Análisis/La geopolítica en torno a Irán

Luego de la revolución musulmana de 1979, el Estado iraní se alejó radicalmente de Occidente e instauró un régimen islámico, comandado por un líder supremo que cumple el papel de máxima autoridad y es responsable directo de todas las políticas del Estado.

Redacción Portafolio
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diciembre 19 de 2013
2013-12-19 03:16 a.m.

Va llegando a su final el año 2013 y con ello algunas decisiones inesperadas para la geopolítica mundial. Muy pocos esperaban que este año terminara con el acercamiento entre Irán y los líderes occidentales que han decidido avalar su propuesta temporal de controlar su poder nuclear. Tal como se ha visto, el más sorprendido de todos puede ser Israel, que no cede un solo milímetro en su distanciamiento con el régimen de Teherán y se encuentra bastante incómodo con el acuerdo alcanzado, al que califica, además, de “error histórico”.

Las circunstancias que han llevado a la actual situación resultan bastante complejas para describirlas en un espacio tan reducido, pero intentarán sintetizarse para generar una radiografía que facilite su comprensión.

Luego de la revolución musulmana de 1979, el Estado iraní se alejó radicalmente de Occidente e instauró un régimen islámico, comandado por un líder supremo que cumple el papel de máxima autoridad y es responsable directo de todas las políticas del Estado. Alí Jamenei, quien reemplazó al Ayatollah Jomeini, es el actual dirigente. Es quien se ha situado para respaldar lo que hace el presidente Hasán Rouhaní en su deseo de lograr una política exterior más conciliadora y que lleve a Irán por vías diplomáticas hacia un acercamiento con Occidente.

Infortunadamente, ese ‘choque de civilizaciones’ sigue estando latente cuando en la arena internacional se cruzan musulmanes, judíos y cristianos. Hoy se sabe que en Ginebra se alcanzó un acuerdo para que Irán pudiera acceder a fondos de capital internacional y obtener reducciones en las sanciones que pesan contra gran parte de su sistema productivo, con el compromiso de detener el procesamiento de Uranio, como tradicionalmente lo venía intentando, hasta enriquecerlo al 20 por ciento. La cifra máxima ha quedado en 5 por ciento, nivel óptimo para uso civil del mineral. Ese hecho generó múltiples reacciones y ha puesto sobre la mesa otras cuantas discusiones de lo conveniente o no del acuerdo establecido entre los miembros permanentes del Consejo de Seguridad, Alemania e Irán.

En las realidades a contemplar está el hecho de notar que el compromiso pone fin a un aislamiento de largo aliento. Irán traía insistentes sanciones impuestas por las potencias occidentales desde hace más de tres décadas, pero los resultados de las mismas han sido tan infructuosos como las posibilidades de diálogo. No obstante, hoy se ha dado el gran paso de comprender en el Gobierno persa a un interlocutor válido con el que se pudo llegar a un acuerdo que, aunque temporal, resulta inédito en la historia reciente del sistema internacional.

Sin duda, la firma del documento que compromete a ambas partes (el grupo 5+1 e Irán) genera, además de notorias incertidumbres, situaciones problemáticas. En el inadecuado ambiente candente de polarización entre Occidente y el Islam, abundan los prejuicios. Bien vale la pena destacar casos como el que se debate al interior del Congreso estadounidense sobre el apoyo que el Legislativo debe o no otorgar al Ejecutivo en esta decisión, el papel de las monarquías árabes o la radicalización israelí frente al acuerdo. Además del rol que la Unión Europea desarrolla en favor de la diplomacia.

El Congreso estadounidense adelanta intensos debates en los que la posición republicana se destaca por querer imponer nuevas sanciones al Gobierno persa. La disputa internacional se ha llevado al Capitolio y pone en riesgo la duración del texto firmado en Ginebra. Mientras en Viena se avanza en bajarle intensidad a la relación entre Irán y Occidente, en Washington se caldean los ánimos. La desconfianza frente a Teherán se mantiene, dadas las características históricas que rodean su comportamiento a lo largo de las tres últimas décadas.

En relación con las monarquías del golfo Pérsico, es importante retornar a la consideración que han tenido de participar directamente en las negociaciones, pues Omán, Emiratos Árabes, Bahréin, Kuwait y Arabia Saudita no ven exactamente a un aliado en Irán. Al contrario, consideran que, de dársele espacios importantes en el área internacional, este puede actuar en contra del relativo balance que vive la región. Sin embargo, Irán ha negado la opción de tener a las monarquías árabes en la mesa de negociación.

Por último está el caso de Israel, algo irremediable, en realidad, que está haciendo pensar en un nuevo orden geopolítico para Medio Oriente. Muchas décadas pasaron para tener a los grandes decidiendo sobre la región, sin tener en cuenta la posición de Tel Aviv. Netanyahu se quedó con las sombras del pasado y se niega a entender las nuevas rutas de la diplomacia. ¿Acaso el tiempo le dará la razón?

Luis Fernando Vargas Alzate                               

Profesor de Relaciones Internacionales, Universidad Eafit.

 

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