Análisis/ EE. UU.: ‘shutdown’ postergado

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
noviembre 24 de 2013
2013-11-24 09:16 p.m.

El acuerdo entre republicanos y demócratas en la fecha límite para evitar el cese de pagos ha evidenciado las disfuncionalidades del sistema político estadounidense en el manejo fiscal, y aunque permitió volver al trabajo a 800 mil empleados públicos y reponerles sus salarios, todo indica que tras la tregua acordada, después del 7 de febrero estaremos viviendo una situación similar.

En Colombia, si el Congreso no aprueba el presupuesto, el Presidente puede promulgar el mismo del año anterior, ajustado por inflación, pero en Estados Unidos se requiere la aprobación del Legislativo, y ello explica la situación vivida. El Partido Republicano, haciendo eco a las posiciones del Tea Party exigió al Gobierno posponer la aplicación del seguro universal de salud, conocido como ObamaCare, como condición para autorizar el aumento al techo de la deuda.

Obama rechazó tal condicionamiento considerándolo un chantaje, pues mal podría aceptar como condición la no implementación de una ley promulgada por el Congreso y avalada por la Corte Suprema. Las encuestas muestran que el 75% de los ciudadanos atribuyen la responsabilidad de la crisis al Partido Republicano, y solo el 21% está de acuerdo con las posiciones del Tea Party, lo cual deja a los demócratas en una posición favorable de cara a las elecciones parlamentarias de 2014.

La deuda pública llegó a US$17 trillones en la fecha límite, y tras la autorización se emitieron 600 mil millones adicionales, pues el Ejecutivo había advertido que solo dispondría de US$30 mil millones, en tanto que el déficit mensual asciende a US$60 mil millones. Se estiman en US$24 mil millones las pérdidas por el cierre del Gobierno, y en 0,6% la pérdida en el crecimiento, calculado en 3% para este año, lo cual resulta especialmente grave para un país que sale de la recesión.

El cambio de posición de los republicanos obedeció a la publicación de encuestas desfavorables hacia ellos, además del reclamo vehemente de China que tiene el 60% de los 3,5 trillones de sus reservas en deuda estadounidense, y de Japón, cuyos líderes advirtieron que la crisis podría revaluar el yen y afectar así sus esfuerzos de recuperación.

La Constitución de Estados Unidos establece la obligación de reconocer la deuda legalmente contratada, pero ese país funciona con una paradoja sistémica: Reagan y Bush padre e hijo, redujeron los impuestos a las corporaciones, a la vez que se embarcaban en la guerra de las galaxias, la guerra del Golfo e invasiones a Afganistán e Irak. Como sostiene Stiglitz en La guerra de los tres trillones, los ciudadanos votarían en contra si les consultaran acerca del establecimiento de nuevos impuestos para financiar las guerras, pero las apoyarían si se financian con recursos ajenos.

Este incidente ha evidenciado la precariedad del sistema fiscal estadounidense y la forma irresponsable en que los republicanos, y, en especial el Tea Party, pretendieron chantajear al Ejecutivo e impedir la implementación de una reforma legalmente aprobada.

El balance de Obama fue: “Seamos claros. No hay ganadores aquí. Estas últimas semanas han infligido un daño completamente incensario a nuestra economía”, y agregó: “eso alentó a nuestros enemigos, fortaleció a nuestros competidores y desilusionó a nuestros amigos, que nos demandan un firme liderazgo”.

Lo absurdo de la situación vivida fue bien expresado por el senador republicano John McCain, quien perdió la presidencia con Obama, al calificar lo ocurrido como una “odisea de agonía, y uno de los capítulos más vergonzosos que he visto en los años que pasé en el Senado.

Pero lo más grave de todo es que solo se ha pospuesto un problema de cuya solución estructural nadie habla: las personas como los gobiernos deben asegurarse los ingresos para vivir con sus propios recursos, y si no lo hacen tarde o temprano la violación de este principio mostrará la insostenibilidad de estrategias de vivir confiados en recursos ajenos.

Como ha mostrado José Antonio Ocampo, la reciente crisis ha puesto en evidencia la incertidumbre que existe en los tenedores de títulos del Tesoro de los Estados Unidos, por ejemplo China y Japón, cuyo valor se vería seriamente deteriorado si el país emisor cesa en sus pagos. Ello explica que las calificadoras de riesgo hayan amenazado con bajar la calificación de los títulos americanos.

Ocampo considera que es el momento de avanzar en una reforma estructural del sistema monetario, pues la reforma financiera que está en curso no se corresponde con ninguna modificación del sistema monetario internacional. Por ejemplo, desde 1969 se crearon los derechos especiales de giro (DEG), con la perspectiva de que se convertirían en el principal activo de los bancos centrales del mundo, pero hasta la fecha solo pueden ser utilizados por los países para cubrir sus déficit, pero no para financiar programas crediticios del FMI.

Y concluye Ocampo que la responsabilidad de la coordinación económica mundial que hoy reposa en el G-20 debe trasladarse al FMI, pues aun con todas sus fallas incluye a casi todos los países del mundo, aunque a decir verdad debe aumentar la representación decisoria de los países considerados emergentes y eliminar el poder de veto de los Estados Unidos.

Beethoven Herrera Valencia

Profesor de las universidades Nacional y Externado

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