Análisis/ La mirada masculina de Colombia

Son muchos los aportes que la mujer colombiana le puede hacer a un país que ha sido controlado prioritariamente por los hombres, precisamente en un momento como el actual cuando los resultados de su gestión no son precisamente para sentirse orgullosos.

Redacción Portafolio
Opinión
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Redacción Portafolio
marzo 23 de 2015
2015-03-23 10:05 p.m.

Acaba de realizarse el foro ‘El Estado de la Nación Colombiana’, organizado por EL TIEMPO, la Universidad del Rosario y la Fundación Konrad Adenauer, que reunió, según se afirma, a líderes que discutieron sobre la situación actual del país. Lo interesante no fue tanto lo que dijeron, muchos lugares comunes, sino que quienes merecieron ser destacados por lo valioso de sus ideas, porque ostentan posiciones de poder en el país, son mayoritariamente hombres. Solo en justicia, se observa la presencia de una mujer.

Nadie duda de la capacidad de estos señores, pero, la pregunta que surge por enésima vez es la siguiente: por qué seguimos teniendo solo una mirada masculina sobre lo que sucede en el país. Eso podía ser válido hace 60 años, cuando las mujeres estaban en la lucha para que se les reconocieran sus derechos y apenas se acababa de aprobar el voto femenino en Colombia. Que, de paso, sería bueno acordarse que esto sucedió durante el periodo de la dictadura del general Rojas Pinilla y no cuando estaba en el poder el Partido Liberal.

Pero, estamos en el siglo XXI, y la realidad de la sociedad colombiana es otra. Las mujeres han invadido no solo las escuelas de educación básica en el país, sino que están sobrerrepresentadas en las universidades. Se destacan en la academia, pero más las que salen de este país patriarcal y en el extranjero logran ese reconocimiento que aquí les es esquivo.

Claro que estamos llenos de mujeres valiosas en todos los campos, pero lo que sucede con este tipo de encuentros, en los que sobresalen los señores, es que nos aterrizan en la cruda realidad a aquellas que creíamos que habíamos ganado espacios en los círculos del poder. Dos interpretaciones caben. La primera es que de nuevo las altas posiciones en el Estado, en el sector privado, en los gremios y en la política, siguen acaparadas por estos hombres colombianos que se comportan como sus abuelos y bisabuelos. Todavía parecería que predomina el concepto de sexo. Es decir, que el mundo está dividido entre hombres y mujeres que nacieron con el destino escrito en la frente; ellos a manejar el poder y ellas calladitas, dedicadas a cuidarlos, a ellos y a sus descendientes.

Ese concepto de género, que recoge los cambios sociales que viven hoy hombres y mujeres, lo asocian solo a las mujeres. Tienen razón, en el sentido de que ellos poco han cambiado, pero se equivocan cuando solo le reconocen sus grandes posibilidades intelectuales y de capacidad de mando, a sus hijas.

Pero las mujeres capaces, a veces más que los hombres, no son excepciones ni personas que necesitan que las consientan. Son seres humanos que han tenido que esforzarse el doble que los hombres para que les reconozcan la mitad de sus méritos. Y eso sí les va bien. No es posible que en lo avanzado de este siglo, Colombia sea manejada fundamentalmente por la visión masculina de la realidad. Son muchos los aportes que la mujer colombiana le puede hacer a un país que ha sido controlado prioritariamente por los hombres, precisamente en un momento como el actual cuando los resultados de su gestión no son precisamente para sentirse orgullosos.

Así se hayan nombrado, desde hace tiempo, mujeres en los ministerios y en las cortes, todas han vivido el famoso techo de cristal cuando de llegar a la cúspide del poder en distintos sectores se trata. Una mujer en la Andi, ni pensarlo. Una mujer presidenta, tampoco, ni siquiera ministra de Hacienda, ni del Interior, ni consejera de paz. Presidenta de Ecopetrol, para muchos sería una absoluta locura, gerente del Banco de la República, cómo se les ocurre y así sucesivamente.

La reflexión sería la siguiente: con excepción de la esperanza de la paz, todo lo demás que está sucediendo en Colombia en todas las esferas del poder es un desastre. Triunfalismo en la economía, que es peligroso; fracaso que no se acepta, en el acceso a los derechos como el de salud; más políticos en la cárcel por paramilitarismo; grandes empresarios corruptos, jueces y abogados en la picota pública; pocas ideas novedosas, creativas para remediar tantos males.

A las mujeres que no nos incluyan entre los grandes culpables, porque aun las que han llegado a posiciones relativamente importantes, quedan bajo el dominio de unos jefes que se creen superiores, muchas veces, sin serlo. Si Colombia quiere encontrar un verdadero cambio, ábranle el camino a tanta mujer valiosa, esforzada y no la usen simplemente para rellenar puestos y quitarse el estigma de patriarcas. Están a tiempo, pero las mujeres debemos cambiar de estrategia; no más reuniones entre convencidas y dejemos de mirar con reverencia a los hombres en público para denigrar de ellos en privado. Por el contrario, convoquémoslos para que no solo conozcan nuestro físico, sino esa gran capacidad intelectual que hemos construido a pesar de ellos. Si siguen encerrados en su pequeño círculo, nosotras irrumpamos en esos espacios y demandemos sin temor.

Estamos listas, sin duda.

La sola mirada masculina no es suficiente para afrontar los inmensos retos de un país que quiere y necesita cambiar su historia de violencia, de odios, de mezquindades. Han tenido décadas para reformar esa triste realidad y no han podido. Reconózcanlo y serán más hombres, mejores líderes, si lo hacen. Para no decir que mucho mejores compañeros de lo que han sido hasta ahora.

Cecilia López Montaño
Exministra- exsenadora
 

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