Análisis / Por el futuro, contra el pasado

Desde 1958, la violencia ha generado 250.000 muertos y 6 millones de desplazados, casi en su totalidad de origen humilde, así como los combatientes de lado y lado.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
julio 09 de 2014
2014-07-09 12:45 a.m.

La posesión, tenencia y uso de la tierra han sido el origen de muchos enfrentamientos políticos, sociales y económicos a través de la historia de Colombia.

Leyendo a Álvaro Tirado Mejía en Colombia, siglo y medio de bipartidismo, es claro que el conflicto por la tierra entre terratenientes y pequeños propietarios campesinos tiene una larga historia.

Ya a principios del siglo XX, en 1905, existía una ley por la cual los pequeños propietarios campesinos debían demostrar la posesión legal de los predios donde cultivaban o presentar el contrato de arrendamiento con el terrateniente.

De lo contrario, serían expropiados en las siguientes 48 horas de las tierras de las cuales dependían económicamente. La única alternativa para muchos campesinos era la resistencia, en muchos casos, violenta, ya que las leyes no los protegían.

Treinta años después, durante el Gobierno de Alfonso López Pumarejo, se trata de remediar la situación con la Ley 200 de 1936.

Con esta norma se presumía dueño de un terreno a quien le diera destinación económica, también se ponían reglas a la expropiación y el Estado podría tener el dominio de los terrenos de 300 hectáreas o más que no fuesen cultivados.

López pensaba hacer una “reforma agraria estructural” para regular la explotación de la tierra y legalizar los derechos de arrendatarios y colonos, pero inmediatamente respondieron los terratenientes liberales y conservadores al crear la Acción Patronal Económica Nacional (Apen).

En este enfrentamiento, los banqueros e industriales apoyaban a los terratenientes y la respuesta fue la violencia contra los pequeños propietarios.

El origen de la violencia en Colombia fue, sin duda, un enfrentamiento entre clases por el uso y la tenencia de la tierra.

Unos años más tarde, el discurso de Jorge Eliécer Gaitán expresaba el obvio descontento de las clases reprimidas contra las clases dominantes, las clases dirigentes, en ‘manguala’ con el poder económico, contra las clases trabajadoras y de pequeños propietarios.

El asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, el 9 de abril de 1948, fue otro punto de inflexión a partir del cual se acentúa el círculo vicioso de la violencia en Colombia.

Si Gaitán hubiese llegado al poder, habría aplicado una serie de políticas, entre las cuales se encontraba la ‘Reforma Agraria’ para fortalecer la economía campesina y la imposición de impuestos a la tierra y a las rentas.

Lo cierto es que la muerte de Gaitán dio inicio a la violencia entre liberales y conservadores humildes, mientras los dirigentes de estos dos partidos se repartían el poder y sus ganancias.

Unos años más adelante, los partidos Liberal y Conservador se reparten nuevamente el poder durante el Frente Nacional (desde 1958 hasta 1974).

El ataque a Marquetalia, en el Gobierno del conservador Guillermo León Valencia, fue el inicio de las Farc como movimiento revolucionario en 1964.

Desde 1958, la violencia ha generado 250.000 muertos y 6 millones de desplazados, casi en su totalidad de origen humilde, así como los combatientes de lado y lado.

Todos los Gobiernos han tenido y tendrán puntos a favor y en contra, pero sí hay que reconocer que el Gobierno de Juan Manuel Santos quiere resarcir a las víctimas del conflicto, con la Ley de Víctimas y de Restitución de Tierras, y saldar la deuda histórica con los pequeños campesinos despojados de sus tierras.

En todo proceso de paz exitoso, a nivel mundial, ha habido concesiones de lado y lado porque, en últimas, si no hay concesiones, no hay paz, y el proceso colombiano no es la excepción.

Muchas fuerzas se resisten al proceso de paz y al programa de restitución de tierras porque les conviene la guerra de una u otra manera y no les favorece la titulación legal de la tierra a los pequeños campesinos. Incluso ya se habla de un ‘ejército anti-restitución de tierras’.

Los movimientos guerrilleros han servido de excusa para que otros poderes oscuros eviten una ‘reforma agraria estructural’ en Colombia. Desde principios del siglo XX, los poderosos terratenientes han evitado la reforma agraria.

Sin duda, la paz en Colombia afectará la estructura de la tenencia y uso de la tierra, mucha de la cual pertenece a los reductos del paramilitarismo y a las nuevas Bacrim, que manejan mucho poder en las regiones, incluido poder político.

En las pasadas elecciones presidenciales votamos por el futuro, pero también contra la violencia histórica que genera la disputa por la tierra en Colombia.

Alejandro Ramírez Vigoya

Investigador en economía de la Universidad Militar.

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