Análisis/¿Quién pagará la cuenta?

Durante los últimos años, se firmaron gran cantidad de tratados de libre comercio, pero se hizo poco o nada para lo que era fundamental: ampliar y diversificar la oferta interna, incrementar la competitividad, desarrollar la infraestructura y promover la participación en los mercados globales.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
enero 04 de 2015
2015-01-04 11:35 p.m.

Cada vez que empieza un nuevo año, todos hacen propósitos de enmienda, los cuales se esfuman apenas el país retoma su rutina. No puede pasar lo mismo en el 2015, porque este puede ser un periodo crucial para la historia nacional. No se trata solo de firmar un acuerdo con las guerrillas en La Habana –ya suficientemente crítico–, sino de responder a un futuro lleno de turbulencias por estar en la parte descendente del ciclo económico. Y esto va a suceder cuando las demandas sociales serán el tema del día en una sociedad como la colombiana, que ha vivido inhibida para protestar por sus problemas históricos, como la profunda desigualdad. Por ello, es hora de hacer reflexiones, producto de la experiencia, que ojalá encuentren algún eco.

La primera de gran trascendencia es reconocer que los errores cuestan, pero que es inaudito que solo lo paguen los 48 millones de colombianos y no los funcionarios públicos, los partidos políticos, los gremios de la producción y el resto de los notables que ayudaron a cometerlo. Como en Colombia las personas en estos niveles de poder son intocables, nadie aprende y se siguen cometiendo equivocaciones, entre otras, por no escuchar argumentos distintos.

El mejor ejemplo de esta realidad es lo que está sucediendo con el sector externo colombiano: el descenso de las exportaciones y el crecimiento de las importaciones le están saliendo muy caros al país, es decir, a sus habitantes. Varios puntos del PIB se están perdiendo por cuenta de esta realidad. Hace ocho años se llevó al Congreso de la República el proyecto de ley sobre el TLC con Estados Unidos. Se habían venido realizando estudios por parte de sectores académicos independientes y también por el Gobierno de turno. Sus planteamientos parecían provenir de dos mundos distintos. El Gobierno de Uribe, deseoso de firmar ‘rapidito’, con resultados muy positivos, y los estudios de otros sectores, mostrando realidades preocupantes para los productores nacionales.

Aquellos que no formaron parte de la euforia de la apertura, vivieron momentos duros porque se les marginó, se desoyeron sus preocupaciones dentro y fuera del Congreso y en foros académicos, algunos siempre del lado del poder. La moda era que el TLC con Estados Unidos iba a ser la solución para muchos males de Colombia, y eso lo asumieron con un dogma.

En ese momento, muchos anunciaron exactamente lo que está sucediendo ahora. El país no estaba listo para abrir su comercio y debería empezar por prepararse si no quería volverse un gran importador. Se dijo en su momento, que era necesario identificar los sectores que serían afectados negativamente, aquellos con potencial exportador y los que deberían ser sustituidos por otros por su imposibilidad de competir. Siempre fue evidente que el sector rural y la pequeña industria necesitaban cuidados especiales y estos estaban ampliamente documentados en trabajos elaborados por instituciones internacionales y expertos del país. Luis Jorge Garay y Fernando Barberi, entre muchos otros, publicaron investigaciones que fueron ignoradas a la hora de tomar decisiones. Pero, además, se insistió permanentemente en la necesidad de trabajar en una Agenda Interna que permitiera realizar las obras y las estrategias que prepararían al país para sacar el mejor provecho del TLC con Estados Unidos. Pasaron ocho años entre el inicio del debate en Colombia y la aprobación del TLC por el Congreso norteamericano y no se hizo nada ni en infraestructura –por ejemplo, el acceso al puerto de Buenaventura– ni en mejorar la competitividad del agro y de la industria.

Poco se ha dicho del lamentable papel que jugaron los gremios de la producción, que hoy lloran desconsoladamente por la competencia a la que se enfrentan los grandes productores. Pero en el momento del debate del TLC, los agricultores y los pequeños industriales dejaron atrás sus argumentos que planteaban las debilidades de sus sectores y terminaron negociando prebendas del tamaño de Agro Ingreso Seguro o embajada para alguno de sus directivos.

Pero hoy, nadie tiene la culpa. Ni el Gobierno, que en su momento calculó un mayor crecimiento del PIB gracias a este TLC, los gremios, que se quedaron callados al recibir prebendas, como tampoco el Partido Liberal, que desconoció la ponencia, trabajada por meses, que planteaba un voto negativo por estar mal negociado por Colombia este TLC. A última hora, el director del partido, César Gaviria, pidió a sus parlamentarios que desconocieran la ponencia y procedieran a aprobar el tratado. Los verdaderos perdedores nunca tuvieron espacio porque los oyeron, pero no los escucharon.

Pero, además, durante los últimos años se firmaron gran cantidad de estos tratados de libre comercio y se hizo poco o nada para lo que era fundamental: ampliar y diversificar la oferta interna, incrementar la competitividad, desarrollar la infraestructura y bajar, en general, los costos de transacción para participar eficientemente en los mercados globales. Hoy, estamos repletos de importaciones que crecen a altas tasas, y no de maquinaria o tecnología de punta, sino de bienes y alimentos suntuarios que llenan los supermercados y almacenes de lujo. Mientras tanto, las exportaciones decrecen rápidamente. ¿Pero, quién pagará la cuenta?

Nadie se atreve a señalar a esos funcionarios, todavía en plena vigencia, que desconocieron las implicaciones de su política de ‘exportar o morir’. Siguen olímpicos, lo mismo que aquellos centros de pensamiento de la escuela neoliberal. Entre tanto, sectores de la producción de Colombia no han resistido la competencia extranjera y han salido del mercado, llevándose consigo a mucha gente que ha perdido su empleo formal. Las llantas para automóvil son uno de los ejemplos. Y los ministros que afirmaron, sin sonrojarse, que más TLC de Colombia con el mundo iban a aumentar la eficiencia, la oferta exportable, ahora dirigen partidos políticos y nadie les pasa la cuenta. Mientras esto siga pasando, Colombia no tendrá funcionarios responsables que midan las consecuencias de sus decisiones.

Cecilia López Montaño

Exministra - Exsenadora


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