Análisis / El fin de la Guerra Fría en el hemisferio

Para Estados Unidos es importante que, al restablecer relaciones diplomáticas con Cuba y aceptar su presencia en la Cumbre, La Habana adopte la visión de Washington frente al tema de los derechos humanos, que se enfoca en las libertades civiles y políticas.

Redacción Portafolio
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abril 10 de 2015
2015-04-10 04:52 a.m.

Cuando en 1992 la reunión de cancilleres de la OEA decretó una incompatibilidad con la pertenencia al organismo de los países con regímenes marxista leninistas, refiriéndose al caso de Cuba, se selló la suerte de los cubanos por los próximos cincuenta años. La exclusión del Gobierno de Fidel Castro del sistema interamericano sentó las bases para que, durante la Guerra Fría, la OEA se entendiera como un instrumento más de la política exterior estadounidense.

En 1991, luego de la caída del régimen soviético, el sistema interamericano estaba demasiado comprometido con los problemas de sus miembros, en especial con la promoción de la democracia y con los desafíos económicos que dejó la década de los ochenta, para ocuparse del tema cubano. Ni siquiera lo incluyeron en ‘La nueva visión de la OEA’, publicada en 1995 para adecuar la organización a los cambios del sistema internacional. Al contrario, el organismo se enfocó por completo en la democracia, tal como se evidenció en la adopción de la Resolución 1080 de 1991, que resalta la importancia de esta como fundamento para la paz en las Américas, y con la Carta Democrática Interamericana del 2001, que sostiene que “la democracia es esencial para el desarrollo (…) de los pueblos de las Américas”.

Fue precisamente en ese contexto que nació la primera Cumbre de las Américas en 1994, con el objetivo principal de fortalecer el libre comercio de las Américas, el desarrollo sostenible y la democracia en la región. Esta reunión se repite de manera periódica desde entonces y la última, en el 2012, tuvo como telón de fondo la no invitación a Cuba, tema que opacó la VI Cumbre y forzó al presidente Santos a ‘apagar el incendio’ que provocó el hecho de apartar a la república caribeña.

Tres años más tarde, Raúl Castro es invitado a la VII Cumbre de las Américas. La presencia de los cubanos en Panamá, hoy y mañana, en una cumbre enmarcada en un sistema que en el pasado la excluía, oxigena a la región y la catapulta al siglo XXI, junto con la negociación para el restablecimiento de las relaciones diplomáticas de la isla con Estados Unidos. Pareciera que el hemisferio está empezando a sanar las heridas de la Guerra Fría.

Sin embargo, todavía queda un largo camino por recorrer. Llegar a un acuerdo no es para nada fácil. Además de Guantánamo, están la definición de derechos humanos que adopta como fundamental cada país y el embargo a la economía de la isla.

Para Estados Unidos es importante que, al restablecer relaciones diplomáticas con Cuba y aceptar su presencia en la Cumbre, La Habana adopte la visión de Washington frente al tema de los derechos humanos, que se enfoca en las libertades civiles y políticas, tal y como aparecen en su Carta de Derechos –Bill of Rights– y que son el pivote central de su definición como Estado democrático.

Por su parte, los cubanos esperan que al manifestar su disposición para reintegrarse al sistema interamericano, se entienda que, para ellos, lo primordial son los derechos humanos en una expresión más integral, y que estos permitan el logro de sociedades justas e igualitarias en una región marcada por la inequidad.

Ambas posturas son válidas, pero para el Congreso estadounidense, con mayoría republicana, y que es quien tiene que votar para levantar las sanciones, la posición cubana está lejos de cumplir los mínimos requisitos para volver a ser parte del sistema interamericano. Si no incluyen el tema de los derechos políticos en su discurso, los republicanos, que son quienes dan el visto bueno a los recursos para la negociación y eventual embajada, el beneplácito al candidato a embajador y los que tienen la última palabra frente al embargo, pueden ser un obstáculo para la negociación entre Obama y Castro. Por su parte, para Cuba, el levantamiento del embargo es un tema de principios, y que ha utilizado frecuentemente para no negociar.

Obama dio un gran paso frente a Cuba y, desde lo político, el hemisferio puede empezar a sanar esa herida; pero más allá de Panamá y una cumbre por primera vez verdaderamente hemisférica, depende de los procesos internos de cada país avanzar en la unidad del continente. Por un lado, los republicanos pueden hacer trastabillar a Obama. Por otro, los cubanos deberán aceptar que la negociación no es un tema de principios, sino de intereses. De no ser así, se continuarán apagando incendios en el hemisferio.

Maria Teresa Aya Smitmans 

Miembro de Redintercol

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