Análisis / Salud: no más, retiren el proyecto de ley

El Gobierno no desea aceptar lo obvio: que el nuevo sistema de salud se tiene que apartar del modelo de la Ley 100, el cual después de 20 años de estar vigente deja más problemas que soluciones; a menos que se considere un éxito que un alto porcentaje de la población tenga un carnet.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
octubre 05 de 2013
2013-10-05 09:30 p.m.

En vez de seguir tratando de revivir un muerto en mal estado, el proyecto de ley actual, convoquen de inmediato una comisión de expertos que empiece a trabajar ya en un verdadero plan de reforma al sistema de salud, como se le ha dicho en todos los tonos al Gobierno.

A nadie le satisface lo que se está planteando actualmente, a pesar de las buenas intenciones del ministro de Salud, Alejandro Gaviria, a quien los médicos le reconocen que es el mejor de los ministros de Salud de este Gobierno, pero que tampoco pudo con semejante potro.

El Ministerio de Salud esta trabajando y mucho, pero inútilmente, porque sus energías están dirigidas a este proyecto que ya murió.

El Gobierno ha dejado solo a Minsalud, lo dicen los medios de comunicación, y debe ser cierto. Con las defensas tan bajas, el presidente Santos no se puede exponer a un debate complejo sin tener la sartén por el mango.

Esto, a dos meses de decidir sobre su reelección, es un suicidio anunciado, y recuerden que el presidente Santos es un buen jugador, aunque a veces sus jugadas no son las mejores.

El Congreso le está sacando el quite por razones similares y la estocada final se la están dando los médicos. Basta con leer la extensa nota que Fedesalud le envió a todos los senadores de la Comisión Séptima para entender su temor. Sinceramente, este análisis cuidadoso, artículo por artículo, deja el proyecto de ley por el físico suelo.

Una primera objeción se refiere a las contradicciones en el mismo proyecto en el concepto fundamental de salud pública: “El reduccionismo de la salud pública a actividades de Promoción y Prevención en que nos encasilló la Ley 100 y que dio al traste con la salud pública en el país es hora de ponerle fin, asumiendo el ámbito que bien reconoce el Artículo sexto del Proyecto y que después desconoce el párrafo tercero”. Y continúa: “se sumerge la salud pública en los hospitales, quedando supeditada a los intereses de estas instituciones, solo para ayudarles a superar su crisis; se trasladan no solo las funciones, sino las responsabilidades de las autoridades territoriales y se prescinde del ámbito de la Política Pública, la que va dirigida a la protección del pueblo como obligación del Estado, pero que por lo general incluye el papel de los ciudadanos, en la definición y en la acción”.

La segunda gran crítica es sobre ‘la creación del monstruo de Salud Mía’, que ignora la mala experiencia del Fosyga, y advierten que concentrar en un gran ente burocrático, centralizado el pago de la totalidad de las cuentas de todas las IPS del país, “es un riesgo demasiado grande”.

Tampoco están de acuerdo con el, nuevo Plan de Beneficios que según ellos revive el POS como un listado de procedimientos en contra de lo que había dicho el Gobierno.

Y contrario a lo que señala la ley estatutaria. Y otra grave preocupación: aunque se observa que no podrán ser excluidos los tratamientos a las personas que sufren enfermedades raras o huérfanas, en realidad los excluyen cuando afirma que “este tipo de patologías tendrán que ser cubiertas por una fuente específica de los recursos públicos de la salud”.

Pero en el tema, lo que más preocupa al ciudadano del común es qué va a pasar con las EPS y cuáles son las grandes diferencias con las nuevas Gestoras de Salud que plantea la reforma.

Para Fedesalud, los problemas persisten en estas entidades que tienen estímulos para aumentar el gasto y deducir de allí sus utilidades de los servicios que contratan.

Se mantiene, por lo tanto, el sesgo que mucho perjuicio le ha traído a la gente, y que consiste en postergar o negar el servicio en las llamadas Gestoras de Salud.

Como se puede observar, el Gobierno, con esta propuesta al Congreso, no desea aceptar lo obvio: el nuevo sistema de salud del país se tiene que apartar del modelo de la Ley 100, que después de 20 años de vigencia deja más problemas que soluciones, a menos que se considere un éxito que un alto porcentaje de la población tenga un carnet.

Pero como siguen los mismos en el poder, se niegan a aceptar esta realidad y la disfrazan con otro vestuario. Pero ya la sociedad colombiana tiene suficiente conocimiento y ha sufrido en carne propia las limitaciones del actual sistema de salud. Por ello, por las muertes injustificadas y por sus profundas debilidades en hacer de Colombia no un país de enfermos, sino de gente sana, fracasará.

Ha quedado en evidencia, con estas y otras críticas que no se comentan, que se mantienen sus principios y, por consiguiente, no logra la aprobación de los que hasta ahora la comprenden. Cuando la población entienda que todo cambia para que todo siga igual, el costo para el Gobierno y para el Congreso será infinito. Por eso se niegan a apoyarla, detrás de la puerta, porque no se atreven a decirlo de frente.

Señores del Gobierno, no sigan insistiendo en una reforma que no tiene apoyo y sí muchos problemas.

Pocas veces ha existido tantas investigaciones y análisis sobre un tema como en el caso del sistema de salud en Colombia.

Hagan un buen uso de esa realidad porque existen suficientes estudios serios sobre los pros y contras de distintas alternativas. Muchos expertos están dispuestos a trabajar intensamente para que el país tenga el modelo de salud realmente adecuado, en alguna medida, a nuestras realidades. Esto le sirve al Gobierno y, por consiguiente, al país.

Definitivamente, insistir en revivir este muerto es la peor decisión que puede tomar el presidente Santos.

Cecilia López Montaño

Exministra - Exsenadora

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