Análisis / En crisis: la enseñanza de la economía (II)

Nuestras sociedades tienen necesidad de economistas capaces de imaginarse políticas diversas y de contribuir al debate público difundiendo los elementos de reflexión necesarios para el ejercicio de una ciudadanía, de manera que todos puedan formarse su propia visión.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
mayo 05 de 2013
2013-05-05 09:11 p.m.

Entre el momento de la primera parte de esta reflexión y la hora de escribir esta segunda, sucedió la trágica muerte de Andrés Corredor Fonseca, un economista demasiado joven para morir, lleno de angustias, egresado recientemente de la facultad de economía de la Universidad de los Andes.

La desaparición temprana de este joven profesional, además de conmover a la tecnocracia, ha abierto nuevos puntos de reflexión sobre el tema de esta columna y la situación que hoy enfrentan los jóvenes profesionales cuando tratan de llegar exitosamente al mercado laboral después de estar sometidos a la presión infinita de ser exitosos, no en sus propios términos, sino en los que le impone una academia de excelencia y una sociedad excluyente.

Es en este contexto de reflexión sobre la crisis en la enseñanza de la economía que es necesario ubicar las recomendaciones que los estudiantes franceses del Colectivo PEPS-economía plantean y también esos cuestionamientos que muchos nos estamos haciendo a raíz de la desaparición de Andrés, y de otras tragedias recientes en las que la Universidad de los Andes se ha visto involucrada.

Frente a esta crisis en la enseñanza de la economía en Francia, el colectivo citado plantea como alternativa un triple pluralismo.

En primer lugar, pluralismo en la crítica; “es fundamental”, afirman, “ofrecer a los estudiantes la posibilidad de cuestionar la propia disciplina, a través de la enseñanza de la epistemología, de la historia del pensamiento y de los hechos económicos”.

En segundo lugar, pluralismo teórico: “las diferentes escuelas de pensamiento económico deben ser enseñadas con rigor, con el fin de promover una emulación científica entre esas corrientes teóricas y ofrecer una pluralidad de puntos de vista a los estudiantes”.

Y por último, un pluralismo disciplinario: “la economía es una ciencia social. Para entender sus complejas dinámicas, las disciplinas vecinas de la economía ofrecen aproximaciones que son útiles para análisis fecundos”.

Y terminan sus reflexiones haciendo un planteamiento de fondo: “"la enseñanza de la economía es un ejercicio democrático.

Nuestras sociedades tienen necesidad de economistas capaces de imaginarse políticas diversas, de contribuir al debate público difundiendo los elementos de reflexión necesarios para el ejercicio de una ciudadanía, de manera que todos puedan formarse su propia visión. Hoy, la enseñanza de la economía no lo permite y la urgencia y la persistencia de la crisis que atravesamos nos impone su refundación”.

Este perfil de economista es precisamente el que no sale de la Universidad de los Andes, cuna de la escuela ortodoxa, que lleva 23 años diseñando las políticas públicas colombianas, apoyada por los centros de pensamiento, locales e internacionales que siguen estos lineamientos.

¿A estos economistas uniandinos les hablan de Pluralismo?

De ninguna manera, por el contrario, les dejan implícito que lo demás es demagogia cuando no populismo macro-económico, como en su momento se calificó la hiperinflación, los grandes déficit fiscales y los desajustes que llevaron a la fórmula que se denominó Consenso de Washington.

¿Se les plantea la economía como un ejercicio de democracia?

No, porque se supone que es un tema de otra ‘ciencia social menos rigurosa que la economía’, como la ciencia política. ¿Ciudadanía? Tampoco forma parte de los modelos econométricos que sí son rigurosos y además, quizá, algunos afirman que ese es un tema de la sociología, ‘llena de ilusos que divagan sobre el comportamiento de los pueblos’.

Y definitivamente, lo que sí no ha promovido históricamente esa facultad es la ‘diversidad en las políticas públicas’. Se considera innecesaria, dado que “hay unas claras recetas que se han venido aplicando con gran éxito. Hoy, la inflación casi que ha desaparecido; la mayoría de nuestros países, no Colombia todavía, no solo no tienen déficit fiscal sino superávit, y todos los días nuestras naciones reciben mejor calificación de Standard and Poor’s, calificadoras de riesgo”, que solo se han equivocado con Leeman Brothers, y con algunos países europeos. Pero el argumento es que “esas crisis financieras obedecieron a que no aplicaron las recetas”.

Ni pluralismo, ni democracia, ni ciudadanía, y menos, capacidad creativa, parecería ser la norma Uniandina para formar economistas.

Pero la historia no termina allí. Se somete a estos estudiantes a una inmensa presión porque los uniandinos tienen que ser los futuros ministros de Hacienda, como muchos de sus profesores; o ministros de Salud, como su exdecano; o mínimo director de Planeación Nacional. Y si no les interesa lo público, por lo menos tienen que ser los CEO de las compañías de su familia o de una de las múltiples empresas extranjeras que están llegando al país. Esta es la medida del éxito en los Andes, así que a estudiar como locos. Y el mensaje a los egresados es “el mercado laboral los recibirá de inmediato porque son excelentes”.

Esa sí es carreta, lo del mercado claro…

¿Y qué le pasa a aquellos que tienen otro ritmo como Andrés, a quienes les interesa más sencillamente vivir, y para quienes el éxito es mucho más complejo que un alto cargo?

¿Existe algún apoyo dentro de la Universidad para ayudarlos a no angustiarse, a no desesperarse, a no sentirse fracasados? ¿Los preparan para buscar otro tipo de trabajo permanente y para aceptar temporalmente la realidad de tener que ser simplemente contratistas cada tres meses? ¿Les dan los profesores, esos excelentes tecnócratas, recomendaciones a tiempo y les ayudan a encontrar su norte?

No es el primer caso el de Andrés. Y la Universidad de los Andes no puede someterse a que le sigan preguntando por qué en otras universidades no sucede lo mismo. Una reflexión profunda debe darse al interior de la Universidad. Por fortuna, Economía, con Ana María Ibáñez a la cabeza, ya la empezó. ¿Se fijan la diferencia que hace una mujer?

Cecilia López Montaño

Exministra de Agricultura

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