Análisis/Pobres las comunidades y el ambiente

Para lograr sus metas, Vargas Lleras identificó las consultas previas y nada menos que los temas medioambientales como sus principales obstáculos. Es decir, el desarrollo humano sostenible que mira y se ocupa de la equidad intergeneracional no es parte de su agenda, sino un gran problema.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
agosto 26 de 2014
2014-08-26 12:31 a.m.

“No se puede seguir abusando de la consulta previa”. Con esta declaración empieza la entrevista el vicepresidente Germán Vargas Lleras, probablemente si no la primera, sí la más extensa que le han hecho hasta ahora los medios de comunicación. Y no sorprende a aquellos que hemos seguido su trayectoria en la cual es evidente su apuesta a llegar a la Presidencia de Colombia, más temprano que tarde, con los temas –o mejor con las ejecutorias–, que les gustan a los poderosos.

Su plan de acción empieza por la supervisión “(…) de los proyectos de infraestructura y vivienda del país (…)”, claras prioridades reales de este nuevo Gobierno Santos. Según sus propias palabras, “(…) será la revolución más grande que se haya hecho en los últimos tiempos en infraestructura”. Y agrega en la entrevista, “(…) además, debe consolidar los programas de vivienda que, ente otros aspectos, pusieron en un punto muy alto su gestión como ministro”.

Las prioridades que señaló el Presidente en su discurso de posesión no tocan al Vicepresidente: paz, tema que este reconoce que no está entre sus responsabilidades; equidad, que hilando delgado, solo será el regalo de viviendas a los más pobres y educación que no la menciona. Bien sabe él que, conociendo a los que mandan en el país, lo que importa si se quiere ser presidente –sobre todo después de Santos– son los negocios, muchos de los cuales se darán y florecerán en los sectores de infraestructura y vivienda. En síntesis, el presidente Santos tiene unas prioridades y el vicepresidente otras. Interesante y entendible diferencia, ya que muchos empresarios creen que Santos es de izquierda. ¿Qué tal?

Además, Vargas se las ha arreglado para rodearse de viceministros escogidos por él –con el rango de Ministros–, de manera que ellos, en particular el de Vivienda y la de Transporte, pagarán los costos políticos de las fallas en estas áreas, mientras las glorias se las llevará el vicepresidente, inaugurando cuanto puente o casita se construya o se entregue.

Vargas Lleras manejará la Comisión de Proyectos de Interés General Estratégicos que, según el artículo, “(…) tiene por lo menos 30 megaproyectos en los que, incluso, hay temas de energía y minería. Será el hombre encargado de potenciar el desarrollo del país”. Y como si esto no fuera suficiente plataforma, afirma el: “(…) me ocuparé de impulsar el proyecto de renovación urbana en Bogotá (denominado CAN), que lidera la corporación Virgilio Barco. Además, dirigiré la Comisión de Océanos y la Comisión Colombiana del Espacio. Finalmente, se me asignó la responsabilidad de coordinar las acciones a nivel regional en los planes de choque particulares, que para algunas regiones del país el presidente va a poner en marcha”.

Es decir, Colombia verá un presidente Santos tratando de mostrar la parte solidaria y social de su gestión, pero el crecimiento económico, que es lo que realmente miran los que toman las decisiones, se lo dejó al vicepresidente. La gran incógnita es si esto va a ser un complemento –como nos lo quieren mostrar–, o si chocarán, porque además la gobernabilidad se la entregaron a otro peso pesado, el Ministro de la Presidencia. Como para alquilar balcón, si no fuera porque la suerte de todos nosotros, y del país en general, depende de cómo se den estas relaciones y cómo se resuelva esta división de superpoderes.

Pero no todo es tan positivo. Para estos ambiciosos objetivos, ya el vicepresidente tiene identificado lo que él llama los frenos: claramente, para lograr sus metas, Vargas Lleras identificó las consultas previas y nada menos que los temas medioambientales como sus principales obstáculos. Es decir, el desarrollo humano sostenible que mira y se ocupa de la equidad intergeneracional, garantizando que las próximas generaciones tengan los recursos naturales y las condiciones ambientales que aseguren su bienestar, no es parte de su agenda, sino un gran problema.

Por ello, según sus propias palabras, “vamos a proponerle al Ministro de Ambiente adoptar disposiciones que, preservando el medioambiente, acaben con discrecionalidades, reduzcan los tiempos y eliminen trámites innecesarios”. Mejor dicho, volvemos a las andadas, al desmonte de lo poco que queda del gran esfuerzo que el país hizo en la década de los años 90, por tener las normas y la institucionalidad adecuada para acabar con la destrucción de nuestro medioambiente y riquezas naturales.

Pero tampoco las expresiones de democracia consagradas en la Constitución de 1991 quedarán a salo. De nuevo: para él las consultas previas “están frenando y paralizando la ejecución de esas obras, cuando media una certificación del Ministerio del Interior, que yo tuve oportunidad de expedir cuando ocupé ese cargo, en la que consta que no había lugar a ellas”. “No se puede continuar abusando de esa figura y retrasando indebidamente la ejecución”.

Es bueno advertir, desde ahora, que estas palabras del Vicepresidente no son dichas en vano y que tiene el gran respaldo de los empresarios, de algunos banqueros y demás desarrollistas de este país con poca sensibilidad frente a estos temas. Dos retos surgen aquí con nombre propio.

Para el propio presidente Santos: sin desconocer que puede haber excesos, no se pueden eliminar así las voces de las comunidades que son las que viven en carne propia muchos de los impactos negativos de los grandes proyectos de infraestructura e industria y del agro.

Para el nuevo Minambiente: le toca, desde el principio, defender con argumentos sólidos el valor del desarrollo humano sostenible que se ha vuelto a ubicar en las agendas internacionales como un tema prioritario.

Cecilia López Montaño

Exministra - Exsenadora


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