Análisis/Un momento decisivo para Escocia

Separarse, autoafirmarse, reivindicarse puede ser difícil, pero es posible sin el uso de la fuerza. La lección de esta y otras experiencias es: más democracia y menos violencia.

Redacción Portafolio
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agosto 15 de 2014
2014-08-15 04:53 a.m.

Actualmente, las noticias internacionales están llenas de imágenes de procesos de reivindicaciones violentas, de discusiones territoriales y culturales zanjadas por el uso indiscriminado de la fuerza. No obstante, en algunas partes del mundo se surten procesos silenciosos, que se han cocinado por décadas a fuego lento y que buscan ser resueltos a través de las herramientas democráticas. El próximo 18 de septiembre, en Escocia se llevará a cabo un referendo que decidirá si este territorio se independiza o se mantiene dentro del Reino Unido. La pregunta que se utilizará en el proceso es muy sencilla: ¿debe Escocia ser un país independiente?

El Gobierno escocés adelantó entre el 2007 y el 2009 un proceso de conversación nacional, en el cual los ciudadanos participaron con propuestas e inquietudes sobre su política. De allí surge un documento ‘Tu Escocia, tu voz’ como un libro blanco que daba algunos lineamientos para el futuro del territorio escocés. Por entonces, más que un proceso de independencia, la recomendación de los partidos no independentistas, en esa época aún mayoritarios, era aumentar las atribuciones fiscales del parlamento escocés. No obstante, el alcance de estas iniciativas en la práctica fue reducido y la agenda política de Reino Unido, en un contexto de recortes presupuestales y reformas institucionales aumentó el nivel de insatisfacción en Escocia.

En mayo del 2011, el Partido Nacional Escocés (SNP) obtuvo 69 de los 129 escaños en el Parlamento de Holyrood (parlamento escocés). El tema de la independencia tomó más relevancia. El eje político del SNP ha sido el la independencia; su victoria electoral se manifestaba como una victoria de las ideas de autonomía. En enero del 2012, el primer ministro escocés, Alex Salmond, lanza la iniciativa para consultar a la población sobre la viabilidad de un referendo que determinara el futuro de Escocia.

En octubre del 2012, el primer ministro escocés y el primer ministro del Reino Unido, David Cameron, firmaron el Acuerdo de Edimburgo, en el que se determinaban algunos elementos para la ejecución del referendo. Se concilió la realización de una sola pregunta, dejando de lado la posibilidad de hacer preguntas sobre la ampliación de poderes bajo la relación actualmente existente y se aceptó bajar el límite de edad para votar a los 16 años. La idea más básica de la independencia es cesar los poderes del Parlamento de Westminster para legislar sobre asuntos de Escocia, esto significa anular las Actas de la Unión de 1706, permitiéndole a Escocia tener personalidad legal y reconocimiento internacional propio. Actualmente, dentro del Parlamento del Reino Unido, Escocia es representada por 59 miembros de un total de 650 parlamentarios, es decir, 9 por ciento, lo que al margen de las filiaciones partidistas han generado una sensación de subrepresentación política.

El Gobierno escocés señala que desde el 2010, casi de forma mayoritaria, los parlamentarios escoceses han votado en contra de los aumentos al impuesto a las ventas, los procesos de ajuste y reducción presupuestal, la privatización del servicio de correos y una serie de recortes y reajustes de los beneficios del sistema de seguridad social. Sin embargo, estas medidas se han adoptado por voto mayoritario dentro de Westminster con la agenda del Gobierno conservador, cuyo partido, a su vez, solo obtuvo la mayoría en una de las 59 circunscripciones de Escocia.

El Partido Nacional Escocés ha manifestado que de ser independientes, Escocia mantendría a la Reina como Jefe de Estado, tal y como lo hacen los 16 países miembros de la Commonwealth, conservarían la libra esterlina como moneda, mientras que el Área de Viaje común que existe desde 1920 mantendría la libre circulación de personas. Buscarían mantenerse dentro de la Unión Europea y en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (Otan). Así, los cambios más sensibles se darían en cuanto a la idea de obtener la autonomía para legislar para sus propios intereses.

Las encuestas de opinión expresan que la mayoría de los escoceses votaría no al referendo, manteniendo la unidad del Reino. No obstante, el ejercicio de debatir en torno a las políticas que son mejores para una comunidad, para hacer sentir su inconformidad con el sistema de decisiones de Westminster, es una oportunidad para mejorar la relación del Gobierno central con los estados miembros. Estos procesos permiten una reflexión en esta coyuntura convulsionada: separarse, autoafirmarse, reivindicarse puede ser difícil, pero es posible sin el uso de la fuerza. La lección de esta y otras experiencias es: más democracia y menos violencia.

Olga Illera Correal

Miembro de Redintercol


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