Análisis/ Impactos energéticos

Redacción Portafolio
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noviembre 21 de 2013
2013-11-21 02:13 a.m.

La revolución energética de los hidrocarburos no convencionales en Estados Unidos está cambiando la cosmovisión de la energía en el mundo actual. El descubrimiento de nuevos recursos energéticos convertirá a ese país en el mayor productor de petróleo del planeta, por encima de Arabia Saudí, y también de gas natural, desplazando a Rusia e Irán hacia el 2020. Además de lo anterior, Estados Unidos será uno de los mayores exportadores de gas propano en el mundo, gracias a las corrientes de hidrocarburos líquidos que se obtienen en el proceso de producción del shale gas.

Así las cosas, el nuevo eje energético del planeta puede dibujarse en las Américas, y arranca en Alberta (Canadá), atraviesa los grandes estados productores de petróleo en Estados Unidos como Dakota del Norte, Oklahoma y Texas, y termina en Brasil, con los nuevos descubrimientos de ‘presal’ en ese país.

El petróleo seguirá siendo el recurso energético más utilizado en el mundo pese a que su participación en la canasta energética mundial pasará del 34 por ciento en el 2010 al 28 por ciento proyectado en el 2040. Sin embargo, gracias a este nuevo orden energético, menos barriles de crudo fluirán desde los países de la Opep hacia Estados Unidos, siendo reemplazados por producción propia complementada con mayores importaciones desde Canadá. Por lo anterior, el petróleo ya no será tan decisivo como herramienta política, como sí lo fue a mediados de los años 70. Es de esperarse que la ‘dependencia y seguridad energética’ verá reducida su importancia como tema de las campañas presidenciales en Estados Unidos.

En cuanto al gas natural, en el 2009, la relación de los precios por millón de BTU entre el crudo WTI y el gas natural (según el indicador Henry Hub) estaba en dos, lo que quiere decir que el petróleo costaba el doble que el gas por Mbtu. En el 2012, con los nuevos descubrimientos de los hidrocarburos no convencionales (petróleo y gas) en Estados Unidos, la relación de precios se incrementó a 8,4 y, posteriormente, en octubre del 2013, llegó a 4,6. Esto quiere decir que el petróleo por Mbtu está costando 4,6 veces más que el gas natural, y que dicho valor se ha incrementado en más del doble desde el 2009.

No se esperan reducciones significativas de los precios del petróleo a mediano plazo, principalmente porque el desarrollo de los hidrocarburos no convencionales, con procesos de producción más complejos y costosos, le pone, en la práctica, un piso a ese precio, que algunos analistas estiman por encima de USD70/Barril, mientras otros expertos consideran que el costo de producción del campo marginal puede llegar a USD 90/barril. Por otra parte, ante la nueva producción de shale gas en Estados Unidos, los precios de este recurso se mantendrían en los niveles actuales por algunos años más.

En una economía de mercado, el mensaje es claro y señala que, mientras la relación de precios por unidad de energía entre el petróleo y el gas natural se mantenga en los niveles actuales, existe la oportunidad de que los productos líquidos derivados del petróleo, como gasolina y diésel, se sustituyan gradualmente por el gas natural en forma líquida o LNG.

Lo anterior se refleja en el nuevo plan energético de Estados Unidos, en el que se contempla que el uso del gas natural en transporte crecería de 3 por ciento en el 2011 a 8 por ciento en el 2040. Uno de los usos que se viene abriendo camino es en el sistema ferroviario, el cual hoy consume el 5,5 por ciento del mercado del diésel en ese país. La decisión de utilizar gas natural podría comenzar a implementarse en el corto plazo, considerando que las máquinas actuales, pueden consumir una mezcla de 80-20 entre diésel y gas, respectivamente. También el LNG se utilizaría en los vehículos de transporte pesado o high duty, mientras que en los carros más pequeños, o light duty, es más eficiente el gas natural comprimido, similar al que se tiene en nuestro país.

En general, estas nuevas tecnologías en el transporte conllevan ahorros en los costos de operación, aunque requieren mayores inversiones en la adquisición de los nuevos equipos. Esto será viable en la medida en que se mantenga el diferencial de precios por Mbtu entre el petróleo y el gas natural. De ser así, los efectos de la sustitución de combustibles derivados del petróleo por gas natural en el sector transporte comenzarían a notarse en los próximos cinco años.

Para Colombia, las implicaciones de esta revolución energética podrían ser las siguientes: a) posibilidad de adaptar las nuevas opciones tecnológicas a los sistemas de transporte en el país, b) la producción incremental de gas propano en Colombia, tendrá como referente internacional precios con tendencia a la baja, lo que favorecerá su penetración principalmente en las zonas rurales, y c) los consumidores de EE. UU. serán los verdaderos beneficiados de los precios bajos del gas natural. Si Colombia tuviera la necesidad de importar este energético de ese país en el mediano plazo, los precios serían muy diferentes y, desde luego, más altos.

Luis Augusto Yepes

Consultor privado

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