Análisis / Buenos diagnósticos para buenas políticas

Se requiere de una gran alianza público-privada para que aprovechemos la coyuntura como una gran oportunidad de recuperar el campo colombiano y convertirlo en un generador de riqueza y bienestar para los campesinos, en tándem con las empresas que invierten en el sector.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
septiembre 06 de 2013
2013-09-06 12:17 a.m.

Durante las últimas semanas hemos escuchado que los tratados de libre comercio, y en particular los de Estados Unidos y la Unión Europea, son la fuente de todos los males del sector agropecuario.

Que las importaciones de papa sin procesar son las causantes de sus bajos precios cuando este producto, que es tan perecedero, solo se comercia entre países vecinos.

Que los bajos precios de la leche se deben a las importaciones, siendo que estas no ascienden al 3 por ciento del consumo nacional.

Otros dijeron que todo lo hecho en los últimos 20 años en política de comercio exterior en Colombia estaba mal y que todo pasado fue mejor.

De forma hábil, el Polo y otros grupos políticos capitalizaron el justificado descontento de importantes sectores campesinos que han visto caer la rentabilidad de sus productos en los últimos años, lo cual llevó a la opinión pública a buscar, como se dice popularmente, ‘el ahogado aguas arriba’ en la política comercial.

También se debe anotar que el Gobierno y sus entidades de los sectores comercio y agropecuario, y muchos comentaristas, en lugar de salir al paso a tanta desinformación, dejaron que hicieran carrera muchas falsedades y reaccionaron tarde. Incluso ante afirmaciones delirantes y claramente falsas, como que se había acordado usar solo semillas certificadas de Estados Unidos.

Es evidente que, con contadas excepciones, el sector agropecuario ha sido históricamente poco productivo, carente de infraestructura esencial para su competitividad, con paquetes tecnológicos obsoletos, algunos insumos controlados por distribuciones monopólicas y una ausencia abrumadora de capital financiero y humano calificado.

Asimismo, nuestras instituciones gubernamentales, a pesar de los recientes esfuerzos, aún deben recorrer mucho camino para responder eficazmente a las necesidades del sector. También es escasa la asistencia técnica y nadie hace transferencia de tecnología.

A esto hay que añadir que el AIS, que estaba bien diseñado y triplicaba los recursos para la modernización del sector, quedó paralizado como consecuencia de la avaricia de unos cuantos grandes finqueros. La realidad es que la tierra en el país aún es mayoritariamente usada como un medio de acumulación y no de creación de riqueza.

Para poder solucionar el problema necesitamos un buen diagnóstico. La producción agropecuaria del país, con una elevada estructura de costos y una baja productividad, cada vez que aumenta la oferta o se revalúa la tasa de cambio, presiona los precios internos a la baja y no tiene competitividad para llegar a los mercados internacionales.

Colombia es uno de los pocos países del mundo que pueden incrementar sensiblemente la producción de alimentos sin tocar una hectárea de bosque. Por ello, en la medida en que se reduzca la intensidad del conflicto tendremos mayores niveles de producción, que solo parcialmente tendrán salida en el mercado nacional, y será indispensable producir para los mercados internacionales. Esto implica más productividad y mayor diversificación.

Los tratados de libre comercio abren las puertas de mercados internacionales a muchos productos colombianos. Acceso del que hoy en día disfrutan muchos países del continente.

México exporta tomates, pimentones y aguacates; Guatemala, productos hortícolas; Nicaragua, carne de res; Costa Rica, piñas; Perú, espárragos y alcachofas, y Chile frutas, y salmón a Estados Unidos y otros países. Estados Unidos es un mercado de más de 10.000 millones de dólares. Todas las naciones del hemisferio con TLC hicieron su tarea sanitaria y fitosanitaria, estimularon la formación de asociaciones empresariales y campesinas, certificaron fincas en mejores prácticas, y acompañaron a los exportadores en la conquista de los mercados internacionales.

De mi experiencia en la Oficina de Aprovechamiento estoy convencido de que Colombia también puede hacerlo con un muy positivo impacto en el ingreso y empleo de nuestras zonas rurales. Además de los evidentes beneficios para las flores, el banano, el azúcar y los cafés procesados, hay excelente potencial en aguacate hass, piña, pimentón, limón Tahití, mango, sandía y melón. La tilapia y la trucha aumentan sus exportaciones y el ICA e Invima están haciendo la labor para lograr la admisibilidad de la carne de res. Algunos productos de tierra fría con potencial son la uchuva, la fresa, arándano, hierbas aromáticas y productos hortícolas. Incluso quesos frescos, como ya lo están demostrando las exportaciones de Colanta a Estados Unidos.

Y esto es solo el comienzo.

Naturalmente, el comercio es de dos vías. Por ello, Estados Unidos ha entrado en competencia con Brasil, Argentina y Canadá para proveernos de bienes en los cuales somos altamente deficitarios como trigo, cebada, soya, sorgo y, en menor medida, maíz. Otros productos muy sensibles, como el arroz, se negociaron a plazos largos de 19 años y 6 de plazo muerto, para que tuvieran un periodo adecuado de ajuste e incorporaran nuevos paquetes tecnológicos.

Para estos procesos, naturalmente, tendrán que disponer del apoyo técnico y financiero del Gobierno.

Todo esto requiere una gran alianza público-privada para que aprovechemos la coyuntura como una gran oportunidad de recuperar el campo colombiano y convertirlo en un generador de riqueza y bienestar para los campesinos en tándem con las empresas que invierten en el sector. Esto necesita, como lo ha anunciado el Gobierno, una especie de ‘Plan Marshall’ para lograr la inserción rentable y exitosa del campo, y de todo el país en los mercados internacionales. Ojalá así se haga.

Hernando José Gómez

Exnegociador del TLC con Estados Unidos

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