Análisis/Krugman, Solow y Gates sobre Piketty

Tras leer el libro de Piketty, motivado por sus amigos, Bill Gates, en entrevista, le expresó estar de acuerdo con sus ideas más importantes, pero manifestó su preocupación sobre algunos elementos de su análisis, como no diferenciar adecuadamente los diferentes tipos de capital.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
diciembre 10 de 2014
2014-12-10 03:05 a.m.

Tras declararse ‘celoso’ por el éxito del libro de Thomas Piketty -El Capital del Siglo XXI–, Krugman ha reconocido que dicho texto puede ser la mejor obra del decenio, y ha afirmado que “la novedad del Capital, es su forma de destrozar el mito más querido por los conservadores: su insistencia en considerar que vivimos en una meritocracia, donde las grandes riquezas son ganadas y merecidas” (New York Times, The Piketty Panic, abril 24/14).

La tesis central de Piketty, en el sentido de que “el rendimiento del capital desde hace tiempo supera la tasa de crecimiento de la economía”, explicaría la desigualdad entre las rentas y los patrimonios, pues si la remuneración al capital progresa más rápido que la tasa de crecimiento, la participación del capital en la riqueza total aumenta considerablemente. El nonagenario Solow declaró que tras dedicar su vida a analizar los componentes del crecimiento, no sale de su asombro, pues Piketty ha logrado “descubrir el mecanismo, jamás antes descrito, de la superioridad del rendimiento del capital respecto a la tasa de crecimiento de la economía, desviando así gran parte de la riqueza hacia los más ricos”.

El profesor de Harvard, Dani Rodrick, declaró que para Piketty “su éxito llegó en el momento justo”, cuando el movimiento contestatario Occupy Wall Street se había debilitado, y respaldó a Piketty al afirmar que en Estados Unidos “el 1 por ciento de la población capta el 22,5 por ciento de los ingresos” .

Mientras el mencionado Solow se declara maravillado frente al “tamaño considerable de la base de datos que ha constituido una contribución estupenda”, en el bando opuesto, el exconsejero económico de Reagan, Martin Feldstein, critica lo que considera visión demasiado estática de Piketty y afirma que “sus conclusiones sobre el incremento considerable de la desigualdad podrían ser correctas si la gente viviera eternamente”. Nuevos ricos emergen y otros pueden perder su fortuna (Le Figaro, junio 27/14) y, asimismo, Michael Tanner, del conservador Cato Institute acusa a Piketty de desconocer que las fuerzas del mercado han sacado de la pobreza a centenares de chinos.

El semanario Bloomberg Business Week ha afirmado que “El Capital en el siglo XXI ha desatado un fervor ideológico digno de las multitudes frente a las puertas de La Bastilla”, y el mismo Piketty ha reconocido que “me desempeño mejor en el análisis del pasado que en la predicción del futuro”, y que “se puede no estar de acuerdo con lo que digo en la cuarta parte de mi libro y, de todas formas, encontrar interesante lo que explico en las tres primeras” (Le Fígaro 27/06/14).

Tras leer el libro de Piketty, motivado por sus amigos, Bill Gates, en entrevista, le expresó estar de acuerdo con sus ideas más importantes, pero manifestó su preocupación sobre algunos elementos de su análisis, como no diferenciar adecuadamente los diferentes tipos de capital. (Gates Notes, Why Inequality Matters, 13 octubre/2014). Gates coincide con Piketty en que los altos niveles de desigualdad son un problema porque destrozan los incentivos económicos, atan las democracias a los intereses más poderosos y socaban el ideal de que todos los hombres son creados iguales. Reconoce asimismo, que el capitalismo no se regula hacia una mayor equidad y el exceso de concentración de la riqueza puede tener un efecto de ‘bola de nieve’ si no se controla.

Gates reconoce que los gobiernos pueden tener un papel constructivo en compensar dichas tendencias, e, invocando el aumento de la clase media en China, México, Colombia, Brasil y Tailandia, afirma que el mundo, en su conjunto, se está tornando más equitativo y esa tendencia positiva puede continuar. Y cree que “la desigualdad extrema no debe ser ignorada y si ella es inherente al sistema, hay que definir cuál nivel de desigualdad es aceptable”.

Gates atribuye a Piketty no dar una visión completa acerca de cómo se crea la riqueza y cómo se desintegra, y considera que el autor francés no da cuenta de las poderosas fuerzas que contrarrestan la acumulación de la riqueza de una generación a la siguiente: sobre la tesis de Piketty de que el poder se obtiene por herencia y no por meritocracia, Gates sostiene que de la mayoría de multimillonarios estadounidenses de la lista Forbes 400, ninguno tuvo ancestros que hayan sido ricos en siglos pasados, pues el viejo dinero se ha evaporado por inestabilidad, inflación, impuestos, filantropía y gasto. E invoca a su favor la quiebra de las empresas automotrices que hizo descender, entre 1910 y 1940, de 224 fabricantes a 21.

Finalmente, Gates acusa a Piketty de descuidar el consumo de bienes y servicios que permite comprender mejor el bienestar humano. Y respecto de la fiscalidad, sostiene que no tiene sentido gravar el trabajo, no apoya la idea de Piketty de un impuesto progresivo al capital, propone un impuesto al consumo, y respalda un impuesto al patrimonio de los herederos millonarios para financiar la investigación y la educación.

Apoyado en Piketty, Obama ha señalado que “la desigualdad creciente y peligrosa y la ausencia de movilidad social ascendente han puesto en peligro el contrato social de base de la clase media”.

Beethoven Herrera Valencia

Profesor de las universidades Nacional y Externado


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