Análisis / Manipulando el oro

La preocupación por los conflictos internacionales (en áreas petroleras), las crisis bancarias y la fragilidad de las monedas internacionales, han aumentado la tendencia a buscar el oro como refugio.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
mayo 14 de 2014
2014-05-14 12:59 a.m.

Cinco bancos han sido acusados de manipular el precio del oro, lo cual recuerda el escándalo por la manipulación de la tasa interbancaria (Libor) de Londres, que condujo a otra investigación judicial y a la pérdida del control sobre dicha tasa de interés por parte de de Londres, en favor de la Bolsa de Valores de Nueva York.

“Kevin Maher presentó una demanda colectiva contra los bancos Generale, Deutsche Bank, Barclays, Bank of Nova Scotia y HSBC, acusándolos de haberse coludido como miembros del London Gold Market Fixing Ltd, instancia que realiza dos veces al día teleconferencias entre los bancos para fijar el precio, dependiendo de la oferta y demanda por el metal” (Portafolio, marzo 6 de 2014).

Históricamente, el oro se aceptó como medio de reserva y de pago por su densidad, homogeneidad, resistencia y maleabilidad.

Ello explica el aprecio que tenían los indígenas por ese metal, el cual usaban solo para adornarse; y la pasión desaforada con la que los españoles lo buscaban para saquearlo: en los tres siglos de colonia, el oro llevado a Europa por los peninsulares incrementó en 600 por ciento el total del metal disponible en Europa y facilitó el intercambio, la acumulación y el crecimiento.

Durante la hegemonía británica imperó el patrón oro, de modo que la libra esterlina estaba soportada en metal, era convertible a una paridad fija y había libre circulación del metal. Pero tras la emisión monetaria desbordada que se hizo para financiar la Primera Guerra Mundial, el patrón del oro se eliminó en septiembre de 1931 y los esfuerzos para restablecerlo fueron inútiles, como lo ha mostrado Cohen.

En la conferencia de Bretton Woods, en julio de 1944, se adoptó el dólar como patrón y Estados Unidos se comprometió a tener una onza de oro como respaldo para 35 dólares, pero la emisión de 500 mil millones de dólares para financiar la guerra de Vietnam hizo imposible responder a la convertibilidad prometida y Nixon lo anunció en agosto de 1971.

Keynes (reformador de la moneda en India y especulador en Londres) propuso crear un patrón monetario mundial, emitido por todos los países miembros del sistema internacional, al cual propuso denominar Bancor, que sería emitido por un banco central mundial. Buscaba así evitar que el señoreaje de la potencia hegemónica le permitiera pagar con papel los bienes y servicios comprados a los demás miembros del sistema.

En contra de esa posición, Harry Dexter White, asesor del secretario del Tesoro, Morgenthau, propuso convertir en divisa mundial la moneda que tuviese mayor respaldo en metal precioso, y como el 75 por ciento del oro del mundo estaba en la reserva estadounidense, en Fort Knox, la decisión fue obvia.

La historia le daría razón a Keynes, pues los Derechos Especiales de Giro (DEG) que creó el FMI en 1969 y el euro, son su reconocimiento tardío (block, Los orígenes del desorden económico internacional,1984).

Quienes defienden al oro sostienen que es un refugio frente a la especulación, la volatilidad y la inflación, al mismo tiempo que es indestructible y puede reciclarse para utilizarlo en joyería y odontología.

Pero hay consenso en que si se forzara un retorno al patrón de oro se produciría una deflación, pues la oferta de oro crece menos que el valor de los bienes y servicios que deben ser intercambiados, según lo ha mostrado Barry Eichengreen en su obra La globalización del capital.

Los apologistas del metal destacan su valor independiente de los conflictos (a diferencia del petróleo) y que no encierra los riesgos de los bonos, títulos y acciones, pero los críticos argumentan que el metal no genera renta, hay que pagar por custodiarlo y puede servir más para regalos que como inversión.

De hecho, los bancos centrales y el FMI, que en el pasado eran vendedores netos de ese metal, en la actualidad se comportan como compradores.

Entre el 2005 y el 2010 se produjeron 3.779 toneladas anuales de oro provenientes en 59 por ciento de minería, 6 por ciento de ventas netas de bancos centrales y 36 por ciento de reciclaje.

“El mayor productor es China, con 351 toneladas anuales, seguido por Australia, con 261 y Estados Unidos, con 234; y el costo pasó de 281 dólares por onza en 2001 a 655 dólares en 2008” (Portafolio, 11 de julio de 2012).

Adicionalmente, la preocupación por los conflictos internacionales (en zonas petroleras), las crisis bancarias y la fragilidad de las monedas internacionales han aumentado la tendencia a buscar el oro como refugio.

Frente a la evaporación de los activos que sufren quienes utilizan los sistemas Forex o ahorran en bitcoins, y a las pérdidas masivas de los ahorradores en Islandia, Irlanda, Portugal, España, Grecia, Chipré y Estados Unidos.

Hoy, el oro ha subido hasta 1.400 dólares por onza, y hay quienes creen que su precio puede ascender hasta 2.000 dólares por onza.

De prosperar la mencionada demanda, resultará claro (como ya ocurrió con la tasa Libor) que el mercado no funciona de modo perfecto cuando intereses poderosos se coluden para manipular las variables determinantes de la economía. Una vez más queda en evidencia que entregar la regulación de un mercado tan importante a los interesados en el mismo, será siempre el preludio de la manipulación y del abuso.

Beethoven Herrera Valencia

Profesor de las U. Nacional y Externado.

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