Análisis / Lecciones de una Copa Mundo seca

Nuestra Selección de Fútbol nos ha dado mucho más que triunfos en las canchas, nos ha dado ejemplo de lo que es el juego limpio y el trabajo en equipo; nos ha recordado que somos un pueblo alegre, pacífico, trabajador, unido por una bandera bella y la esperanza de un mejor destino.

Redacción Portafolio
Opinión
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Redacción Portafolio
julio 10 de 2014
2014-07-10 12:30 a.m.

En las últimas semanas, los colombianos nos hemos regocijado con el desempeño de nuestra Selección de Fútbol en la Copa Mundo. Lamentablemente, durante la celebración de una de las primeras victorias, que coincidió con la segunda vuelta de las elecciones presidenciales y, por lo tanto, bajo vigencia plena de la ley seca, se presentaron nueve homicidios, casi todos en recintos privados, que, rápida, aunque erróneamente, fueron presentados por voceros oficiales y medios de comunicación como relacionados con las celebraciones.

Esta misma situación se presentó el fin de semana siguiente después de la victoria contra Uruguay.

Por medio de Twitter, voceros oficiales nos informaron que, pese a la implantación de la ley seca y otras medidas, las celebraciones habían ocasionado ocho muertos en la capital.

La Policía y el Alcalde encargado dieron otra versión de lo sucedido y expidieron un parte de normalidad. Los hechos parecen darle la razón a estos últimos.

Estos incidentes han llevado a algunos formadores de opinión a teorizar, una vez más, sobre una supuesta naturaleza violenta de los colombianos que no nos permite siquiera celebrar los triunfos deportivos sin caer en desmanes colectivos; nada más erróneo.

En la tranquila y civilizada ciudad de Vancouver, en Canadá, el 15 de junio del 2011, dos archirrivales del hockey se enfrentaron en el último partido de la serie final de la Copa Stanley: los Bruins de Boston y los Canucks de Vancouver. Al concluir el partido, que ganó el equipo de Boston, se desató en la ciudad una monumental riña callejera que generó un grave motín de varias horas, cientos de heridos y millonarias pérdidas.

Los motines de hinchas, para sorpresa de muchos, son aún más comunes en Estados Unidos, donde constituyen la principal causa de disturbios públicos. De hecho, más de la mitad de las finales de todos los campeonatos estadounidenses generan algún tipo de desorden público, usualmente, es curioso, en la ciudad del equipo ganador.

La planeación oportuna y la intervención eficaz de la policía local en Canadá y Estados Unidos, por lo general, evitan que estos incidentes escalen en motines de grandes proporciones.

En nuestro país, en cambio, para acompañar los partidos de la Selección, autoridades municipales, copiando las medidas tomadas por Bogotá, anunciaron restricciones que iban desde la ampliación del pico y placa hasta la imposición de ley seca, incluso, en un municipio menor, se llegó a proponer el toque de queda.

¿Son estas restricciones a las libertades de los ciudadanos las medidas adecuadas para prevenir posibles desordenes asociados con los partidos de la Selección?

Los expertos señalan que lo primero que hay que hacer para prevenir desordenes y violencia asociada a eventos deportivos es evitar concentraciones de hinchas en lugares donde la policía no esté en capacidad de controlar brotes de violencia.

El número y localización de pantallas gigantes es un aspecto fundamental: si la ciudad tiene muy pocas, se presentarán grandes aglomeraciones y la probabilidad de que la policía resulte desbordada será mayor.

Otro aspecto clave es la forma de intervención policial. Una presencia policial agresiva, como la de los grupos antimotín Esmad, curiosamente no resulta disuasiva, sino todo lo contrario.

Entre los hinchas, como entre la población general, siempre hay un porcentaje pequeño de camorreros para quienes la presencia de los robocops es una invitación a generar una buena pelea. Lo anterior no significa que la presencia policial se deba limitar a esa especie de boy scouts adolescentes que tiene nuestra policía en la forma de amables auxiliares de policía. La clave es tener en los lugares de concentración de hinchas a los policías profesionales tradicionales, manteniendo la distancia y a modo de apoyo a los grupos antimotines.

Pero no todo el trabajo de intervenir los brotes iniciales de anticivismo puede ser responsabilidad de la policía. Los investigadores señalan que tan importante como la presencia policial es una efectiva presión de grupo por parte de la ciudadanía misma; los hinchas son los mejores para prevenir la violencia de otros hinchas: si la gente le dice al que quiere prender la mecha del desorden: “¡Oiga no haga eso!”, la violencia no escala y el tema no pasa de ser un conato de gresca.

¿Y qué se debe hacer con el trago? Christian End, experto en comportamiento de hinchas de la Xavier University en Cincinatti, piensa que, aunque el consumo irresponsable de alcohol tiene el potencial de generar riñas, no es el principal factor generador de violencia y que usarlo como chivo expiatorio termina llevando a la conclusión ingenua de pensar que su control prevendrá la violencia.

Los graves disturbios de Vancouver se presentaron pese a la imposición de severos controles a la venta y consumo de alcohol.

Esta Selección nos ha dado mucho más que triunfos en las canchas, nos ha dado ejemplo de lo que es el juego limpio y el trabajo en equipo; nos ha recordado que somos un pueblo alegre, pacífico, trabajador y humilde, unido por una bandera bella, por un himno surrealista y la esperanza de un mejor destino.

Nos ha recordado que podemos aspirar a ser mejores y a ganar en franca lid contra los mejores. No sé ustedes, pero yo creo que nuestras autoridades deben aprender rápidamente las mejores técnicas que existen para prevenir los posibles disturbios que causan las victorias deportivas, porque sospecho que vendrán muchas, y todos debemos ayudarles.

Andrés Mauricio Peñate G.

Vicepresidente de Asuntos Corporativos SabMiller Latam.

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