Análisis/Desarrollo e investigación

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
febrero 15 de 2014
2014-02-15 11:06 p.m.

Las universidades colombianas deben hacer un esfuerzo de creatividad para financiarse. Colciencias no tiene el alcance de la National Science Foundation de Estados Unidos, y las empresas colombianas no invierten mucho en investigación y desarrollo, ni tienen tradiciones de patentar.

Cuál debe ser la naturaleza de la investigación colombiana? ¿Cuál es la relación entre investigación y desarrollo, instituciones y sectores económicos? ¿Cómo aumentar sustancialmente los fondos para investigación? Intentaremos delinear respuestas para estas preguntas a continuación.

La queja usual sobre la investigación en Colombia es su bajo presupuesto: 0,18 por ciento del PIB en el 2011, según la base de datos del Banco Mundial. Probablemente este monto se ha triplicado en el 2013 si se contabilizan los fondos de regalías, pero aun así, el contraste con los porcentajes y los montos absolutos de los países desarrollados es abismal. Estados Unidos invierte el 2,8 por ciento del PIB (5 veces más que Colombia). Y, puesto que el PIB de estadounidense es 44 veces más grande que el nuestro, el monto total dedicado a investigación y desarrollo en Estados Unidos es 220 veces más grande que el de Colombia: US$455 mil millones, superior al PIB de Colombia el en 2012 (US$370 mil millones). La inversión total anual de Colombia en investigación y desarrollo, del orden de US$2.000 millones, es inferior a la de compañías como Microsoft (US$7.200 millones), Google (US$2.120 millones), o la de la Universidad Johns Hopkins (US$2.100 millones), por ejemplo.

Para desarrollar investigación de punta mundial se requieren masa crítica de investigadores, laboratorios y un ambiente intelectual estimulante. Algunos investigadores colombianos, al retornar de sus estudios doctorales en el exterior, son capaces de prolongar relaciones de trabajo con centros e investigadores de primer nivel en ciencia pura por un tiempo. Estas relaciones tienden a languidecer. Es como intentar mantener un amorío con una bella nepalí a través de Skype. Thomas Friedman se equivoca al ver un mundo plano. La Internet no sustituye la necesidad de altas densidades de talento para innovar. El pragmatismo sugiere adoptar un modelo de universidad orientado a la solución de grandes problemas y a la captura de oportunidades del país (infraestructura, desarrollo de una base manufacturera, agroindustria sofisticada, aprovechamiento de recursos naturales, ocupación del territorio). Esta orientación implica partir de la ingeniería y disciplinas aplicadas, pues no se puede esperar al goteo de aplicaciones de la investigación pura a las aplicaciones. Hay que tomar el concepto de ‘investigación y desarrollo’ y convertirlo en ‘desarrollo (de aplicaciones) e investigación’, como sugiere Henry Petrowski en su libro The Essential Engineer.

Con la ayuda de un modelo económico sencillo se puede comprobar que, para un país rentista con instituciones débiles, el esfuerzo de aumentar la oferta de ideas productivas (como el esfuerzo de las regalías) tiene pocas posibilidades de impactar el crecimiento de un país. El mayor impacto provendrá de un choque del lado de la demanda de ideas productivas. Las actividades económicas, sujetas a presiones competitivas internacionales y a la necesidad de innovar, pueden ser las creadoras de tal demanda. Los nuevos sectores requerirán capital humano e ideas; y para consolidar las ganancias iniciales, demandarán también mejores instituciones. El surgimiento de sectores modernos depende, en gran parte, del azar; en menor medida, de políticas públicas que integren cadenas de valor de los productos básicos y disuelvan el peso de la tierra en la remuneración y como fuente de poder político.

Mientras esto sucede, las universidades colombianas deben hacer un esfuerzo de creatividad para financiarse. Colciencias no tiene el alcance de la National Science Foundation de Estados Unidos. Y las empresas colombianas no invierten mucho en investigación y desarrollo, ni tienen tradiciones de patentar. Los investigadores colombianos deben convertirse en hábiles negociadores en medio de unas condiciones muy adversas. Deben ser ambiciosos, pero no pueden pedir peras al olmo. Al partir de la solución a problemas concretos, por humildes que sean, se puede lograr tanto productividad como construir lazos de confianza con el Estado nacional, local y las empresas; eventualmente se puede crear un círculo virtuoso en el que el logro de resultados tangibles desemboca en mejoras acumulativas de las capacidades y en financiación de investigación.

Algunos académicos consideran que la consultoría desvirtúa la investigación. Sin embargo, hay estudios estadísticos en otros países que encuentran que los profesores con contratos con la industria publican más artículos que los colegas que no los tienen. Para que esta relación positiva se materialice, se requiere elegir a los individuos adecuados y que exista un sistema apropiado de incentivos. La participación en proyectos es vital para las universidades colombianas, no solo por su relevancia para el país y el fortalecimiento del potencial de investigación, sino porque se podrían avecinar cambios disruptivos en el quehacer de las universidades a nivel mundial, para bien o para mal, a raíz de la profundización de las TIC y de la competencia que las universidades enfrentarían de entidades o arreglos que generan conocimiento y con otras lógicas (tanques de pensamiento, redes de conocimiento abierto, empresas centradas en la formación de habilidades, acreditadores de habilidades, etc.).

Todas estas modalidades son válidas y llenan necesidades actuales y venideras de la población. El problema de las universidades colombianas es que, si no se mueven rápido y se relacionan creativamente con estos nuevos fenómenos, podrían reducir su alcance por las razones equivocadas (bajas expectativas de crecimiento y búsqueda de competencias sin comprensión).

El ideograma chino para el concepto de crisis está compuesto por una parte que significa riesgo, y otra que significa oportunidad. A pesar de todas las dificultades actuales, la universidad colombiana puede crecer y aportar al país. Pero debe reinventarse.

Juan Benavides

Analista

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