Análisis/ El contrapeso de la Alianza del Pacífico

La falta de voluntad política de los gobiernos, los débiles consensos internos y los bajos índices de intercambio entre los países de la región han sido las causas para explicar por qué los procesos de integración no han sido dinámicos. Ese tipo de desafíos están vigentes para la AP.

Redacción Portafolio
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marzo 20 de 2014
2014-03-20 02:01 a.m.

El acuerdo de libre comercio suscrito en Cartagena, el mes pasado, entre los cuatro países miembros de la Alianza del Pacífico (Colombia, México, Perú y Chile), da forma a un nuevo esquema de integración regional entre naciones con costa sobre el pacífico latinoamericano que, aunque frágil, busca consolidar un proceso de apertura económica y comercial con proyección hacia el continente asiático, hoy claramente el más dinámico del mundo en términos económicos. Esta alianza, que nació en el 2011 con la Declaración de Lima, representa, en conjunto, a una población de 210 millones y suma el 35 por ciento del Producto Interno Bruto de América Latina y el Caribe.

Sus artífices lo han presentado como un proyecto de integración regional alternativo y en una línea distante al mercado común del sur (Mercosur), conformado por Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay y Venezuela. Se espera que en no mucho tiempo Bolivia haga parte del mismo. Es alternativo porque a diferencia de los países miembros de Mercosur, los de la Alianza del Pacífico creen en las economías abiertas y de mercado. Todos tienen acuerdos de libre comercio entre sí, así como los tienen con Estados Unidos y otros actores del sistema internacional. Las coaliciones de gobierno de izquierda, en cambio, dicen ir más allá de lo económico, y tener una hermandad política. A ello se suma que algunos de los Estados involucrados en esta clase de esquemas integradores son, en algún grado, interventores de sus economías domésticas.

Y podría señalarse que la Alianza del Pacífico surge como oposición a los modelos de Mercosur y del Alba (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, liderada por Venezuela), porque plantea modelos de integración regional con una ideología contraria. Si los segundos cuentan con el liderazgo de Brasil y su modelo más socialista, los líderes del Pacífico americano proponen un modelo de ‘integración abierta’, liderado por Estados Unidos, que busca profundizar los procesos de globalización por medio de la creación de la Asociación Transpacífica, que se conoce por su sigla en inglés, como TPP, que es un tratado de libre comercio multilateral y transcontinental del que ya son parte México, Perú y Chile.

De esta manera, nos encontramos en América Latina ante dos proyectos de integración distintos, marcados por diferencias políticas, con modelos y estrategias de desarrollo económico desiguales. Particularmente, también la Alianza del Pacífico se ha visto como una competencia al liderazgo de Brasil en la región y como una oposición a la consolidación de Unasur (de la que todos los Estados suramericanos son miembros) y de la Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe), en la que actúan todos los latinoamericanos.

Esa mirada sobre la existencia de una profunda división en la región en torno a proyectos políticos y económicos, sin embargo, pasa por alto las densas interrelaciones que existen entre los países de la misma, tanto de uno como de otro grupo. Por ejemplo, está la alianza estratégica entre Brasil y Perú, así como las crecientes relaciones de todos los países con las naciones asiáticas del Pacífico. Eso no debe desestimarse.

Los países miembros de la Alianza atraviesan desde principios del siglo por un período de auge económico. Han tenido altas tasas de crecimiento, inversión e incremento de sus exportaciones. La Inversión Extranjera Directa en Colombia, Perú y Chile se ha elevado de 11.000 millones de dólares al comenzar el siglo hasta 58.000 millones de dólares en el 2012, siendo este último el segundo país receptor de esos flujos de capital en la región. No obstante, el ámbito comercial interno es precario aún. Si bien el total de las exportaciones de los países miembros supera a las de Mercosur, (las de Colombia, Perú y Chile han venido creciendo constantemente), el comercio entre los países de la Alianza es escaso, tan solo 2 por ciento de sus ventas externas van a sus aliados, frente a un 13 por ciento de las mismas entre los países del Mercosur. Lo importante es tener presente que la continuidad del buen momento económico va a depender de que se sostenga la demanda global de sus exportaciones y sus flujos de IED.

En América Latina ya se han vivido momentos de grandes expectativas en torno a diversas iniciativas de integración que luego solo han producido módicos resultados. La falta de voluntad política de los gobiernos, los débiles consensos internos, y los bajos índices de intercambio entre los países de la región han sido las causas para explicar por qué los procesos de integración no han sido dinámicos. Ese tipo de desafíos permanecen vigentes para la Alianza del Pacífico.

Horacio J. Godoy

Miembro de Redintercol

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