Análisis/La diplomacia del Papa en Argentina

El Papa quiere que Argentina esté en paz, porque difícilmente lograría credibilidad como mediador en conflictos más complejos como el de Medio Oriente, si ni siquiera pudiera mantener la armonía social en su propio país, donde probablemente tiene más autoridad moral que en ningún otro lado.

Redacción Portafolio
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junio 03 de 2014
2014-06-03 03:22 a.m.

El pontífice Francisco ha resultado ser un papa políticamente activo, que se ha involucrado públicamente en esfuerzos para destrabar los conflictos de Palestina e Israel, Siria y Venezuela, sin embargo, ha adoptado un perfil bajo en lo que hace por su Argentina natal.

Contrariamente a lo que muchos esperaban cuando fue designado papa en marzo del 2013, Francisco no se ha enfrentado a la presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner, con quien tenía una tensa –si no hostil– relación durante los años en que fue arzobispo de Buenos Aires.

Cuando Francisco fue elegido papa, el Gobierno argentino reaccionó fríamente a la noticia y tardó dos días en festejarla, mientras el resto de la región celebraba abiertamente la elección del primer Papa latinoamericano. En ese momento, se especuló que Francisco se convertiría en una piedra en el zapato del Gobierno argentino, así como el papa polaco, Juan Pablo II, lo había sido con el Gobierno comunista de Polonia en la década de 1980.

Sin embargo, Francisco ha desarrollado lo que parece una relación muy cordial con Fernández de Kirchner. Se ha reunido tres veces con ella, se han intercambiado regalos, incluyendo un par de escarpines de bebé que Francisco le regaló a Fernández cuando nació su primer nieto.

En Argentina, donde Francisco es una de las figuras más admiradas de la historia, los analistas políticos señalan que el Sumo Pontífice le está dedicando mucho más tiempo a Fernández de Kirchner que a cualquier otro líder mundial.

Cuando Cristina visitó el Vaticano, el 17 de marzo, el Papa le concedió dos horas y media de su tiempo. Comparativamente, cuando el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, visitó el Vaticano, el 27 de marzo, la audiencia entre ambos líderes duró 55 minutos, y la reunión del Papa con la reina de Inglaterra, en abril, tardó apenas 20 minutos.

Además, el Papa ha recibido docenas de grupos argentinos. Según varias personas que han hablado con el Papa recientemente, Francisco está pidiendo lo mismo a todos sus visitantes argentinos: “Cuiden a Cristina”.

Es un pedido de ayuda para que la presidenta argentina –cuya popularidad se ha desmoronado en los dos últimos años– pueda terminar su mandato tal como está previsto en diciembre del 2015. En un país que ha tenido terribles experiencias con los golpes militares y salidas forzosas de presidentes electos, el papa Francisco quiere garantizar que la democracia no sufra otro golpe, dicen los entendidos.

“Tengo al menos 10 amigos que han recibido llamados telefónicos del Papa en las horas más insólitas, porque Francisco quiere charlar con ellos, porque extraña la Argentina”, me señaló Carlos Pagni, un respetado analista político del diario La Nación. “Y a todos ellos les dice lo mismo: ‘cuiden a Cristina’”.

Cuando pregunté qué otra cosa hay detrás de la buena relación de Francisco con Fernández de Kirchner –quien ni lo recibía cuando el Papa era arzobispo de Buenos Aires–, fuentes que jugaron un rol en el acercamiento de ambos líderes me dijeron que los dos se han apoyado mutuamente desde el día en que Francisco fue elegido.

Cuando Francisco fue electo, la prensa mundial se hizo eco de las alegaciones del periodista argentino Horacio Verbitsky –muy cercano a los Kirchner–, según las cuales Francisco no había denunciado las violaciones a los derechos humanos durante la dictadura militar argentina entre 1976 y 1983.

“Ese fue un problema serio para el Papa durante los primeros días después de su elección”, me dijo un exfuncionario argentino que desempeñó un rol clave en acercar a la Presidenta argentina con el papa Francisco. “Algunos de nosotros empezamos a buscar quién podía desmentir lo que estaba diciendo Verbitsky, y convencimos a Alicia Oliveira, una muy respetada activista de los derechos humanos, de que hiciera una defensa pública del Papa”.

Oliveira era, también, una muy cercana amiga del Papa en Argentina. Días más tarde, cuando Fernández de Kirchner fue al Vaticano, llevó con ella. Oliveira ayudó a romper el hielo entre los dos, y así fue como se inició la relación entre ambos”, sostuvo el exfuncionario argentino.

Mi opinión: tal vez el Papa no haga declaraciones públicas sobre Argentina, pero está practicando una diplomacia silenciosa muy activa en su país.

Su mensaje de “cuiden a Cristina” se debe, entre otras cosas, a que cree en la democracia, a que ambos se han ayudado políticamente, y a que posiblemente compartan opiniones sobre temas que son centrales para Francisco, como el aborto.

Pero creo que hay otra razón tanto o más importante: el Papa quiere que Argentina esté en paz, porque difícilmente lograría credibilidad como mediador en conflictos más complejos como el de Medio Oriente, si ni siquiera pudiera mantener la armonía social en su propio país, donde probablemente tiene más autoridad moral que en ningún otro lado. Sean cuales fueren sus razones, su diplomacia privada está funcionando en Argentina.

Andrés Oppenheimer

Periodista - Columnista de The Miami Herald y El Nuevo Herald.

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