Análisis / Nicaragua: ¿volver a la Mosquitia?

Se suponía que se habían aprendido las lecciones sobre cómo fueron recortadas nuestras fronteras, y que la pasividad colombiana para impedir más secesiones era asunto de los siglos XIX y XX.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
octubre 03 de 2013
2013-10-03 11:46 p.m.

Se suponía que el territorio que los vecinos quisieron quitarle a Colombia era asunto del pasado, pero la voracidad que revela Nicaragua en pleno siglo XXI indica que no se han superado esos años de diplomacia agresiva, burla y desconocimiento de los tratados internacionales.

La conducta nicaragüense de buscar expansión en territorios colombianos apenas es comparable con la que mantuvieron Perú y Brasil cuando se quedaron con más de 800 mil kilómetros cuadrados en la Amazonía colombiana.

Se suponía también que se habían aprendido las lecciones de la historia sobre cómo fueron recortadas nuestras fronteras, y que la pasividad colombiana para impedir más secesiones era asunto de los siglos XIX y XX.

Se suponía que Colombia había aprendido de su historia diplomática que, el derecho al patrimonio territorial de sus ciudadanos iba a ser defendido por todos los medios.

Que sobre el conflicto interno estaban la soberanía y el respeto a los habitantes que pudieran ser objeto de amenazas y violencia por parte de otros países, como ocurre con los nativos de San Andrés y Providencia.

Pero no es así. Colombia sigue claudicando y su Cancillería, escribiendo notas de protesta que, como en el pasado, son despreciadas por inútiles y fatuas (Ver mapa adjunto).

Desde el siglo XIX, los nicaragüenses han utilizado cinco trucos contra Colombia: 1. Firmar tratados reconociendo los derechos internacionales de Colombia para luego desconocerlos tendiendo un manto de dudas, en los cuales ocultan sus verdaderos intereses. 2. Enviar grupos de gentes armadas a ocupar territorios colombianos por las vías de hecho. 3. Arrendar a las potencias extranjeras islas y puertos colombianos como otra muestra de su desconocimiento de tratados internacionales vigentes. 4. Chantajear con ‘cuentos chinos’ sobre tratados de arrendamiento, cesión, construcción y explotación de territorios colombianos con empresas o gobiernos de las potencias extranjeras. 5. Emplear como árbitros a reyes y emperadores, desde el siglo XIX, según sus conveniencias, y, ahora, a la Corte Internacional de Justicia.

Tanta es su habilidad, que funda sus derechos de propiedad y posesión en la Mosquitia y en el Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina en la cesión hecha por el Rey de España, en 1850, ignorando el derecho internacional vigente entre las repúblicas liberadas después de 1810, y cuando España ya no tenía injerencia.

Después de muchas peripecias contra Colombia, de ocupación física de la Mosquitia y del arrendamiento por 99 años de las islas Mangle Mayor y Menor a Estados Unidos, los nicaragüenses decidieron darles un estatuto jurídico a sus aventuras de desprecio a los acuerdos internacionales. El 24 de diciembre de 1913 desconocieron todo derecho de Colombia sobre los territorios ubicados en el mar Atlántico.

Basta leer lo que el Ministro de Relaciones Exteriores de Nicaragua envío, en nombre de su Gobierno, al de Colombia, a través de su Ministra de Relaciones Exteriores:

“El dominio, pues, de Nicaragua, señor ministro, a todas luces incontrastable sobre el litoral Atlántico que le corresponde entre las Repúblicas de Honduras y Costa Rica y sobre las Islas sobre él enclavadas, y la posesión cuatro veces secular, jamás interrumpida, de dicho territorio e Islas, me conduce con toda naturalidad a dar al gobierno de vuestra excelencia una contestación precisa y concreta sobre el punto especial que vuestra excelencia toca en la nota en copia de 9 de agosto último, a saber: que si Nicaragua arrendare o hubiere arrendado las Islas Great Corn y Little Corn, lo hará o lo ha hecho en virtud del dominio y soberanía de que carece Colombia en el territorio Nicaragüense para objetar actos de esta naturaleza”.

“(…) Respecto al archipiélago de las islas de San Andrés, Vieja Providencia y Santa Catalina y todas las demás islas y cayos adyacentes a la Costa de Mosquitos, Nicaragua, de la manera más solemne, desconoce todo derecho de Soberanía que Colombia pretenda alegar, (…) y en consecuencia se reserva para todo tiempo u ocasión el derecho de reivindicar su dominio y soberanía sobre el expresado archipiélago”.

Es decir, ¿el Archipiélago de San Andrés, Providencia, Santa Catalina, islas y cayos adyacentes están en la vía de un destino manifiesto? Si Nicaragua ha desconocido la Real Orden del 20 de noviembre de 1803, el Uti Possidetis Iure de 1810, los tratados con la Unión Centroamericana de 1825 y 1826, de la cual formaba parte, y ha negado la presencia histórica de Colombia en la región, velando y contradiciendo incontrastables hechos históricos, no es extraño que no hubiera aceptado el Tratado Bárcenas-Esguerra de 1928, ratificado en 1930 por los dos países, por medio del cual Colombia, sin contraprestación, le cedió la Mosquitia y las islas Mangle a Nicaragua.

Si este tratado, vigente, es desconocido por Nicaragua, que desea ir más allá del meridiano 82, entonces, ¿no le corresponde a Colombia anunciar que es el momento de reocupar las islas Mangle Mayor y Menor, y regresar a la Mosquitia, que fue hasta 1928, territorio colombiano?

Hermes Tovar Pinzón

Profesor de la Facultad de Economía

Universidad de los Andes

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