Análisis/ Cultura de la ilegalidad y elecciones

“La corrupción no solo puede ser desarrollada por grupos económicos legales, como usualmente se reconoce, sino que los actores ilegales, incluso con más poder económico, pueden generar mayores niveles de corrupción mediante sobornos de alta cuantía”.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
marzo 28 de 2014
2014-03-28 01:41 a.m.

Me van a perdonar los lectores el espíritu intimista de esta columna, pero se requiere para mostrar facetas de lo que es nuestra colombianidad. En los años setenta vi de cerca y conviví con aspectos de nuestra sociedad que han creado la llamada ‘cultura del atajo’. Por eso, a los caribeños nos parece desproporcionado el rasero con el que nos miden los ‘cachacos’ para hablar de temas como la ‘parapolítica’. En nuestras regiones, muchos de nuestros amigos terminaron envueltos en esa espiral de violencia iniciada por una guerrilla deshumanizada y narcotraficante que extorsionaba y secuestraba a tutiplén. Es muy fácil criticar cuando no se ha vivido algo. No era lo mismo vivir en la Bogotá capitalina, cosmopolita, moderna y mucho más segura en los setenta y ochenta, que en Valledupar o Montería sitiadas por la guerrilla.

No voy a decir que admito o tolero la medicina buscada, que fue peor que la enfermedad. Trato de decir que me esfuerzo por entender las razones de muchos amigos y conocidos que ayudaron a engendrar el monstruo y terminaron conviviendo con él.

Pero, para quienes habíamos visto de cerca la bonanza ‘marimbera’ y entendemos que las tres últimas generaciones han crecido con esa cultura del dinero fácil que nos imprimió el narcotráfico en toda Colombia, era mucho más fácil entender el no permitir dejarse arrollar por los grupos guerrilleros que hace rato habían dejado de ser una versión ‘robinhoodesca’ en nuestros campos.

‘Vuelve el mulo al trigo’: ¿en qué momento se ‘jodió’ Colombia?, ¿fue la violencia de los años cincuenta?, ¿la división entre liberales y conservadores, desde la creación de la República?, ¿la existencia de enormes diferencias sociales y económicas que subsisten hoy en día? ¿Qué fue primero, el huevo o la gallina?

Nuestra situación era tan grave a finales de la primera década del presente siglo que, incluso, se habló de Colombia como un Estado fallido. Pero, ¿era tan solo por nuestra situación de violencia y narcotráfico? Luis Jorge Garay, en su famoso estudio del 2008 ‘La captura y reconfiguración cooptada del Estado en Colombia’, dijo: “al explorar la posible relación entre la corrupción y la mafia, se hace casi evidente que el amplio poder económico funciona como una fuerza corruptora incontrolable. Esto evidencia el hecho de que la corrupción no solo puede ser desarrollada por grupos económicos legales, como usualmente se reconoce, sino que los actores ilegales, incluso con más poder económico, pueden generar mayores niveles de corrupción mediante sobornos de alta cuantía. Al menos, en principio, cuando se agudiza la participación de la mafia en la dinámica de corrupción pública en un Estado, el soborno deja de ser el único mecanismo de persuasión y el beneficio económico el único objetivo perseguido. En estos casos, pueden surgir escenarios de corrupción mucho más complejos que aquellos caracterizados únicamente en el ámbito económico de baja escala; pueden surgir escenarios complejos de captura del Estado y, eventualmente, de reconfiguración cooptada del Estado”.

La elección de los senadores más votados del Partido de la U es, a todas luces, una cooptación del Estado por parte de grupos familiares con intereses mafiosos y corruptos. Y la situación del país no es muy halagüeña. Armando Montenegro, habla, con base en una charla de Malcolm Deas, ‘La venezolanización de Colombia’. Y es lo que hay, porque es con lo que han crecido. Para ellos es normal la corrupción.

¿Puede el presidente Juan Manuel Santos, en aras de unas mayorías y de buscar una mayor gobernabilidad, cohonestar y convivir con eso? Pues, parece que sí. Creo que Santos le ha imprimido un manejo mucho más honesto y transparente a los asuntos de Estado que en épocas de Álvaro Uribe Vélez, pero ha transigido con algunas cosas para garantizar su permanencia en el poder, que desdice mucho de la estirpe de Eduardo Santos.

Da tristeza tener que decir que incluso los hijos de Luis Carlos Galán se beneficiaron del reparto de la llamada, eufemísticamente, ‘mermelada’.

Da tristeza ver que la izquierda no es una opción seria y que Enrique Peñalosa no se ha desmarcado lo suficiente de su cercanía con el anterior Presidente. La designación de su candidata a la Vicepresidencia –particularmen- te me gusta– es de alguien del antiguo gabinete uribista.

La única sorpresa agradable y refrescante en todo este panorama sombrío es la elección de Claudia López, la valerosa mujer que denunció la ‘parapolítica’; por algo más de 90.000 colombianos votaron por ella, de manera honesta y transparente. Está llamada, desde ya, a convertirse en una estrella del firmamento político colombiano y, muy seguramente, en una de los mejores senadores del país, en un Congreso tan necesitado de buena imagen.

Nicola Stornelli García

Gestor del Puerto Digital de Valledupar y de Cesar Digital.

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