Análisis/Brasil, ¿el gigante latinoamericano?

Redacción Portafolio
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septiembre 13 de 2013
2013-09-13 04:17 a.m.

Cuando todo indicaba que la potencia latinoamericana por excelencia transitaba hacia el desarrollo y podía convertirse en un país líder en el concierto internacional, esto a causa de los índices de desarrollo económico y bienestar social alcanzados durante la última década con el Gobierno de Lula, una serie de movimientos ciudadanos antisistema puso en jaque su estabilidad, y de paso, forzó la reflexión en la academia sobre el alcance de sus connotados logros.

A ello se suma un necesario análisis sobre la posibilidad de éxito del proyecto político del Partido de los Trabajadores, heredado por Dilma Rousseff, y que desde un principio ofreció transformaciones en las instituciones y la sociedad brasileña en general.

Entre los elementos que llevaron a Brasil a constituirse en el modelo latinoamericano por excelencia, en potencia mediana y el único Estado de la región con alcance global por su influencia geopolítica, están: su dimensión territorial, es el país con mayor extensión de Latinoamérica y el quinto del mundo con 8,5 millones km²; su territorio contiene el 80 por ciento de la Selva Amazónica y la mayor biodiversidad del planeta; su poder demográfico, posee una población aproximada es de 200 millones de habitantes, con una identidad multicultural que potencia su producción en el campo de la música, el cine, el arte y la cultura; su proyección económica, es la sexta economía del planeta, supera el PIB de países como Canadá, Reino Unido, Italia, España y México; sus políticas públicas e inversión social, el Estado logró sacar de la pobreza a 28 millones de brasileños, redujo drásticamente los niveles de destrucción y desescolarización en niños y jóvenes e implementó políticas de inclusión social y programas como Bolsa de Familia, que llegó a más de 13 millones de los hogares más pobres del país.

Asimismo, en el ámbito de las relaciones internacionales, Brasil es un jugador importante: su política exterior es de largo plazo y altamente profesionalizada. Gracias al trabajo y proyección de Itamaraty, su Ministerio de Relaciones Internacionales cuenta con un cuerpo diplomático y servicio exterior competente, y en sintonía con los intereses estratégicos del Estado. Brasil evidencia una larga y activa presencia en foros, negociaciones e instituciones internacionales: hace parte de la OMC, por su iniciativa se creó el grupo del G20 e integra, junto con Rusia, China e India el más poderoso bloque de países emergentes: los Bric. También reclama asiento en el Consejo de Seguridad de la ONU, es el líder natural del Mercosur y Unasur, y participa en las principales misiones internacionales de paz creadas por la ONU y la OEA.

A pesar de los resultados alcanzados durante la última década, Brasil no ha logrado transformar realmente muchas de las condiciones de vida de millones de sus ciudadanos y continúa siendo un país con contradicciones, desigualdades socioeconómicas y problemas de seguridad interna, que ponen en riesgo su consolidación. Persisten altos niveles de conflictividad y criminalidad, además de una administración de justicia lenta y corrupta.

La violencia en sus favelas, el control territorial por parte de grupos delincuenciales, el alto índice de homicidios y secuestros, unido todo a problemas de ineficiencia gubernamental, altos niveles de corrupción en la administración pública, precaria infraestructura en muchas regiones del país, desaceleración económica, una creciente inflación y los gastos excesivos en infraestructura deportiva para cumplir con las exigencias de la Fifa y del Comité Olímpico Internacional, se han convertido en una bomba de tiempo para el gobierno. Esto explica, en parte, la movilización de millones de ciudadanos por las calles de las principales ciudades del país poniendo en tela de juicio el éxito y viabilidad del modelo brasileño. Se evidencia una contradicción entre el proyecto internacional de Brasil y los medios con que cuenta para materializarlo, lo que limita la capacidad del Estado para ser un jugador de primer orden en el contexto mundial contemporáneo.

Estas son las dos caras de Brasil: el moderno, que está a la altura de los grandes en el contexto internacional, emprende proyectos como los Juegos Olímpicos, el Mundial de Fútbol del próximo año, la carrera espacial, los submarinos atómicos y la nanotecnología; y el Brasil de los problemas sociales, el de los pobres, las favelas y los millones de indignados, el de las dificultades para prestar servicios y seguridad en eventos de talla mundial como se evidenció con la visita del Papa Francisco.

En consecuencia, el reto para los próximos años es buscar mayor equilibrio en el ámbito económico, social e institucional, y vencer por fin esa larga lista de contradicciones que pone en riesgo su consolidación interna y su liderazgo como potencia en este siglo XXI.

Guillermo Patiño Aristizábal

Redintercol - Profesor Facultad de Ciencias Políticas de la UPB, Medellín.

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