Análisis/Revaluación: el trasfondo del malestar del agro

En medio de las actuales dificultades y protestas, que ya de por sí resultan preocupantes, genera todavía más inquietud que las medidas que se adopten por parte del Gobierno Nacional no tengan en cuenta una clara política dirigida a una tasa de cambio competitiva.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
mayo 28 de 2014
2014-05-28 04:02 a.m.

El país entero ha percibido la profunda inconformidad y desasosiego que sufren los productores del campo, quienes dada la difícil situación de la actividad agropecuaria, en algunos casos se han inclinado por la protesta y las vías de hecho a fin de encontrar medidas de apoyo por parte del Gobierno Nacional, que permitan solucionar la problemática que enfrentan.

El agricultor observa que entre las causas más importantes de su malestar se encuentran: el elevado costo de sus insumos, la competencia desleal y el contrabando, el alto costo de logística, asociado a la insuficiente y precaria infraestructura, la complejidad en la comercialización (tanto de insumos como de sus productos finales) por cuenta de los numerosos intermediarios en la cadena de distribución, la falla en el acceso así como el alto costo de los créditos agropecuarios y, por supuesto, la caída en sus ingresos.

Lo anterior, aunado a la volatilidad de los precios que caracterizan los productos agropecuarios, la mayor competencia de productos importados y una tasa de cambio revaluada, se configura como un problema estructural que se resume en la pérdida de rentabilidad del sector, comprometiéndose así su sostenibilidad.

Esto no es otra cosa que la mezcla entre el incremento de los costos de producción y la caída en los ingresos por la venta de los productos del agro. Sin embargo, lo que no parece evidente a nuestros agricultores, y frente a lo cual, la actuación del Gobierno ha sido insuficiente, es que la reducción en los márgenes proviene de manera importante de la caída en el precio del dólar.

Tratándose de sectores que, como el agro, se encuentran expuestos crecientemente a una mayor competencia de productos importados, y que a su interior cuentan con subsectores de diferente vocación y actividad exportadora, la revaluación resulta ser el trasfondo de esta compleja situación, en la medida en que no solo ven afectados sus ingresos por las ventas en el mercado doméstico, al competir con productos importados más baratos, sino que también sus ingresos por exportaciones son cada vez menores.

Con una revaluación del 38 por ciento en la última década, la más agresiva que ha tenido el país, y la firma del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, en un momento en que la tasa de cambio era 400 pesos superior a la de hoy día, el panorama agrario no puede ser el mismo.

Superar esta diferencia exigiría incrementos importantes en la competitividad del país, que durante el mismo periodo coadyuvaran a mitigar ese diferencial; sin embargo, esto difícilmente se observa en los resultados comparativos que Colombia obtiene en el Foro Económico Mundial, en el cual estamos muy rezagados, en puestos marginales, en materia de infraestructura, costos laborales, instituciones e innovación.

La tasa de cambio revaluada incrementa los costos de los insumos no transables, es decir, de aquellos que necesariamente deben ser adquiridos localmente.

Y es que competir con un dólar revaluado significa también que, para aquellos sectores que le han apostado a la formalización en áreas rurales, se hayan incrementado sus costos laborales durante la última década, ya que el salario, medido en dólares, ha experimentado un crecimiento cercano al 180 por ciento, lo que, por supuesto, limita seriamente su competitividad.

En el caso de los palmicultores, estos vienen enfrentado mayores costos, dado que cerca del 60 por ciento de los mismos corresponden a insumos no transables, como es el caso de la mano de obra, la energía y los servicios de transporte.

El resultado nefasto de todo esto es que, mientras nuestros salarios son cada vez más altos, nuestros productos son comparativamente más costosos y, por lo tanto, las ventas en los mercados domésticos y externos son menos rentables. Así pues, en medio de las actuales dificultades y protestas, que ya de por sí resultan preocupantes, genera aún más inquietud que las medidas que se adopten por parte del Gobierno Nacional no tengan en cuenta una clara política dirigida a una tasa de cambio competitiva, que es lo que realmente le talla al campo colombiano.

Jens Mesa Dishington

Presidente Ejecutivo de Fedepalma

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