Análisis/ Cuidado con el cuidado

La “economía del cuidado” es la solución sostenible para que gran parte de las mujeres, que están en edad de trabajar, y que sufren doble o triple jornada, tengan una vida más justa.

Redacción Portafolio
Opinión
POR:
Redacción Portafolio
octubre 18 de 2015
2015-10-18 02:10 p.m.

Ahora que por fin se identifica la importancia de las labores de cuidado que en el mundo realizan prioritariamente las mujeres en el hogar y en la comunidad –sin remuneración ni reconocimiento–, deben prenderse las alarmas para no llegar a soluciones asistenciales que, por su misma naturaleza, pueden no ser sostenibles.

Lo primero y más importante es reconocer su valor: de eso se trata la Ley colombiana 1413 de 2010, que lleva al Dane a realizar cada tres años encuestas de uso del tiempo de todos los miembros del hogar en el territorio nacional, y a construir una Cuenta Satélite de las Cuentas Nacionales. Así se saca del anonimato esa inmensa contribución de las colombianas, que se ha ignorado por siglos. Sus resultados, ampliamente difundidos, pero que no han cambiado nada hasta ahora en el país, son contundentes.

Este cuidado no remunerado representa entre el 19 % y el 20 % del PIB –de acuerdo a la forma como se mide–, y supera la contribución de todos los sectores reconocidos como productivos, incluyendo al sector financiero, que no pasa del 18 % del PIB.

Lo interesante es que México ha hecho el mismo cálculo sin necesidad de Ley, y llegó a una medida similar: alrededor del 20 % es la contribución al Producto Interno Bruto mexicano, de estas labores de las mujeres, despreciadas con demasiada frecuencia.

Este es el principio de una gran revolución, que ya lleva más de un siglo, y que en las últimas décadas muestra una desaceleración, como lo indican los índices de brecha de genero (IGG), que estima anualmente Harvard para el Foro de Davos. Los Ministros de Hacienda y los grandes hombres de negocios, que han asistido a dicho foro jamás han dicho una sílaba sobre estos indicadores.

Una primera aclaración consiste en identificar el tipo de cuidado, que se mide en las encuestas, es lo que se denomina “economía del cuidado”. Es decir, aquellas actividades de atención del hogar y protección a miembros de la familia o a la comunidad, que podrían realizar terceras personas.

Nadie le está poniendo valor ni al arreglo personal, ni al amor a los hijos o a la pareja, ni mucho menos al sexo. Que quede claro.

Una segunda aclaración –tan importante como la primera–, consiste en reconocer que el peso de este trabajo no remunerado es lo que explica que mujeres más educadas que los hombres –en promedio–, y con más años de vida saludable, tengan tantas dificultades para obtener independencia económica y acceso al poder económico, y sobre todo político.

Los índices de Harvard certifican esta realidad: en el mundo, las mujeres casi han logrado equidad con los hombres en educación y en salud. Pero, con respecto al campo económico, les falta el 40 % para igualar la situación de los hombres; y en el poder político, el 80 %. Y en este dato están incluidos 135 países del mundo, entre los cuales están las economías industrializadas, ninguna de las cuales muestra equidad de género.

La hipótesis que maneja el libro ‘Base para un modelo con igualdad de género’, cuyo lanzamiento hace el CiSoe y ONU Mujeres, hoy lunes, 19 de octubre, en la biblioteca del Gimnasio Moderno, es la siguiente: el freno real que enfrentan las mujeres colombianas y las de todo el mundo para tener real acceso al verdadero poder de la sociedad es la carga que asumen de economía del cuidado.

La solución consiste no solo en regalarle electrodomésticos –lo que les libera tiempo, sin duda–, sino en lograr, por medio de políticas públicas, que esas labores de cuidado las asuma el Estado y el mercado para que entren a la corriente de la economía. Y, ¿cómo se hace? Construyendo ‘Pilares de Cuidado’ que se encarguen de los menores, de los ancianos, de los enfermos, bien el Estado o el sector privado, de manera que se les libere tiempo significativo a las mujeres. Y las que lo necesitan y las que lo deseen entren al mercado laboral, generen ingresos propios, y paguen impuestos.

A su vez, cuando el Estado asuma en serio el cuidado en hogares pobres o cuando el mercado haga lo propio para clases medias o altas, estas pagarán por estos servicios. No solo se mejorará la calidad del cuidado, sino que se demandará mano de obra que no tiene que ser necesariamente femenina.

¿Cuántos hombres cambiarían pañales o darían teteros, si les ofrecen 2 salarios mínimos y todas las prestaciones que manda el Código de Trabajo?

En otras palabras, introducir al circuito la “economía del cuidado” es la solución sostenible no solo para que gran parte de las mujeres, que están en edad de trabajar lo puedan hacer, sino para que las que sufren doble o triple jornada –cuando los hombres solo tienen una–, tengan una vida más justa.

Se generaría mayor oferta femenina, de manera que el Estado o el mercado demandarían mayor mano de obra femenina o masculina. Esto permitiría aumentar el nivel de recaudo, a través de los impuestos que pagarían las nuevas trabajadoras, así como se aumentaría la demanda por bienes o servicios que ofrecería el mercado. ¿No crecería más la economía?

El peligro está en quedarse a medio camino, una vez se reconozca la importancia del cuidado. Es decir, pagarles mal a los despectivamente llamados cuidadores por parte del Estado convierte esta estrategia en asistencial, que solo funciona cuando hay recursos fiscales, como pasó en España.

Los cuidadores son trabajadores, como todos los demás, y por consiguiente su trabajo debe ser bien remunerado por el tipo de servicios que prestan. Además, si el cuidado no entra al circuito económico, apenas se presente una crisis fiscal se acabaría el programa. Lo mismo pasa con regalar o darles a precios bajos electrodomésticos a las mujeres. Por eso, cuidado con el cuidado.

Índice Global de Brechas de Género 2014

Fuente: World Economic Forum, 2014

Cecilia López Montaño

Exministra - Exsenadora

Nuestros columnistas

día a día
lunes
martes
miércoles
jueves
viernes
sábado