Análisis/ Correcciones, pronósticos y ébola

En el bando de los optimistas se menciona la forma como se está comportando el ciclo económico. El crecimiento en Estados Unidos, convertido de nuevo en el motor de la economía mundial, viene siendo lento, pero sostenido.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
octubre 30 de 2014
2014-10-30 02:31 a.m.

A raíz de la volatilidad de estos días, informaban en Portafolio que “los temores de una desaceleración económica mundial y la ansiedad acerca de la propagación del virus del ébola, resonaron en las principales bolsas de valores, que cayeron estrepitosamente”.

Y como suele ocurrir con bastante frecuencia, no resulta paradójico que apenas unos días antes anotaran en la revista Dinero que, según los cálculos de analistas consultados, “las acciones colombianas podrían terminar con una ganancia de 13 por ciento, medidos por el índice Colcap”. Por su parte, Portafolio publicó el 30 de septiembre el resultado de una consulta cuyos pronósticos resultaron muy similares.

Un problema radica en que en épocas de incertidumbre las correlaciones entre las bolsas tienen la mala costumbre de aumentarse. Y si se tiene en cuenta que el índice S&P 500 prácticamente se ha triplicado a partir de marzo del 2009, y que la corrección más reciente (tradicionalmente definida como un desplome entre 10 y 20 por ciento) ocurrió hace ya tres años, la historia en este momento sugiere que sobre los mercados pesa una espada de Damocles.

En efecto, entre 1945 y el 2013, el índice Dow Jones sufrió 27 correcciones, con un descenso promedio de 13 por ciento y una duración típica de un trimestre.

Y si se suman las 12 ocasiones en que las pérdidas fueron mayores (clasificadas como ‘caídas’, no correcciones), resulta que en promedio cada 20 meses se ha presentado un desplome.

El estudio, elaborado por el señor John Prestbo, fue publicado por MarketWatch, en febrero del 2013.

Por su parte, la firma Ned Davis Research estudió el periodo 1900-2007, en el cual se identificaron 116 correcciones. Establecieron que una vez producida, la probabilidad de que alcance el 15% es del 50%. Y, entonces, la probabilidad de que la pérdida alcance 20% es de 54%.

Si existieran indicadores sólidos, capaces de pronosticar los vaivenes a corto plazo en el mercado de acciones, la historia ocuparía un puesto alto.

El primero que viene a la mente son las relaciones precio/ganancias, particularmente el ‘Cape’ (Cyclically Adjusted Price/Earnings Ratio), desarrollado por los profesores Shiller y Campbell, hace más de 20 años. Mediante cifras ajustadas al poder adquisitivo, se obtiene dividiendo el precio de las acciones en el índice S&P 500 por el promedio de sus utilidades en los últimos 10 años. Por estos días, andaba por los lados de 26, muy por encima de su promedio histórico de 16.

El problema es que aunque ha demostrado ser muy efectivo para predecir el rango de rentabilidades que las acciones pueden ofrecer a largo plazo, no está diseñado para indicar en qué momento comprar o vender. Según Shiller, lo que en este momento se atreve a afirmar es que el mercado no está barato, pero tampoco tan caro como para que el Cape pueda, por sí mismo, señalar que se acerca el final de este gran mercado alcista.

Cabe anotar que los analistas consultados por los medios locales gozaban por esos días de buena compañía. En efecto, en septiembre 24, el profesor Jeremy Siegel manifestó en la cadena CNBC, que el Dow podría terminar el año en un nivel cercano a 18.000. Partiendo del nivel al escribir esta nota, 16.461, implica una remontada superior al 9%.

Y David Kostin, Estratega en jefe de Goldman Sachs para EE. UU., al igual que analistas en Credit Suisse, recién habían pronosticado un nivel de 2.050 para el índice S&P para el final de este año.

De ninguna manera estoy sugiriendo que estos pronósticos no se puedan cumplir. A veces lo hacen, pero otras, los desfases son grandes.

En el bando de los optimistas se menciona la forma como se está comportando el ciclo económico. El crecimiento en EE. UU., convertido de nuevo en el motor de la economía mundial, viene siendo lento, pero sostenido; junto a las bajas tasas de interés y la baja inflación, ofrece un ambiente propicio para que esta fase expansiva se extienda por encima de los cinco años que típicamente se toma un mercado alcista.

Igualmente, el buen desempeño empresarial, a pesar del bajo crecimiento. Al fin y al cabo se supone que las utilidades son el factor de mayor incidencia en el precio de una acción. En el segundo trimestre, las utilidades de las empresas en el índice S&P 500 aumentaron 7,7% con respecto al año anterior. Y de acuerdo con Standard & Poor’s, el estimativo para el tercer trimestre es de 5,2%.

Y la incertidumbre misma suele ser un viento de cola, porque ‘apacigua el espíritu exuberante’, ese que eventualmente aniquila los mercados al alza. Gracias a esa incertidumbre, más de dos trillones de dólares están parqueados en instrumentos monetarios, listos en cualquier momento a respaldar el mercado. Y ni hablar del precio del petróleo.

En el bando opuesto citan, entre otros, el estancamiento en Europa, la desaceleración en China, la pelea en Ucrania, y claro, el virus del ébola.

Complicado pronosticar la forma como esos ‘espíritus animales’ que mencionaba Keynes habrán de inclinar la balanza en los siguientes tres meses. En cuanto al marcador, yo no pondría mis ahorros en juego, pero para los analistas en esas encuestas, el Colcap terminará el año en un nivel muy cercano a 1.814.

Harry Adler
Asesor en inversiones internacionales


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