Análisis / Galeano contra Galeano

Los que nos aventuramos en el arte de interpretar la realidad y escribir sobre ella quedamos prisioneros de juicios que son explicables en su momento, pero después superados en el tiempo.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
junio 12 de 2014
2014-06-12 12:32 a.m.

Gran conmoción ha causado la entrevista concedida por Eduardo Galeano en la que al referirse a su obra emblemática ‘Las venas abiertas de América Latina’ afirmó que “no sería capaz de leer esta obra de nuevo.

Caería desmayado” y reconoció que cuando lo escribió no estaba preparado para abordar esta clase de temas y que le quedó mal escrito.

La afirmación de Galeano acerca de que “para mí esta prosa de la izquierda tradicional es demasiado sesgada, y mi organismo ya no lo tolera”, plantea un serio problema a los que han cultivado una veneración religiosa por su obra.

Los críticos de Galeano no compartían la causalidad que Galeano establecía entre la extracción colonial de riquezas naturales de América Latina y su actual estado de subdesarrollo, pero que el autor de un libro traducido a 12 idiomas, que ha superado el millón de copias vendidas y es uno de los 10 libros más solicitados en Amazon cuestione su propia obra, en verdad resulta notable.

El libro de Galeano como toda obra humana es hija de su época de modo que cuando fue publicado persistía el dominio colonial de Portugal sobre Angola, Mozambique y Macao; el control británico sobre Hong Kong, Estados Unidos permanecía en la Zona del Canal de Panamá, la guerra de Vietnam no había llegado a su fin y las dictaduras militares controlaban casi toda América Latina.

De hecho conocí a Galeano en Barcelona en 1982 cuando se encontraba exiliado.

Michael Yates editor de Monthy Review Press, editorial que publica la obra de Galeano en lengua inglesa, ha dicho que esta, su obra mas vendida, “es una entidad independiente del escritor y de lo que él pueda pensar ahora”.

Algunos han atribuido el cambio de posición a la edad (73 años) y a sus dolencias de salud (infarto y cáncer), pero Galeano mismo lo explica indicando que “la realidad ha cambiado mucho, yo he cambiado mucho”.

En alguna ocasión le preguntaron a Mercedes Sosa si no le parecía fuera de orden seguir entonando canciones de protesta después de un cuarto de siglo y ella respondió “¿Acaso ya se acabó la pobreza?”.

Por ello al constatar el control colonial persistente de Inglaterra sobre Malvinas y Gibraltar, además de la posición de jefe de Estado que Australia, Nueva Zelanda y Canadá reconocen a la Reina de Inglaterra, se concluye que el mundo ha cambiado mucho, pero no lo suficiente.

Algunos países han visto desmantelar su industria para retornar a la exportación de bienes primarios concentrados a veces en minerales, beneficiadas por generosas exenciones tributarias a las multinacionales que las explotan, frecuentemente con severo daño ambiental y social.

A pesar de que el libro de Galeano comenzaba afirmando que “la división internacional del trabajo consiste en que unos países se especializan en ganar y otras en perder” quienes celebran su autocrítica consideran que el mundo ha cambiado bastante, pero las recientes marchas campesinas en protesta por la crisis agrícola, permiten pensar que independientemente de lo que hoy piense Galeano el campesinado de América Latina enfrenta graves problemas.

Cuando escucho a los defensores a ultranza del libre comercio sostener que las ventajas comparativas en efecto funcionan, recuerdo las veces que Ghandi fue puesto en prisión por los ingleses por evaporar agua del mar para obtener sal, y por tejer su propia ropa.

¡Ello ocurría siglo y medio después de que Ricardo publicara los Principios de economía política y tributación!.

Galeano ha declarado mantenerse en la izquierda al tiempo que ha criticado los gobiernos de Cuba y Venezuela, y Mauricio Reina concluye que “los comentarios de Galeano sobre su propio pasado son una crítica demoledora a los modelos políticos de la región que en las últimas décadas han destrozado principios económicos fundamentales como la eficiencia, la competencia y la descentralización” (Portafolio mayo 29 del 2014).

Alguna vez escribí para una revista oficial un elogio de la decisión de Alan García de limitar a un 10 por ciento del ingreso de las exportaciones el servicio de la deuda, para invertir el resto en desarrollo y escribí que ello me parecía lógico; pero la reacción del sistema internacional contra dicho gobierno por haber actuado de modo unilateral lo llevó al cierre del crédito externo.

Yo no alcance a prever dicho escenario…

Así mismo publiqué un análisis elogioso de la ‘sucretización’ de la deuda de Ecuador por considerar que en el contexto de una inestabilidad cambiaria severa los deudores privados quedaban protegidos de dicho riesgo; pero como se demostró en la Auditoría posterior, dicho mecanismo se utilizó para validar deudas privadas e ilegitimas que ya estaban vencidas. Tampoco pude prever este impacto…

Todos los que nos aventuramos en el arriesgado arte de interpretar la realidad y escribir sobre ella quedamos prisioneros de juicios que son explicables en su momento, pero pueden revelarse después superados en el tiempo y más de una vez quisiéramos borrar de los archivos documentos que parecen indefendibles; pero el lector esta en todo el derecho, de interpretar, validar, rechazar o conservar su propia interpretación.

Y el autor no será capaz, aunque reniegue de lo escrito, de borrar de la mente de sus lectores la interpretación que hayan hecho del mismo.

Beethoven Herrera Valencia

Profesor de las U. Nacional y Externado

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