Análisis/ El divorcio de Obama y Suramérica

Michael Shifter, presidente de Diálogo Interamericano dice que “la realidad es que la influencia de Estados Unidos en Suramérica se ha convertido en marginal, y que si Estados Unidos tiene alguna influencia en América Latina, es en Centroamérica y el Caribe”.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
marzo 24 de 2015
2015-03-24 11:23 p.m.

El anuncio de la Casa Blanca sobre la agenda del presidente Barack Obama para la Cumbre de las Américas del próximo 10 y 11 de abril en Panamá, indicando que se reunirá con líderes del Caribe y Centroamérica, plantea una gran pregunta: ¿Estados Unidos ha renunciado a América del Sur?

Según un comunicado de la Casa Blanca, Obama viajará a Jamaica el 8 de abril para reunirse con líderes de los 15 países de la Comunidad del Caribe (Caricom) y tener una reunión bilateral con la primera ministra de Jamaica, Portia Simpson-Miller.

De allí, Obama irá a Panamá para asistir a la Cumbre de las Américas, de 35 países, a la que por primera vez irá Cuba. En el evento, Obama se reunirá con los líderes de los ocho países del Sistema de Integración Centroamericana (Sica), y con el presidente de Panamá, Juan Carlos Varela.

Pero ¿qué pasa con Brasil y otros países suramericanos?, le pregunté a funcionarios de Estados Unidos en los últimos días. Hasta el momento, no está previsto ningún encuentro grupal o bilateral con países de América del Sur, dicen los funcionarios de Washington. Agregan, que lo más probable es que Obama se reúna informalmente con varios presidentes suramericanos durante las sesiones cerradas de todos los jefes de Estado que participen en la cumbre.

En comparación, Obama se reunió con los líderes de los 12 países de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) en la Cumbre de las Américas del 2009, en Trinidad y Tobago. En la Cumbre de las Américas del 2012, en Cartagena, Colombia, Obama tuvo una reunión bilateral con el presidente colombiano Juan Manuel Santos.

Las relaciones de Suramérica con Estados Unidos se deterioraron seriamente en la última década.

Brasil, Venezuela y otros países –envalentonados por sus bonanzas de exportaciones de materias primas a China– crearon sus propias organizaciones subregionales como la Unasur para excluir a Estados Unidos de las decisiones regionales.

La sede de la Unasur fue instalada en Ecuador, y está presidida por el expresidente de Colombia, Ernesto Samper, cuya visa de entrada a Estados Unidos fue revocada en 1996 –y nunca restituida– tras acusaciones de que su campaña presidencial de 1994 había sido financiada por el cartel de Cali.

Pocos días atrás, las relaciones de Washington con Suramérica registraron un nuevo bajón, después de que Obama emitió una orden ejecutiva negando visas de entrada a Estados Unidos y aplicando sanciones financieras a siete funcionarios venezolanos acusados de violaciones a los derechos humanos. Unasur inmediatamente denunció la medida como una “amenaza injerencista” de Washington.

Michael Shifter, presidente de Diálogo Interamericano, un centro de análisis político con sede en Washington, dice que el hecho de que no haya una reunión entre Obama y la Unasur en Panamá es “reconocimiento de la realidad”. Y añade: “la realidad es que la influencia de Estados Unidos en Suramérica se ha convertido en marginal, y que si Estados Unidos tiene alguna influencia en América Latina, es en Centroamérica y el Caribe”.

Al centrar su atención en Centroamérica y el Caribe, Obama también podría estar tratando de llenar el vacío dejado por Venezuela en la Cuenca del Caribe. Venezuela ya no puede mantener su apoyo a Petrocaribe, la institución que canaliza sus subsidios petroleros a esa región, agregó Shifter.

Los funcionarios estadounidenses rechazan la idea de que el Gobierno de Obama ha renunciado a América del Sur, y agregan que los países centroamericanos y caribeños enfrentan los peores problemas de violencia, drogas y energéticos de la región. En la cumbre, Obama tratará de conseguir el apoyo de los Estados suramericanos para, conjuntamente, ayudar a las naciones de Centroamérica y el Caribe, dicen.

Mi opinión: Obama debería tender puentes con Brasil y otros países suramericanos en la cumbre. Es cierto que las recientes sanciones de Obama contra los siete funcionarios venezolanos serán un problema, ya que el régimen venezolano le pedirá a sus vecinos suramericanos que conjuntamente denuncien “la agresión de Washington contra Venezuela”. Pero los tiempos han cambiado. Por primera vez en los últimos 15 años, está en el interés de la mayoría de los países de América del Sur acercarse a Washington.

El boom de las exportaciones de materias primas suramericanas llegó a su fin, Brasil tendrá su peor desempeño económico de los últimos 25 años en el 2015, Argentina está en recesión, y Venezuela está en caída libre.

Mientras tanto, China se está desacelerando, Rusia está en bancarrota, y Europa no ve la luz al final del túnel. Estados Unidos es la economía más sólida entre las grandes economías del mundo.

Estamos ante un nuevo escenario regional. Obama debería tener esto en cuenta, y tratar de restablecer los lazos con Suramérica –empezando por la alicaída Brasil– en la cumbre de Panamá.

Andrés oppenheimer
Periodista - Columnista de
The Miami Herald y El Nuevo Herald.
 

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