Análisis/Brasil: entre recesión técnica y corrupción

El Gobierno de Dilma Rousseff no supo aprovechar los años de las ‘vacas gordas’, cuando el auge de los precios de las materias primas ayudó a Brasil a crecer a 5 por ciento anual durante la última década para hacerlo competitivo. Eso podría pasarle cuenta de cobro en las próximas elecciones.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
octubre 03 de 2014
2014-10-03 12:22 a.m.

El país más industrializado de América Latina se encuentra en ‘recesión técnica’ después de un semestre de crecimiento negativo con pronóstico según la Ocde de 1,5 por ciento para 2014 y 1,4 por ciento en el 2015, en un escenario donde la economía global se desacelera exceptuando India (4,9%), mientras Estados Unidos crece 2,1 por ciento, la Eurozona 0,8 por ciento, Japón 0,3 por ciento y China 7,4 por ciento.

Líder del Mercosur e integrante de los Brics, este gigante redujo la pobreza en 30 millones de personas en 12 años de gobierno del Partido de los Trabajadores (PT): pasó de un 43,1 por ciento en el 2000 a 24,5 por ciento en el 2012, lo cual se apalancó en el crecimiento del 5 por ciento promedio anual, estimulado por la demanda China de materias primas que permitió a Lula Da Silva y a Dilma Rousseff financiar programas de inclusión social (Plan Bolsa de Familia), aumentar salario mínimo en más de 50 por ciento.

Logró bajar los niveles de desnutrición y desescolarización, aumentó la cifra de sindicalizados e introdujo mejoras en el mercado laboral. Su modelo le generó gran popularidad al exlíder sindical quien también apoyó al empresario moderno que pagaba impuestos y generaba empleo.

Los tiempos han cambiado para la economía brasileña que se estancó y entró en recesión, lo cual afecta a los sectores más vulnerables, expobres y capas medias.

Si a este escenario se agregan los escándalos de altos funcionarios acusados de corrupción y malos manejos que le restan popularidad a Dilma lo cual se evidenció antes del pasado Mundial de fútbol del cual fueron sede, todo favorece a la candidata de oposición Marina Silva en la disputa presidencial del 5 de octubre.

La actual presidenta que representa a la juventud universitaria radical de los 60 y 70, se enfrentó a la dictadura y hasta pagó cárcel, luego se hace economista e ingresa al PT, gana experiencia como ministra de Minas y Energía y jefe de gabinete del presidente Lula, a quien le heredó la presidencia.

Hoy se enfrenta a Marina Silva, quien simboliza al campesino pobre de la punta de la Amazonía, hija de serengueiros (caucheros), familia de 11 hermanos quien labora en el campo, y solo aprende a leer a los 16 años.

Evangelista, ambientalista exministra de Lula, arraigada en las iglesias cristianas, critica la utilización de semillas modificadas genéticamente y las obras de infraestructura en zonas ambientales sostenibles, al tiempo que se le recuerda por su lucha contra la deforestación de la Amazonía, al sancionar a cientos de personas por delitos ambientales.

Las críticas al Gobierno de Rousseff apuntan a que debió invertir más en salud, educación y transporte público y menos en faraónicos estadios de fútbol vistos como elefantes blancos. Marina Silva, convertida en candidata predilecta de la Bolsa, bancos y empresarios, a lo cual se agrega su discurso populista por su origen humilde, flexible con la población LGBT y que puede sepultar el reinado del PT. La analista Lucía Hipólito afirma que “es natural el deseo de cambio del elector brasileño expresado por Marina. A esto se llega por el cansancio con el PT y porque existe una insatisfacción muy grande, sobre todo en los medios urbanos, por el modelo de gobierno y la corrupción” (Semana, 07/09/14).

La crítica proviene de la coherencia del discurso al proponer políticas económicas neoliberales acompañadas de aumentar los subsidios del programa social ‘Bolsa Familia’ a 24 millones de familias e incrementar la inversión social (Salud: 10% del PIB), lo contradictorio de interpretar los intereses del sector financiero junto a los sectores populares, no tener bancada parlamentaria para impulsar sus reformas dado que su partido (PSB) es minoritario.

También su discurso contestatario podría desgastarla, pero las encuestas en su etapa final la dan como favorita en segunda vuelta, eliminando a Áecio Neves (PSDB), lo que supone un cambio de liderazgo en el gigante suramericano, octava economía del mundo pese a la recesión.

Sin importar quien gane, Brasil demanda reformas que mejoren su competitividad, pues según cifras recientes del Foro Económico Mundial- 2014,ocupa el puesto 57 entre 144 países, explicado por sus debilidades en infraestructura (77), deterioro de sus instituciones (104), ineficiencia del gobierno (131), corrupción (130), educación deficiente (126), entre otras medidas urgentes para lograr la recuperación de su economía. Además se requieren cambios en la política exterior, centrada en el bloque Mercosur, que abran su economía al comercio internacional con Europa, EE. UU. y Asia, lo cual también marca divergencias entre Dilma Rousseff, que propone mantener y mejorar los vínculos regionales, mientras la oposición plantea flexibilizar los mercados.

Andrés Oppenheimer había advertido que “las cosas no van bien para Dilma Rousseff, quien no aprovechó los años de las vacas gordas”, cuando el auge de los precios de las materias primas ayudó a Brasil a crecer a 5 por ciento anual durante la última década para hacerlo más competitivo. El hecho de que el PIB caiga este año al 1,5 por ciento, pone a Dilma Rousseff en la cuerda floja y hasta podrían cobrarle la goleada de Alemania A Brasil (7- 1) en el Mundial de fútbol, que debilitó la autoestima del brasilero, lo cual se reflejaría en las urnas.

Ricardo Mosquera M.
Profesor asociado Universidad de Nacional

 


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