorge Tovar

Profesos Asociado, Facultad de Economía, Universidad de los Andes.

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