Análisis/ La cooperación para el posconflicto

La Comisión de Paz del Congreso ha estimado que se necesitan 90 billones de pesos para financiar los proyectos de los posibles acuerdos de paz. Pero, aún hay incógnitas sobre el respaldo de una Europa con austeridad económica, recortes y desavenencias presupuestarias entre los socios europeos.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
enero 15 de 2015
2015-01-15 11:12 p.m.

La cooperación internacional (CI) atraviesa un camino difícil y hay que repensarla. No obstante, ha ganado espacios políticos y técnicos importantes.

Colombia no es la excepción a esas transformaciones. Es así como muchos sectores han contribuido a la creación de organizaciones, políticas públicas de cooperación y mecanismos que articulan esta con y entre diferentes actores de la sociedad.

Conviene, sin embargo, antes de continuar, señalar que dentro de las prioridades de la cooperación en el país, la consecución de la paz y el posconflicto son prioritarios. La cuestión principal es si la estrategia de CI del Gobierno –gestionada con Europa recientemente– es el único y mejor de los caminos o será necesario ampliar la perspectiva de la cooperación para el posconflicto con otros actores y regiones del mundo.

Para comenzar, el asunto es que la crisis económica global disminuirá flujos de recursos económicos provenientes de países donantes y organizaciones que antes cooperaban con Colombia. Lo que conlleva a replantear las estrategias futuras de CI del Gobierno, teniendo en cuenta la mencionada prioridad nacional de la resolución pacífica del conflicto armado con las guerrillas.

En ese sentido, el presidente Juan Manuel Santos fue claro al posesionarse en el 2010: “(…)sembrar las bases de una verdadera reconciliación entre los colombianos (…)un país que, desde lo más profundo de su alma (…) lo que más desea es la paz”. Pero esas buenas intenciones deberían alimentarse con CI y agregaba Santos en el 2012, al presentar el equipo negociador con las FARC para iniciar los diálogos de La Habana: “(…)Quiero (…) agradecerles a todos los mandatarios (…)

Decirles que ese es un proceso que va requerir mucho apoyo de mucha gente de muchos países”.
Santos, ciertamente aclaró que la paz se lograría gracias a las voluntades de las partes y a la cooperación de muchos actores en los tableros interno y externo.

Por otro lado, cabe preguntarse ¿A qué cooperación deberá apuntarse si el posconflicto pondrá en evidencia otras realidades? y ¿cuáles serán las condiciones y los costos para Colombia y las contraprestaciones para el país? No hay respuestas absolutas. Pero al parecer el Presidente encontró una salida soñada. Tocar las puertas de la Unión Europea y proponerle un fondo fiduciario para el posconflicto. Pero la visita –a finales de octubre del 2014 a seis países– obtuvo un resultado concreto: decisión política de apoyar al país.

Vale la pena aclarar que según se interpreta, esta estrategia pretende CI en recursos económicos de fondos conjuntos de la UE como ya se hizo con la República Centroafricana, en donde todos los socios aportaron dinero. Como no podría ser de otra manera, eso implica que al país se le exigirá cofinanciación y corresponsabilidad financiera como sucede entre los socios europeos.

Por otra parte, no está claro cómo va a ser ese apoyo y de cuánto. Primero, porque no será fácil, teniendo en cuenta una primera cifra estimada de la Comisión de Paz del Congreso de 90 billones de pesos (35.000 millones de euros) para financiar los proyectos de los posibles acuerdos de paz y, segundo, porque ante una Europa con austeridad económica, recortes, ajustes y desavenencias presupuestarias entre los socios europeos, no es claro que a medio plazo Colombia reciba el soporte deseado.

Por lo tanto, se entiende que los tiempos de la CI son distintos a los de la negociación, si solo se piensa en esa opción europea. De hecho, la visita del Presidente estuvo llena de elogios, pero de pocas cifras a excepción de Alemania que anunció, de llegarse a un acuerdo definitivo, que respaldaría el proceso con 75 millones de euros en los próximos dos años y un crédito a diez años hasta por 100 millones de dólares con el Banco Alemán de Desarrollo, KfW, para la reparación de las víctimas del conflicto, la reintegración de los guerrilleros y el desarrollo rural.

Finalmente, la mirada del Gobierno sobre el posconflicto debe ampliarse. Escenarios como el Pacífico y el Atlántico Sur son realidades geopolíticas interesantes y crecientes en la integración económica global. Si el Gobierno se proyectase hacia esos nuevos espacios, no dependería solo de la UE y EE. UU. y, quizá, tendría más maniobra. En conclusión, en esta fase de exploración de esa cooperación para el posconflicto se consiguió algo, pero sobre todo emergió la necesidad de otras alternativas que pueden ser coherentes con la proyección del país hacia otros escenarios en el mundo y hacia otra cooperación deseable.

Wilson Quintero
Profesor de la Universidad Nacional
(Medellín). Miembro de Redintercol.
 

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