Análisis / Se está cerrando una gran ventana

No es fácil tener oportunidades en este mundo globalizado. Por eso, vemos con tristeza y preocupación que la ‘ventana de oportunidad’ que ha tenido el país en los últimos años con el sector minero se está cerrando de forma lánguida.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
septiembre 15 de 2013
2013-09-15 10:52 p.m.

Hoy, todos los industriales, comerciantes y profesionales, son conscientes de que las oportunidades son cada día más escasas. La gran competencia y las estrategias para capturar inversionistas y clientes están en la agenda de todas las industrias.Lo mismo ocurre con los países. No es fácil tener oportunidades en este mundo globalizado. Por eso vemos con tristeza y preocupación que la ‘ventana de oportunidad’ que ha tenido el país en los últimos años con el sector minero se está cerrando de forma lánguida.Una oportunidad que, según algunos cálculos, podría traducirse en más de 50.000 millones de dólares en inversión productiva, más de 20.000 empleos directos y 60.000 indirectos, 1 billón de pesos adicional en regalías y, lo más importante, nuevos polos de desarrollo regional. Estas cifras, en un país en el cual cerca del 40 por ciento de la población está en la línea de la pobreza (especialmente rural), donde la gran tragedia social se traduce en la falta de oportunidades laborales estables, no son para nada despreciables.Y esa ventana de oportunidad que tanto esperan los países nos llegó, hace algunos años, gracias a la combinación de una mejora en la seguridad, a las grandes oportunidades geológicas, al crecimiento de la demanda mundial de minerales, y especialmente a la confianza en el país.Con gran interés, empresas nacionales y extranjeras empezaron a analizar oportunidades mineras. Los productores adelantaron planes de expansión, y con capital de riesgo se avanzó en una campaña exploratoria como hace muchos años no se veía, de la mano de un número importante de geólogos que tuvieron la oportunidad de volver a caminar y estudiar el territorio nacional. Pero empresas que le han apostado a la legalidad, que han esperado largos meses (incluso años) aprobación de sus trámites y permisos, han soportado cambios en la normatividad, que enfrentan en el desarrollo del proyecto la aparición de nuevas áreas restringidas, que a pesar de hacer las cosas bien y acogerse a las leyes, tienen grandes opositores para sus proyectos, empiezan a revisar con lupa sus inversiones en el sector minero colombiano y a considerar su presencia en el país.Esa minería formal que presenta estudios solicita permisos, se acoge a la legalidad, que mitiga y compensa, que apoya a las instituciones, no ha logrado en los últimos casi 30 años iniciar un nuevo proyecto productivo de tamaño importante en nuestro país.¿Por qué no se ha aprovechado esa ventana de oportunidad? Varios factores. En primer lugar, la falta de una institucionalidad con fortaleza técnica y política que pudiera organizar y defender la minería formal, falencia que se ha venido corrigiendo de forma eficiente; pero se perdieron años valiosos. La desarticulación entre la política nacional minera y ambiental con las entidades y autoridades en algunas regiones, es un gran escollo. El crecimiento exponencial de la minería informal e ilegal también ha contribuido a la problemática, no solo cerrándole la posibilidad en algunas regiones a la minería formal, sino enviando un mensaje equivocado al país de una minería sin estándares ambientales ni compromiso social.Pero, quizá la más desafortunada ha sido que este sector entró en la agenda de intereses personales y políticos. Una campaña articulada de desprestigio, visceral, sin grandes argumentos técnicos y desde varios frentes viene sufriendo la minería. Esa ‘ventana de oportunidad’ sí ha sido bien aprovechada por los sectores opositores.A pesar de los esfuerzos de la institucionalidad minera, de algunos representantes del sector político que entienden los beneficios para el país, de algunas instituciones académicas, de generadores de opinión, de los gremios, no se ha logrado evitar que estos grupos opositores confundan a las comunidades con variadas e infundadas imprecisiones sobre los beneficios e impactos de la minería: que la minería no compite con ningún otro sector productivo. Que, como se observa en algunas regiones del país (Cundinamarca y Boyacá, por mencionar algunas) y en otros países, la minería se desarrolla de forma articulada con la agricultura y la ganadería. Que no se necesitan grandes extensiones (no requiera más de 0,05 por ciento del territorio nacional), que utiliza (¡no consume!) un porcentaje mínimo del recurso hídrico (se estima que menos del 1 por ciento) y que los salarios de sus empleados son mejores que los de otros sectores productivos.Que es posible la articulación entre diferentes tamaños de minería (¿en qué sector económico no existen pequeños, medianos y grandes?), que si produce empleo (la fiscalización que adelanta la Agencia Nacional de Minería muestra que más de 300.000 colombianos dependen directamente de la minería), que no genera pobreza (como si alguna actividad productiva lo pudiera hacer), y como si, infortunadamente, la pobreza en Colombia no se cruzara también con cualquier otra actividad productiva, industrial o comercial.Pero, ¿es posible evitar que esta ventana se cierre?Sí. Con un gran propósito nacional que incluya entidades nacionales y regionales para apoyar y defender los proyectos que se enmarquen en la normatividad; aquellos que cumplan con los requisitos ambientales; mineros y laborales, los que tengan responsabilidad ambiental y compromiso social; aquellos que promuevan las mejores tecnologías, que fomenten un empleo formal, que impulsen negocios locales. En fin, apoyar la minería responsable. Voluntad política, coordinación, decisiones técnicas, equilibrio, ¿será que se logra?César E. Díaz Guerrero Director ejecutivo de la Cámara Colombiana de la Minería

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