Análisis/ En conflictos, no existe una ‘talla única’

La voluntad de hacer la paz no siempre es suficiente. Iniciativas como la de la reunificación de Alemania, tras la caída del Muro de Berlín, no se han podido replicar con éxito en otras latitudes, pues cuando se trata de adoptar un modelo de hacer la paz, todos los casos tienen sus particularidades.

Redacción Portafolio
Opinión
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Redacción Portafolio
junio 12 de 2015
2015-06-12 02:05 a.m.

El modelo de reconciliación de Alemania probablemente no les sirva a procesos como el de la reunificación en Corea y la paz en Colombia.

Con bastante pesar hay que decir que la voluntad de hacer la paz no siempre es suficiente. Iniciativas como la de la reunificación de Alemania, tras la caída del Muro de Berlín, no se han podido replicar con éxito en otras latitudes por una razón: a diferencia de algunas prendas de vestir, que les sirven a flacos y gorditos por igual, cuando se trata de adoptar un modelo de hacer la paz, todos los casos tienen sus particularidades.

Así sucede con la idea de reunificación de Corea del Sur con Corea del Norte, el único país dividido en la actualidad en el planeta, que no se ha podido llevar a cabo, según el gobierno surcoreano, porque el líder de la vecina Corea del Norte, Kim Jong-un, simplemente se niega a sentarse a dialogar a menos que se den ciertas condiciones, mientras que los del sur dicen que hay que sentarse a la mesa sin ningún tipo de prevenciones a entablar un diálogo sincero.

Pero más allá de lo remoto de una solución concertada, la situación es de por sí tensa, por la posesión de armas nucleares por parte del ejército de Jong-un y las continuas amenazas y acciones contra su vecino, como el lanzamiento de un misil de prueba desde un submarino en el mar de Japón a principios de mayo del 2015.

Andrew Salmon, reportero del diario inglés The Guardian y especializado en este conflicto, en su presentación durante la pasada Conferencia Mundial de Periodistas 2015, celebrada en Seúl, dijo que más allá de que algún día se llegue a un acuerdo de reunificación, lo cual el corresponsal ve altamente improbable, el proceso de tener una sola Corea sería sumamente costoso y dispendioso.

El Gobierno de Corea del Sur anunció que cuenta con un presupuesto de 8 mil millones de dólares pero, según Salmon, “meter en el modelo de progreso a un pueblo que tiene una imagen desdibujada de sus vecinos del sur es una tarea titánica, y además, muchos contribuyentes surcoreanos no estarían dispuestos a asumir el costo de la reunificación mediante más impuestos”.

Incluso, si se comenzara el proceso ya mismo, expertos en este conflicto y miembros de gobierno surcoreano consideran que tardarían décadas en ver los frutos que, en mucho menos tiempo, experimentó la Alemania reunificada.

Por ahora, una franja desmilitarizada de cuatro kilómetros de ancho en el paralelo 38 sigue dividiendo la península entre norte y sur, lo cual deja a Corea del Norte con una posición geográfica estratégica, en la que colinda con los gigantes Rusia y China, países que están a la expectativa de lo que pueda suceder.

Y si traemos tales iniciativas a esta parte del mundo, como es el caso del conflicto colombiano, existen algunos puntos en común con lo que ha sucedido en otras naciones, ya sea que se trate de reunificación o de procesos de paz, y son las consideraciones económicas y sociales del posconflicto. ¿Cuánto les costará a los contribuyentes? y ¿cómo se integrarán los participantes de esa guerra a la vida social y productiva del país? son algunas de las preguntas que aún no tienen respuesta.

Un buen ejemplo de levantarse de las cenizas de la guerra lo aporta, precisamente, Corea del Sur, pues tras la devastación que dejó la guerra entre 1950 y 1953, en la cual el Ejército colombiano contribuyó con 5.000 hombres, de los cuales más de 200 murieron valientemente en combate, el país asiático se recompuso, invirtió en educación e industria, y en tan solo algunas décadas se convirtió en un polo de desarrollo.

Una clara muestra de la evolución y la voluntad de los coreanos de salir adelante es la de un barrio ubicado en las montañas de la ciudad costera de Busan, en el extremo sur de la península de Corea. Se trata de la villa Gamcheon, parecida, casi idéntica, a las favelas de Río de Janeiro, o a algunos barrios de invasión de Ciudad Bolívar, en Bogotá, solo que los coreanos lograron convertirla en un destino turístico, muy seguro y limpio para propios y visitantes, con modelos de negocios definidos para comercializar sus artesanías y para mostrarle al mundo sus pequeñas calles, que nacieron como refugio durante la guerra.

Por lo anterior es que uno se pregunta por qué, si Colombia tenía más desarrollo que Corea cuando les tendió la mano en la guerra contra sus vecinos del norte, 65 años después la brecha en materia de desarrollo es tan evidente en favor de nuestros socios, aliados y amigos.

Mauricio Romero

Consultor

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