Análisis/ Economía y política: SOS

Por el bien de lo poco que, se supone, el país ha hecho correctamente, señor presidente Santos, coja el toro por los cuernos. Ponga sus prioridades: la paz, la equidad y la educación, y agréguele transparencia, por encima de los intereses de Vargas Lleras, pero también de su súper ministro.

Redacción Portafolio
Opinión
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Redacción Portafolio
mayo 31 de 2015
2015-05-31 08:07 p.m.

Entre los colombianos persiste la idea de que la economía se maneja bien, con prudencia y lejos de contaminaciones diferentes a las obvias del Banco Mundial, del Fondo Monetario y ahora de la Ocde. A su vez, también se consolida el convencimiento de que la política colombiana es un desastre, llena de vicios, pero se toma realmente como un mal menor porque sus pecados se olvidan cuando se siguen eligiendo los mismos, o sus mediocres descendientes con las mismas o peores prácticas. Pero, hoy más que nunca, ese aislamiento, que se ha considerado sano para desligar las políticas económicas de los males de la politiquería, se está desvaneciendo peligrosamente, y no parece ser la economía la que invade la política, en el buen sentido, sino lo contrario: la economía y su manejo se está contaminando de la política.

Para empezar, no soplan vientos favorables para la economía, y como lo afirma el Banco Mundial –para que no crean que son chismes–, América Latina –y Colombia no es la excepción–, se equivocó seriamente al creer que esta desaceleración profunda que vive la región era pasajera e ignoró que no solo era permanente, sino que no todo se le podía atribuir a situaciones internacionales como la desaceleración de China y la baja de los precios de las materias primas. A la forma como Latinoamérica manejó la bonanza de los últimos años, cuando pocos países ahorraron y el resto se la gastó en consumo –siendo Colombia una de estas estrellas–, debe sumarse la manera inmediata como reaccionó negativamente la inversión. Por ello, hoy esta etapa de bajo crecimiento, que durará, ha sido mucho más fuerte en nuestros países que en los otros de ingreso medio (Banco Mundial: ‘A recuperar el crecimiento perdido, 2015’).

No funcionarán las políticas contracíclicas tradicionales porque muchas naciones no tienen el espacio fiscal necesario y solo el ahorro –difícil en estos momentos– y, sobre todo, las reformas estructurales, esas que los colombianos seguimos aplazando, serían lo único que ayudaría a que la recuperación no sea también un largo proceso (ibíd.). En palabras simples y coloquiales, en este tema del cual siempre nos orgullecemos, ‘no está el palo para cucharas’.

A su vez, en el campo de la política por fin –para seguir con el lenguaje coloquial–, los partidos políticos, todos sin excepción, ‘pelaron el cobre’. Frente a los comicios de octubre, que elegirán a los mandatarios locales, la desorbitada ambición por ganar el control regional, la pobre ‘ética en la política’ está quedando absolutamente pisoteada. Probablemente, si no pasa el esperado milagro de que la sociedad colombiana decente –que es la mayoría–, reaccione y no vote por ellos, los municipios y gobernaciones se llenaran de políticos cuestionados, con rabo de paja, ineptos, y sobre todo, ladrones o vinculados con la negra historia de la ‘parapolítica’ colombiana. Y esto sucede porque, con la mayor frescura, clanes como el de los Char otorgan avales con los argumentos más increíbles, a personas como Oneida Prieto que sí tiene procesos pendientes en la Fiscalía, lo que consolida los vicios de ese pobre departamento de La Guajira. Y se ha advertido, pero nadie escucha. Los Char, con tal de adueñarse del poder político de la región Caribe y de Cambio Radical –lo cual los ubicaría nacionalmente–, apoyan a quienes garanticen votos, así atropellen la ética, la transparencia.

Bueno, dirán nuestros sabios economistas: eso siempre ha sido así y la economía se ha manejado bien y, como siempre, estamos preparados mejor que otros países latinoamericanos para salir rápido de esta desaceleración que no afectará la generación de empleo y no volverá pobres a nuestros vulnerables. Pero se equivocan distinguidos colegas. Hay hechos innegables, uno de ellos ya detectado por Guillermo Perry en su última columna de El Tiempo.

Dos elementos deben considerarse: primero, tenemos un Vicepresidente, no solo explícito candidato a la presidencia en el 2018, sino agresivo y eficiente, y que sí sabe cómo utilizar no la política, sino el populismo y el clientelismo a su favor, ante los ojos del Primer Mandatario. Ya tocó de manera preocupante al Minhacienda y consiguió lo que quiso, que, como afirma Perry, no son recursos para las grandes obras, sino para aquellas que aseguran su llegada al máximo poder. Aunque Minhacienda reaccionó como un príncipe ante los ataques públicos de Vargas Lleras, la verdad es que lo derrotó con efecto negativo para el desarrollo nacional. Es decir, ministro Cárdenas, se le metió la politiquería y el populismo al manejo económico.

El segundo elemento, que también lo detecta la revista Semana, es que el gabinete se llenó de presidenciales, que se odian y se ponen zancadillas; los que no aspiran a la Presidencia de la República, lo hacen a los altos organismos de control. En términos simples, los grandes objetivos de lograr una economía sana y unas estrategias sociales exitosas –como busca el presidente Santos–, se convirtieron en una feria de egos que, aparentemente, creen que pueden hacer lo que les convenga individualmente, de acuerdo a sus aspiraciones, así dejen por el piso el buen gobierno. Por el bien de lo poco que, se supone, el país ha hecho correctamente, señor presidente Santos, coja el toro por los cuernos. Ponga sus prioridades: la paz, la equidad y la educación y agréguele transparencia, por encima de los intereses de Vargas Lleras, pero también de su súper ministro.

En síntesis, entre la fiesta de los avales y la feria de egos, se ha generado el peor escenario para los tres grandes problemas que enfrenta el país: la desaceleración de la economía, la corrupción política y la renovación de la guerra. S.O.S, porque al paso que vamos caeremos en aquello superado por muchos países de América Latina y que nosotros no tuvimos: el populismo macro-económico.

Cecilia López Montaño
Exministra - Exsenadora
 

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