Análisis/Colombia y la Ocde

Es claro que la adopción de las reglas del juego de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico por parte de la nación permitiría mejorar nuestra institucionalidad ylograr un desarrollo sostenible con crecimiento más rápido en periodos de tiempo más cortos.

Redacción Portafolio
Opinión
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Redacción Portafolio
julio 24 de 2014
2014-07-24 02:36 a.m.

Colombia es un país con abundancia de buenas y malas noticias en el campo económico, político y social. Ciertamente ha registrado avances importantes en el crecimiento, pero sufre permanentemente una crisis institucional que se plasma en los altos niveles de corrupción de las ramas del poder público y la dificultad de desarrollar una gestión pública efectiva que pueda mostrar realizaciones tangibles en plazos cortos.

Es una fortuna para el país que la continuidad de Gobierno le permita seguir profundizando en el análisis y toma de decisiones necesarias que trasciendan el camino ya avanzado para acceder a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Ocde).

La Ocde es una asociación que vincula a 34 países y fue creada en 1961. En el grupo de países asociados se encuentran las principales economías desarrolladas del mundo y algunas en desarrollo. De América Latina, México y Chile hacen parte de ese grupo.

La importancia de estar vinculados a la Ocde consiste en que esta es una Organización de buenas prácticas en el diseño y ejecución de las políticas públicas en casi todas las esferas económicas y sociales. En efecto, esta institución ha conformado un sistema de evaluación de políticas y sirve de tanque de pensamiento para difundir entre los países miembros las buenas prácticas en distintas áreas, por ejemplo, en compras estatales, en innovación y tecnología, en políticas amigables con el medio ambiente, políticas agrícolas, calidad de la educación, eficiencia tributaria, por solo mencionar algunas de gran importancia.

La conformación en Colombia desde la Constitución de 1991 de una banca central independiente y la consolidación en las últimas 4 décadas de una tecnocracia económica que alimenta entidades como el Ministerio de Hacienda, el Banco de la República y el Departamento Nacional de Planeación han contribuido a consolidar una política macroeconómica de largo plazo seria y con resultados efectivos.

En el campo sectorial, el Ministerio de Comercio, el sector energético, el ramo de comunicaciones y, desde el Gobierno actual, el Ministerio de Transporte han enfocado su actividad hacia políticas más estables y efectivas.

Sin embargo, son muchas las áreas del Estado central permeados por la pequeña política que dificultan el diseño, planeación y ejecución de políticas sostenibles que produzcan resultados efectivos.

Una de las características de la política económica colombiana es la alta creatividad en instituciones e instrumentos que nunca se coordinan entre sí y que producen como resultado la confusión de los agentes privados que, con frecuencia, son víctimas de malas políticas y que no tienen suficiente información para acceder a buenos instrumentos. Los últimos años, caracterizados por la presencia de una bonanza minero-energética transitoria y, por ende, de recursos tributarios más abundantes, son notables por la dispersión en la aplicación de recursos y la ineficiencia de la misma.

De la misma manera, la descoordinación entre niveles de Gobierno es ostensible entre el nivel central y los niveles territoriales (municipios y departamentos) para lograr la ejecución de buenas políticas y la asignación adecuada de recursos.

La Ocde tiene dentro de su instrumental técnico lo que denomina el ciclo regulatorio, que en síntesis consiste en que un gobierno no puede adoptar ninguna nueva regulación sin haber realizado una evaluación costo-beneficio que permita demostrar que es mejor para la sociedad la introducción de la regulación que su inexistencia. Parte importante de este proceso es la consulta a las comunidades sobre la jerarquización de necesidades y la evaluación del impacto de adoptar determinada medida.

En este contexto, es claro que la adopción de las reglas del juego de la Ocde por parte de Colombia permitiría mejorar nuestra institucionalidad y lograr un desarrollo sostenible con crecimiento más rápido en periodos de tiempo más cortos.

Por supuesto, la adopción de este instrumental no elimina nuestra cultura y no puede decirse que por sí misma desaparecen la corrupción y el clientelismo, pero se podrá generar una mayor conciencia en los sectores público y privado de la manera de diseñar y gestionar las políticas y los recursos.

A modo de ejemplo sobre logros que pueden obtenerse, es pertinente comentar que entre sus políticas el gobierno de Antioquia tiene dos elementos que vale la pena replicar en el contexto de este escrito: la adopción de la innovación como eje de la productividad y el mayor crecimiento de las empresas con la colaboración pública y la identificación con la comunidad de necesidades prioritarias en el departamento, lo cual ha permitido que en torno a la construcción de grandes centros comunitarios se impulse el mejoramiento de la educación, la recreación, el deporte y los pequeños emprendimientos empresariales.

Luis Alberto Zuleta J.
Consultor empresarial

 

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