Análisis/ La Ocde y los indicadores desconectados

Sería lamentable que se manipularan o descontextualizaran las cifras de la Ocde para acabar con la agricultura comercial en Colombia y potencializar aún más el desenfreno importador –que está acabando subsectores como la lechería–, en favor de depredadores del mercado, para que el agricultor compita de igual a igual con países desarrollados, sin Estado, ni Gobierno, ni políticas.

Redacción Portafolio
Opinión
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Redacción Portafolio
julio 26 de 2015
2015-07-26 09:55 p.m.

Cuando países como Colombia reciben los indicadores de entidades como la Ocde, se enfrentan a situaciones en las cuales los números ‘gruesos’, expuestos a la ligera, permiten apreciaciones sobre datos con poco análisis cualitativo, que equivocadamente inducen la opinión y, al propio Gobierno, a ver las cosas fuera de la realidad.

Revisando el reciente informe de la Ocde sobre la agricultura colombiana, en el que se establece el Estimativo de Soporte (ayuda) al Productor (PSE, por sus siglas en inglés), pareciera ser que en Colombia se apoya más el ingreso de los agricultores (22 por ciento), que en Estados Unidos (8 por ciento), o la Unión Europea (19 por ciento). Eso sugiere que el productor colombiano recibe un apoyo a los precios muy superior al de los grandes ‘subsidiadores’ de la producción mundial, lo que lleva a una pregunta lógica, ¿cómo puede ser eso?

Opiniones de algunos funcionarios y analistas indican que lo que sucede en nuestro país es una abominación, que por eso la agricultura no progresa, que por ello la pobre y oligopólica industria nacional no puede competir, y toda suerte de apreciaciones. Otros, sugieren que en un mundo globalizado lo competitivo es el minifundio y la agricultura campesina, todas, tesis muy respetables en un país, donde, afortunadamente, la sociedad puede opinar sin conocimiento de causa y sin responsabilidad alguna.

El indicador de la Ocde no refleja la realidad si no se analiza en conjunto. Por ejemplo, en el caso colombiano, el cálculo indica que el PSE para el periodo 1992- 2007 nunca alcanzó el 9 por ciento, y este comienza a crecer a partir del 2008 hasta alcanzar el rango más alto entre el 2011 y el 2013. En el primer gráfico, la medición muestra escenarios en los que el apoyo al productor estuvo por debajo del 2 por ciento, como en el 2002 y el 2003.

El mayor soporte al productor colombiano se da a partir del 2008, cuando los programas de liberación con ciertos países comienzan a tener efectos comerciales significativos. El Mercosur, entre otros, comienza a tener ventajas arancelarias representativas en algunos productos, mientras que el país mantiene su protección en la frontera en varios de los bienes derivados, como pasa en el caso del pollo, o sucedió, hasta hace cerca de 2 años, con la carne de cerdo.

Así, la demanda de insumos como maíz para forrajes se incrementó significativamente, pero los precios al productor en Colombia, expuesto a la competencia, declinaron y la situación se volvió poco rentable para este.

En los últimos 3 años, en los que la exposición al mercado ha sido mayor y el apoyo al productor aumenta al nivel del 22 por ciento que hoy se compara, ¿qué ha tenido que hacer el gobierno nacional?: aumentar los apoyos, porque entró en pleno la liberalización con Estados Unidos, en algunos casos por la vía de los programas de liberación, en otros a causa de grandes contingentes arancelarios a 0 por ciento de arancel, pero, de paso, el Gobierno no ha mejorado nada la competitividad país.

El estimativo de apoyo al productor que nos compara con Estados Unidos y Europa, es el correspondiente al periodo 2010- 2012, el más bajo para países como Estados Unidos, con una amplia demanda de bienes agrícolas y precios internacionales más altos, lo que redujo significativamente la participación de los apoyos al productor como porcentaje del ingreso. ¡Así, cualquiera es un santo!

En Colombia se cuenta con unos apoyos que, a la final, resultan menores, así sean en frontera, mientras en los últimos años las ayudas de EE. UU. han sido camufladas, al ser canalizadas hacia la demanda interna. En efecto, en ese país el Farm Bill o política agrícola estimula la demanda de bienes nacionales por la vía del consumidor, al cual le regala el valor de los productos por medio de cupones. Ello estimula las ventajas comparativas lógicas de producciones comerciales de gran escala, desarrolladas con pagos directos al productor por más de 80 años de Farm Bill, lo que los ha consolidado como los grandes productores mundiales de bienes de bajo precio, porque del bolsillo presupuestal del Gobierno y los consumidores salen los recursos para los cupones, pero con efectos benéficos sobre la agricultura.

Estimular la producción desde la demanda reporta varios beneficios: al recibir los pagos del Estado por la vía de cupones, se desconecta al productor del mercado, se le favorece su ventaja comparativa y, además, se genera un arancel implícito que les alivia la competencia, pero que, en la estadística Ocde no se contabiliza.

Sería lamentable que se manipularan o descontextualizaran las cifras de la Ocde para acabar con la agricultura comercial en Colombia y potencializar aún más el desenfreno importador, que está acabando subsectores como la lechería, en favor de depredadores del mercado, para que el agricultor compita de igual a igual con los países desarrollados sin Estado, ni Gobierno, ni políticas, como no sucede ni sucederá en ninguna otra parte del mundo.

Con toda objetividad, por un lado se habla de paz, reconciliación y desarrollo en el campo y, por otro, se tratan de afianzar políticas comerciales desequilibradas en contra de la producción nacional. Los mensajes de hoy son muy contradictorios ¿no les parece?

Rafael Mejía López
Presidente de la SAC
 

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