Análisis/ El gravamen a la gasolina es un buen impuesto

En la actualidad, Colombia tiene un déficit fiscal que debe reducirse para hacer la economía menos vulnerable a choques externos, y fortalecer este tributo parecería ser una alternativa que mejoraría los incentivos que requiere la sociedad para un crecimiento económico más verde y equitativo.

Redacción Portafolio
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marzo 26 de 2015
2015-03-26 12:23 a.m.

La teoría sobre impuestos establece que un gravamen debe ser fácil de recaudar, simple y no distorsionante, y, si es posible, no ser regresivo, o sea gravar menos que proporcionalmente a las personas o familias más pobres. El impuesto a la gasolina tiene todas estas características. El tributo se puede gravar en refinería o en el puerto de importación, es decir, en pocos puntos de distribución del producto, y se puede hacer fácil de administrar. El costo de administrarlo es bajo y también la evasión.

Es un impuesto bien adaptado para un país caracterizado por una tradición de evasión tributaria. Un modelo interesante es el del gravamen a la gasolina en Italia, donde llega a 64 por ciento del costo del galón. Un mal ejemplo es el estado de California, una sociedad adicta al automóvil particular, y donde el impuesto solo equivale a menos del 14 por ciento de costo de la gasolina. En los artículos de prensa nacional, en los que se recomienda bajar el gravamen a los hidrocarburos, se hacen comparaciones con Estados Unidos, pero un ejemplo más pertinente sería estudiar el caso italiano.

De todas maneras, en la mayoría de los países industrializados el impuesto a los hidrocarburos es mayor que en Colombia.

Debido a que es un buen tributo, tiene la ventaja de corregir dos fallas de mercado. La primera es que las carreteras y, sobre todo, las calles, son un bien público. En el caso de las calles, no es práctico pagar por utilizarlas y, por lo tanto, al ser gratis transitarlas puede haber un exceso de uso que lleva a la congestión. En el caso de las carreteras, puede cobrarse un peaje para desestimular la excesiva demanda y congestión. Pero una alternativa simple para reducir la demanda de transporte es gravar la gasolina.

En Colombia, actualmente, hay consenso en el sentido de que, dada su geografía, la economía sería más competitiva y la productividad promedio mayor mejorando la infraestructura de transporte.

Aunque hay muchas razones para el déficit de vías, incluyendo una organización política que no incentiva el mantenimiento en buen estado de las carreteras ya construidas, y sistemas de contratación de obras que no promueven contratos eficientes, también es cierto que ha habido insuficiente presupuesto público para construcción y mantenimiento. Un impuesto de gasolina mayor sería una fuente adecuada para lograr una infraestructura vial que acelerara el desarrollo.

Tiene lógica y es equitativo financiar construcción y mantenimiento con cargo a los usuarios.

Probablemente, el gravamen sea progresivo, pues no tendría incidencia en el gasto de las familias de bajos recursos que usan vías y andenes para viajes a pie y en bicicleta, y tendría menos incidencia en el gasto de quienes utilizan transporte público en lugar de taxis o carros privados. Al contrario de este aspecto progresivo del impuesto, la incidencia del tributo sobre el transporte de mercancía, probablemente sería menos progresivo.

Finalmente, muchos países utilizan impuestos a la gasolina para reducir el impacto del uso de derivados del petróleo sobre la calidad del aire y el medioambiente. El informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Ocde) sobre Colombia muestra que el peso del impuesto de la gasolina en el sistema tributario en el país es menor que en la mayoría de los Estados miembros de la institución. El informe sugiere que sería útil que Colombia aumentara la contribución de este impuesto a los ingresos fiscales, como medida para evitar el deterioro del medioambiente y el efecto de calentamiento global.

En la actualidad, Colombia tiene un déficit fiscal que debe reducirse para hacer la economía menos vulnerable a choques externos, y fortalecer este gravamen parecería ser una alternativa que mejoraría los incentivos que requiere la sociedad para un crecimiento económico más verde y equitativo.

Miguel Urrutia
Profesor, Universidad de los Andes

 

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