Análisis / Formalización sostenible mediante la innovación

El debate sobre la informalidad y su reincidencia está vigente, es legítimo y más necesario que nunca.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
abril 24 de 2013
2013-04-24 12:21 a.m.

Durante la más reciente asamblea del Banco Interamericano de Desarrollo, se señaló a América Latina y el Caribe como la región con mayor tasas de informalidad del mundo, con un 56 por ciento de trabajadores informales.

La Ley de Formalización y Generación de Empleo del 2010 y la Reforma Tributaria del 2012, en Colombia, pretenden contribuir a la disminución de la informalidad bajando los costos laborales de contratación por medio de la reducción de la carga parafiscal.

La buena intención, en principio, es reducir la desigualdad, como subraya el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, y permitirá la formalización de un millón de empleos así como disminuir la informalidad. El Ministro, junto a otros investigadores, han difundido consecuentemente los fundamentos teóricos y sustento empírico que conllevaron a dicha Reforma (Cárdenas y Rozo, 2009; Cárdenas y Mejía, 2007).

Se presentó un debate previo que mostró cuestionamientos de corte académico a la visión que inspira la Reforma (Cede 2011).

Bajo esta perspectiva, pareciera una discusión agotada.

Nada más lejos de la realidad. En una investigación sobre las instituciones comparadas en Latinoamérica (Hernández 2012), se enfatiza que el problema no está en que la élite de las últimas décadas en la administración de política económica en Colombia se haya autolegitimado como inmutable a intereses creados por la politización.

Por el contrario, nada tiene pretender distanciarse de la clase política si la convicción es que la toma de decisiones es de corte puramente técnico.

Sin embargo, se presentan ante la opinión pública con políticas únicas, que hacen sospechar cualquier cuestionamiento como contaminado por dichos intereses políticos. De allí que la política económica en Colombia sea objeto de poco debate, pues entraría en contradicción con los profundos valores arraigados de neutralidad a la política. Bajo esta concepción, la política económica es una sola, inmune y despolitizada.

El debate sobre informalidad y su reincidencia no solo no está agotado, sino que, por haber sido insuficiente, está vigente, es legítimo y más necesario que nunca.

Especialmente, porque ya existían investigaciones previas que alertaban sobre la reincidencia de este fenómeno una vez se termine la etapa actual de auge en el ciclo económico (Perry et. al 2007, Maloney, 2004).

De otro lado, resultados de primeras simulaciones muestran que, una vez terminen los beneficios de las reformas, muchos de los agentes beneficiarios de estas volverán a reincidir en la informalidad (Vargas 2012), beneficios que, por cierto, terminan este año, en algunos casos.

Nuestras investigaciones arrojan los siguientes resultados y recomendaciones.

Primero, se propone una estrategia de pareo de oferta y demanda de instrumentos, más conocido en la literatura como matching –tema recientemente laureado con el Premio Nobel de Economía (Roth, 2008).

Existe un desajuste entre oferta y demanda de instrumentos para la formalización, el cual no se soluciona por un mecanismo tradicional de precios, sino que está basado en procesos fundamentados en conocimiento y conciencia de los instrumentos para su posterior adopción. Sin un proceso de empoderamiento de los instrumentos, apoyado en la retroalimentación entre oferta y demanda, probablemente no se presenten los efectos esperados.

A pesar de que hay un interés (los resultados muestran que casi todas las iniciativas quieren formalizarse) existe un desconocimiento y, sobre todo, carencia de conciencia de los instrumentos.

Se proponen tres etapas intermedias: apropiación, adaptación y adecuación de los instrumentos antes de la adopción. Consisten en actividades de retroalimentación entre oferta y demanda para prevenir la aplicación de instrumentos a diestra y siniestra sin haberlos primero refinado.

Segundo, los instrumentos deben adecuarse y ajustarse conforme la capacidad de adaptabilidad y absorción de las empresas. Esto permitirá, a su vez, transformar las expectativas de los empresarios y generar el consiguiente crecimiento empresarial.

Tercero, de nada vale entrar al sistema mediante las vías formales si no se combina con herramientas que permitan que los esfuerzos perduren dentro de este.

La formalización tiene que ser sostenible.

De esa manera se combinan instrumentos no solo para incluir a los excluidos, sino para que permanezcan dentro del sistema quienes ahora se encuentran en la informalidad. Al combinar instrumentos de formalización e innovación, podrán obtenerse mejores resultados para aquellos que entran, pues también se mantendrán dentro del sistema.

Iván D. Hernández U.

Profesor - Grupo de Economía, U. Nacion

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