Análisis/Los límites éticos al mercado

Sandel muestra que con el neoliberalismo se ha pasado de una economía de mercado a una sociedad de mercado. Si la primera es una herramienta para organizar la actividad productiva, en la segunda, los valores mercantiles penetran todas las actividades humanas.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
octubre 19 de 2014
2014-10-19 09:46 p.m.

La visita de Michael Sandel atrajo la atención sobre su obra Lo que el dinero no puede comprar, en el cual muestra que con el neoliberalismo se ha pasado de una economía de mercado a una sociedad de mercado. Si la primera es una herramienta para organizar la actividad productiva, en la segunda los valores mercantiles penetran todas las actividades humanas (salud, educación, seguridad pública, seguridad nacional, justicia penal, ocio, procreación), al punto que conductas que parecían inaceptables, hoy son consideradas normales.

Este hecho refuerza la desigualdad, pues solo podrán acceder a los bienes y servicios quienes puedan pagar y genera corrupción, pues al poner precio a las cosas buenas de la vida (pago por maternidad, por contaminar, por leer y obtener buenas notas) estas pierden su valor intrínseco para convertirse en mercancía.

La cola para ingresar a un sitio permitía atender al que primero llegó, pero al permitir pagar por ingresar a los hospitales, espectáculos o al Capitolio, accede primero el que tenga mayor capacidad de pago, y hay médicos que aseguran un servicio domiciliario y personalizado al quien se lo pueda costear. Los que deseen acceder rápidamente al último piso del Empire State, pueden pagar 45 dólares, y quienes soliciten en Colombia un taxi con localización satelital, podrán asegurar la llegada del servicio si ofrecen el pago de una prima VIP.

Esta filosofía se expresa en la ley propuesta por Becker y aprobada en el Congreso de Estados Unidos en 1990, que otorgaba residencia por 10 años al inversionista que trajera 500.000 dólares, y propuso cobrar por el asilo político.

Sandel analiza los incentivos aplicados en Kenia y Suráfrica para esterilizar a mujeres drogadictas (300 dólares) o enfermas de Sida (40 dólares), y contradice la tesis neoliberal de que esto es una elección libre, puesto que sostiene que las afectadas no tienen libertad de elección por la situación precaria en la que viven.

En Chicago, un niño tuvo 1.865 dólares en un año por sus notas sobresalientes, en el 2006 el Congreso de Estados Unidos creó el fondo de incentivos a profesores por el desempeño de sus alumnos, y en Nashville se ofrece a docentes de matemáticas hasta 15.000 dólares de bonificación, si mejora el desempeño de sus alumnos.

Sandel considera “soborno sanitario” los pagos de 10 a 100 dólares por tomar los medicamentos, y se triplica la compra y venta de derechos al tener hijos en países que limitan la natalidad, la venta de derecho de matar a un rinoceronte en Suráfrica y Kenia o a una morsa en Canadá, o el comercio de cupos para contaminar.

Es tal la mercantilización de las conductas humanas, que a las tradicionales fábricas de discursos se han agregado empresas que cobran por ofrecer disculpas a nombre de alguien, otorgan doctorados honoris causa a los filántropos y conceden acceso fácil a los colegios y universidades, a los hijos de los donantes.

Si en el pasado la gente donaba sangre voluntariamente, hoy la misma se vende, hay tráfico de órganos y existen países que aceptan pagos por almacenar desechos tóxicos nocivos a la salud.

El autor cree que este proceso de mercantilización ha pasado de traficar bienes y servicios a convertir en mercancía la conducta humana.

Su obra concluye analizando el mercado de la vida y la muerte: compañías que compran seguros de vida para sus trabajadores y directivos con el propósito de compensar el costo de sustituirlos cuando mueren, negocio que en el 2008 alcanzó los 122.000 millones de dólares, y sostienen que para estas compañías los trabajadores son más valiosos muertos que vivos.

En la misma línea, presenta el caso de personas que compran los seguros de vida de enfermos terminales para cobrar su póliza al morir, pretendiendo legitimar esta práctica con el pretexto de suministrarle los medicamentos y una muerte digna.

El Pentágono creó una página web en el 2003, invitando a apostar para adivinar dónde sería el próximo ataque terrorista, con el argumento de que “los mercados no solo son efectivos, sino clarividentes y ayudan a evitar ataques terroristas”.

Es interminable la enumeración de conductas de mercantilización que hace el autor, pues además de pagar un palco de lujo en un estadio y clase ejecutiva en un avión, está de moda tatuarse en el cuerpo publicidad comercial a cambio de dinero e, incluso, en la cabeza publicidad de Air New Zeland, a cambio de un tiquete aéreo o de 777 dólares (publicidad para el Boeing 777).

Sandel considera que ni el mundo financiero ni el público han derivado lecciones de la crisis financiera, ya que, a pesar de ella, no se ha quebrantado la fe en el mercado. Critica la estrategia de multar a los bancos, pues estos ven las sanciones como un costo más, y no se aplicaron castigos individuales, sino rescates masivos, que los ciudadanos pagaron con sus impuestos; propone incluir voces ciudadanas en las juntas directivas.

En Colombia, los trabajadores que aportan a los fondos pensionales y son, en efecto, los verdaderos dueños del capital, no tienen la justa representación en su dirección.

Beethoven Herrera Valencia
Profesor de las universidades Nacional y Externado

Con la colaboración de Javier Murguey y Juan Pablo Vélez
 


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