Análisis / ¡Yo, también, tengo fe!

Paradójicamente, según datos del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, el principal puerto del Pacífico aportó en el 2013 cerca de 4 billones de pesos al Producto Interno Bruto nacional, movió el 13,5 % de las toneladas exportadas y el 28,5 % de las ingresadas.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
abril 11 de 2014
2014-04-11 12:25 a.m.

The Economist, una de las revistas especializadas más influyentes del mundo, reveló la dramática situación que enfrenta una comunidad del Pacífico a la que referencian como “la más violenta de Colombia”.

Titulada ‘Carnicería en Buenaventura’, pone al descubierto inquietantes indicadores y espeluznantes descripciones como ‘las casas de pique’ en las que, al parecer, decenas de habitantes fueron torturados, asesinados con sevicia y luego descuartizados.

Paradójicamente, según datos del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, el principal puerto del Pacífico aportó en el 2013 cerca de 4 billones de pesos al Producto Interno Bruto nacional, movió el 13,5 por ciento de las toneladas exportadas y el 28,5 por ciento de las ingresadas.

Sin embargo, su población, con el 80 por ciento por debajo de la línea de pobreza, a diario tiene que observar impávida el lento paso de más de 1.500 camiones por una carretera en construcción y maltrecha, llevando y trayendo toneladas de mercancías, así como los cerca de 120 mil vehículos que entran cada año por el puerto.

En menos de una década, Buenaventura ha sido el eje de 3 Conpes (3410, Política de Estado para mejorar las condiciones de vida de Buenaventura; 3422, Importancia estratégica del sistema doble calzada corredor vial Buga-Buenaventura, y 3476, importancia estratégica de los macroproyectos de Vivienda de Interés Social en Cali y Buenaventura), en los que el Gobierno direccionó la aplicación conjunta de políticas, instrumentos y estrategias para mejorar las condiciones socioeconómicas, desarrollar la productividad y competitividad de esta zona.

Objetivos acaso cargados de buenas intenciones, pero que no se compadecen con la realidad que soportan los bonaverenses en materia social, de vivienda, seguridad, empleo, salud, servicios públicos, educación, infraestructura, entre otros.

En el primer trimestre se registraron 87 homicidios, más de 19 mil personas han sido víctimas de desplazamiento forzado, y diariamente muchas de las víctimas abandonan sus viviendas.

El 63 por ciento no tiene empleo y los que logran obtener uno deben entregar casi el 40 por ciento de sus ingresos a extorsiones y vacunas, como lo denunció un medio al informar que una madre cabeza de familia, vendedora de frutas y verduras, debe pagar una ‘modesta’ cuota a la red criminal de ‘La Empresa’ para poder trabajar y así sobrevivir con sus tres hijos, de 7, 5 y 4 años.

La informalidad va en aumento, el 25 por ciento de las adolescentes están embarazadas, el déficit de vivienda supera el 54 por ciento, la prestación de servicios públicos domiciliarios es precaria, especialmente saneamiento básico, acueducto, alcantarillado y aseo.

Ante este boom mediático que puso al descubierto esta dura realidad, empiezan a presentarse acciones que contrarrestan este panorama:

La llegada de 380 policías y 400 infantes de Marina para reforzar la seguridad del territorio, el anuncio de que el Gobierno está gestionando un préstamo con la banca extranjera por 400 millones de dólares para darle un vuelco a Buenaventura y a todo el litoral Pacífico, la creación de una gerencia social integral para ejecutar un plan de acción que resuelva la problemática de los bonaverenses, el mejoramiento de 1.081 viviendas, la ampliación a 1.800 metros de la pista del aeropuerto Gerardo Tovar López, la construcción de un complejo deportivo por 4 mil millones de pesos, y de la nueva plaza de mercado y un megacolegio.

Presiento, o al menos se renueva la esperanza de que esta vez todo será diferente, porque para pesar de nuestro Pacífico colombiano, muchas han sido las estrategias y acciones promovidas para impulsar el desarrollo de esta región, pero tan fugaces e imperceptibles que sutilmente alcanzamos a recordarlas.

Estamos en deuda con los pueblos del Pacífico y emprender el camino de la reconstrucción y avanzar en procesos de reconciliación.

Es la oportunidad de comprometernos como sociedad y hacer un seguimiento efectivo a los proyectos e inversiones para esta olvidada región.

En este aspecto, las fuerzas políticas, sociales y empresariales del Valle tenemos un gran reto, y sus acciones y disposiciones no pueden ser inferiores a su responsabilidad regional.

Mientras tanto, me uno al clamor del cantante Willy García, cuando exclama: “¡Yo tengo fe. Buenaventura, no llores más, llegará la paz. Con todo lo que hemos logrado para qué rendirnos. Yo tengo fe”.

Álvaro José Cobo Soto

Presidente Ejecutivo Asocajas

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