Análisis/Internacionalización del seguro agropecuario

Nuestra realidad registra un indicador de aseguramiento que viene fluctuando alrededor del 1 por ciento, acreditándose como uno de los más pobres de Latinoamérica.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
septiembre 18 de 2013
2013-09-18 11:11 p.m.

En los recientes acuerdos marco que se suscribieron entre el Gobierno y los campesinos para darle solución a los paros agrícolas quedó la tarea de buscar una fórmula que permita lograr el anhelado, por décadas, desarrollo del seguro agropecuario. Este objetivo no se ha podido alcanzar a pesar de contar con el Fondo Nacional de Riesgos Agropecuarios desde 1993, recursos que permiten subsidiar hasta el 80 por ciento de la prima que pagan los productores.

Con ese apoyo gubernamental tan generoso, cualquier desprevenido esperaría que el índice de cobertura de las hectáreas asegurables tuviera niveles como los de Argentina, Brasil o México, que según el Banco Mundial tienen el 30, 40 y 60 por ciento, respectivamente, de cobertura de sus cultivos.

Sin embargo, nuestra realidad registra un indicador de aseguramiento que viene fluctuando alrededor del 1 por ciento, acreditándose como uno de los más pobres de Latinoamérica, lo cual también se refleja en el uso de los recursos del Fondo Nacional de Riesgos Agropecuarios que desde 2005 ha tendido en promedio a usar solo el 26,9 por ciento; y a julio del 2013, de 22.000 millones de pesos presupuestados se han ejecutado apenas 7.265 millones de pesos.

Hay factores del lado de la oferta y la demanda que explican este profundo retraso en la implementación sistemática y generalizada de los seguros por parte de los productores como una sana práctica empresarial. Del lado de la demanda, se puede afirmar que en Colombia no se ha afianzado aún la cultura de considerar, con convicción, la administración de riesgos como un factor trascendental de creación de valor y competitividad, y en esas condiciones se ha dado una débil señal de apetito por comprar pólizas a las aseguradoras que tienen la posibilidad de estructurar seguros agropecuarios de cobertura integral y bajo costo, cuando se prevén grandes volúmenes de demanda.

En tal sentido, entre el 2007 y el 2012 solo un asegurador ofreció pólizas a ciertos cultivos en el país, después de diversos esfuerzos del Gobierno y el sector asegurador; desde el 2013 hay dos firmas locales adicionales que con cierta cautela metódica en el inicio de su curva de aprendizaje vienen ofreciendo seguros que aún no tienen amplia demanda.

Conscientes de esta limitación estructural, se quiso ampliar el panorama para que aseguradoras extranjeras con trayectoria en el ramo agropecuario pudieran expedir pólizas en nuestro país. Con ese fin, a través de la Ley 1450 del 2011 se autorizó a las compañías de seguros del exterior, directamente o por conducto de intermediarios autorizados, para expedir pólizas de seguro agropecuario, y se facultó a la Superintendencia Financiera para establecer la obligatoriedad del registro de estas empresas o de sus intermediarios en el Registro de Entidades Aseguradoras e intermediarios de Seguro Agropecuario del Exterior (Raisax).

Si bien la intención fue sensata, dos años después ninguna aseguradora extranjera se ha podido inscribir debido a que aquellas que han tenido una firme determinación de hacerlo se han encontrado con un obstáculo específico relacionado con el requisito que exige el Raixas de una calificación internacional de fortaleza financiera de la aseguradora.

El hecho es que el volumen potencialmente asegurable no atrae todavía a las empresas internacionales que cuentan con esta credencial y tienen la experiencia agraria. Estas compañías regularmente están ubicadas en mercados desarrollados.

Las aseguradoras de la región que están dispuestas a participar en el mercado colombiano lo hacen básicamente por estar activas en distintos países de Latinoamérica. Estas firmas se han acostumbrado a acreditar su solidez a partir de someter directamente al análisis de las autoridades de las naciones, su información relevante relacionada con la fortaleza financiera, idoneidad y trayectoria. En esa dirección, no han requerido la certificación de una calificadora internacional para ofrecer sus coberturas en Argentina, Brasil o México.

En esas condiciones, las compañías de la región especializadas en el seguro agropecuario no ven una relación beneficio-costo favorable al someterse a esta evaluación periódica y de altos valores monetarios.

Lo lamentable es que muchas de estas aseguradoras restringidas por el Raixas tienen la posibilidad de estructurar seguros a la medida de requerimientos de los subsectores agrícola, pecuario, forestal y acuícola que hasta el momento no se les ofrecen en el mercado doméstico. Varias de las organizaciones foráneas declaran poder asegurar riesgos biológicos a los que están expuestos algunos cultivos colombianos y que vienen generando grandes pérdidas económicas a los productores.

Esta situación nos exige definir una fórmula intermedia que sea audaz y segura para destrabar la llegada de empresas que pueden activar con fuerza el uso del seguro agropecuario.

Si bien la solidez financiera no es negociable, también es cierto que hay varias formas de mostrar su real existencia más allá de la certificación de una calificadora internacional. Igualmente, existen mecanismos que permiten garantizar la presencia de recursos en el país para honrar las obligaciones, y en esa lógica se podría pensar en una alternativa al Raisax, en la que se exijan índices financieros específicos, depósitos locales de dinero que respalden las operaciones, acreditación de experiencia pertinente y ante todo, el respaldo de reaseguradores de primera línea mundial.

A estos cambios se les podrían sumar otros que incentiven la demanda de pólizas por la vía de premios a la buena gestión del riesgo, como por ejemplo, que los seguros mejoren sustancialmente los perfiles de acceso crediticio bancario y a otras ayudas del Gobierno, contemplándose también la posibilidad de bajar las tasas de interés. Este enfoque puede ser el gran detonante que convierta al seguro agrario en un factor trascendental de desarrollo agropecuario del país.

Iván Darío Arroyave Agudelo

Presidente de la Bolsa Mercantil de Colombia

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