Análisis/Cumbre por la salud: algunas reflexiones

¿Cómo en un país, en el que todo apunta a la exclusión, se logra que sea realidad el derecho fundamental de la salud? La conclusión parecería obvia: para hacer realidad este derecho en una sociedad desigual solo un sistema universal puede hacerlo posible.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
marzo 09 de 2014
2014-03-09 11:41 p.m.

Se realizó en Medellín, convocados por el Ministerio de Salud y el BID, la Cumbre nacional por la salud, que reunió a representantes de muchos de sus actores sobre cómo garantizar el derecho a la salud de todos los colombianos.

Hubiera sido mejor hacerla antes de presentar los proyectos de ley sobre el tema, pero la Ley Estatutaria está a consideración de la Corte Constitucional y el proyecto sobre el sistema de salud, está actualmente, más o menos, enredado en la Cámara de Representantes. Precisamente, porque nada está totalmente decidido sobre cómo garantizar la salud de los colombianos y el futuro del modelo actual, no deja de ser oportuno este debate.

Dos días de discusiones serias, de paneles de buen nivel, con representantes incluso de los pacientes, aunque en menor proporción de lo deseable, dejan mensajes y reflexiones de gran importancia, expuestos al final por el Ministro.

Dos merecen destacarse. El primero es que el debate de salud resultó ser el destape de la gran cantidad de luchas entre y dentro de los actores del sistema, siendo el Ministerio el árbitro, difícil papel. El Ministro señaló que si hubiese programado una estrategia para sacar a la luz todas las peleas posibles alrededor del tema, no habría logrado tanto éxito. Esto significa que con demasiada frecuencia, dada la forma como opera la atención a la salud de los colombianos, los pacientes no están en el centro del debate, sino los grandes intereses que se mueven alrededor de los billones de pesos que se destinan a este sector, 6,5 por ciento del PIB. Gran conclusión y muy honesta por parte del Ministro.

El segundo mensaje es que el Gobierno no está preparando la gran reforma a la salud, sino una reforma más. Esto que puede traumatizar a muchos, tiene bastante de realismo y, a la vez, de esperanza para aquellos que quieren ver un sistema que responda más al principio de que la salud es un derecho fundamental.

No es fácil para un país como Colombia, donde todavía el reinado del mercado como asignador de recursos persiste con un Estado débil, cambiar un modelo de atención en salud que debe dejar de ser un sistema de enfermos y pasar a ser uno de salud, en el cual la equidad sea la prioridad.

Estamos, como dijo el Ministro, en un proceso, que, sin embargo, deberá definir hacia dónde va. Y eso no está claro y los actores no lo quieren definir.

Dos excelentes expositores, Alejandro Jadad, una de nuestras grandes figuras en el exterior, quien, además, tiene unas novedosas posturas sobre lo que es realmente la salud, y Amanda Glassman, conferencista que se salió del esquema rígido y, sin el humor de los tecnócratas, nos dio una lección sobre la posición de Colombia: no somos los únicos que andamos enredados con la salud. Mal de muchos consuelo de tontos, pero nos ubica.

Con un sesgo personal, estas son algunas de las reflexiones finales:

1. Concepto de salud: si se acepta la explicación planteada por Alejandro Jadad, quien la define como la habilidad de las personas para adaptarse y automanejar los desafíos físicos, mentales, etc., que se presentan en la vida, primero nos saca del tema de confundir la salud como la falta de enfermedad y la ubica en un contexto que agrega dos elementos: uno macro, consistente en entender que todo el desarrollo de la sociedad es parte del concepto de salud, e incluye otro olvidado, lo que siente el individuo.

2. El derecho a la salud: si se acepta que Colombia sigue siendo una sociedad excluyente y desigual, se puede llegar fácilmente a una pregunta de fondo, ¿cómo en un país en que todo apunta a la exclusión, se logra que sea realidad el derecho fundamental de la salud?

La conclusión parecería obvia: para hacer realidad este derecho en una sociedad desigual solo un sistema universal puede hacerlo posible. Esto es “un cambio en el modelo de salud que plantea la Ley 100”; algo atacado por los economistas ortodoxos y por ese sector privado que ha venido manejando los recursos de la salud.

Pero las condiciones para avanzar hacia un sistema universal de salud, en el cual el papel protagónico lo tiene el Estado, se están dando: ya estamos llegando a una cobertura universal y la financiación actual del Estado en salud es más del 50 por ciento.

No obstante, como se necesitarán más recursos, será imprescindible una verdadera reforma fiscal que aumente significativamente el peso de impuestos sobre PIB. Estamos lejos del 20, 25 por ciento de otros países latinoamericanos, y del 35 por ciento de los países ricos.

3. Nuevos roles del Estado y sector privado: hoy, en el mundo y Colombia, no es una excepción, han cambiado sustancialmente los roles del Estado y del sector Privado. Y el profundo error de la Ley 100 en su implementación consistió en no haber entendido ese cambio. El Estado dejó de ser distribuidor de servicios públicos y su papel ahora es formular las políticas y ser el gran regulador del sistema.

A su vez, el sector privado empezó a manejar recursos públicos sin que ellos reconocieran o el Estado les dijera, que no podían maximizar utilidades con este tipo de fondos, como sí lo podían hacer con sus propios recursos. Si esto se entiende en el sistema universal de salud, se puede combinar en la ejecución al sector público y al privado.

4. No conocemos al sector. No existe información confiable porque está en manos de las EPS. Pero hay males evidentes: uso excesivo de tecnología y descuido de servicios básicos, no hay real equidad, y gran insatisfacción de sectores de la sociedad. Gran conclusión: la ideologización del debate está más en el lado de los defensores de la Ley 100, que en quienes hemos sido sus críticos. El debate empieza de nuevo.
Cecilia López Montaño
Exministra y exsenadora

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