Análisis/ Cundinamarca es cabeza de ratón

Debemos producir acciones que generen un impacto contundente en la realidad, que nos permitan dar un salto hacia adelante, que nos dejen cerca de los promedios internacionales aceptables.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
febrero 20 de 2015
2015-02-20 01:00 a.m.

La definición entre ser cola de león o cabeza de ratón es importante para conocer la línea base de las realidades y los nortes perseguidos. Sin embargo, es perjudicial para la gestión cuando se es cabeza de ratón, pero se cree ser cabeza de león.

No hay nada más grave para una persona, institución o entidad territorial que evaluarse mal, sobre todo por encima, es decir, cuando se considera que las cosas están bien, y se genera un ambiente de confort que desestimula la agresividad para realizar acciones que impacten contundentemente la realidad.

En mi opinión, eso es un poco de lo que está pasando en Cundinamarca. Existe la imagen en diferentes sectores de que al ser uno de los departamento líderes del país, vecino de la capital y que ha experimentado en las últimas administraciones una mejoría significativa en casi todos los frentes (por ejemplo, la pobreza hoy se ubica en el 18 por ciento, mientras hace 10 años superaba el 50).

Ello puede, peligrosamente, mutarse en una pasividad frente a los graves problemas que aún persisten y en la aceptación de un ritmo de progreso muy por debajo del necesario, si algún día queremos estar en sintonía con los estándares internacionales.

A manera de ejemplo, en el sector de educación, si bien es cierto que el departamento registra los primeros puestos en las pruebas Saber del país; coberturas superiores al promedio nacional, en infraestructura, planta de profesores, subsidios escolares importantes, entre otros, también lo es que Colombia está entre los peores del mundo en términos de calidad de educación. Así lo demuestran mediciones como las pruebas Pisa, registro de patentes, ranking de universidades, etc.

Si no se les da un vuelco radical a los contenidos así como visión de largo plazo, y se sigue sumergido en el efecto placebo que genera un liderazgo nacional, realmente el departamento está aún más lejos de llegar a los niveles que le permitan tener algún grado de competencia internacional.

Otro ejemplo muy claro es que, a pesar de contar con una infraestructura vial superior a la de la mayoría de departamentos, una oferta de servicios financieros, logística, un mercado de 8 millones de personas por la vecindad con la capital y una amplia oferta de bienes públicos, según la reciente encuesta nacional de competitividad, Cundinamarca registra el puesto 6 entre 22 departamentos evaluados, aunque debería ser la segunda región más competitiva del país, después de Bogotá, por sus fortalezas.

Pero lo que es relevante reconocer es que la zona metropolitana de Bogotá y Cundinamarca es una de las menos competitivas cuando se comparan con los referentes internacionales correctos, sin mencionar que está a años luz de los países desarrollados. La realidad es que traer una tonelada de carga de alguno de los puertos del país a Cundinamarca vale casi el doble que traer la misma tonelada desde China a ese mismo puerto. Entonces, ¿cómo hablar de competitividad y exportaciones, y cómo estar satisfechos con la situación actual?

Si se quiere algún día generar una alta calidad de vida para todos los cundinamarqueses, es imperativo dejar de mirarnos el ombligo, de sentirnos conformes por ser cabeza de ratón y generar un sentimiento colectivo de reto para salir de esa zona de confort. Así, se reconocerá que es inaceptable que a un par de horas de la capital del país, aún existan zonas sin servicios públicos básicos, con bajas tasas de cobertura de educación y con habitantes que, literalmente, se mueren por no tener acceso a los servicios médicos.

Debemos dejar de compararnos y sentirnos satisfechos con los promedios nacionales, y levantar la vara para fijar los objetivos. Más ejemplos. ¿De qué nos sirve que la cobertura de educación media sea del 48 por ciento (42 por ciento nacional), si en países como Argentina o Chile esta misma cifra supera el 84 por ciento (Latinoamérica, 73 por ciento)?

Somos felices porque la tasa de mortalidad infantil de Cundinamarca es del 13,9 por ciento, inferior al 16,8 por ciento nacional, cuando debería ser cero, por razones de prioridad de vida. Pero, además, cuando hay países como Perú, que tienen indicadores inferiores al 4 por ciento. Otros, vacunación DPT en Cundinamarca, 80 por ciento, en Latinoamérica, 90 por ciento; cobertura de acueducto en el departamento, 82,6 por ciento y en Latinoamérica, 97 por ciento. Son muchos los ejemplos, todos orientados a dejar un mensaje claro con esta columna:

No estamos bien en Cundinamarca, y debemos producir acciones que generen un impacto contundente en la realidad, que nos permitan dar un salto hacia adelante, que nos dejen cerca, al menos, de los promedios internacionales aceptables. Es conveniente que hagamos un frente común para exigir que los objetivos sean más ambiciosos y que nuestros referentes sean retadores.

César Augusto Carrillo Vega
Gerente general, U de Capitales.
 

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