Análisis / Seguros agrícolas para turbulencias del clima

Se hace necesario que las aseguradoras y reaseguradoras lean con mayor rigor lo que los productores requieren y esperan en el marco de las nuevas realidades del clima y la economía.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
agosto 30 de 2015
2015-08-30 11:29 p.m.

Desde la crisis financiera del 2007-2008, los productores agrícolas han estado expuestos no solo a los riesgos originados en los cambios climáticos extremos, sino también a grandes incrementos de la volatilidad de los precios de los commodities, los cuales se empiezan a experimentar sostenidamente desde aquellos años.
Son múltiples los factores que originaron dicha inestabilidad de los precios, como el aumento sustancial de la demanda de commodities por parte de India y China y la presencia activa de los fondos de inversión en las bolsas de productos, lo cual produjo una mayor interrelación de los mercados financieros con los de materias primas.

A esos determinantes se suman sucesivos episodios catastróficos de sequías e inundaciones, provocados por el cambio climático.
Esta nueva realidad ha planteado la necesidad de estructuración de pólizas que garanticen un ingreso fijo a los productores, al margen de lo que ocurra con el clima o los precios.
Finalmente, el verdadero riesgo sistémico al que se enfrentan los productores es el de una eventual caída dramática del ingreso, que podría suceder en el momento que venden su cosecha, ya sea porque su volumen de producción baje sensiblemente a raíz de fenómenos climáticos, o a causa de una caída importante del precio en medio de las oscilaciones de los mercados de commodities agrícolas.
En países como Canadá, Estados Unidos, México y Brasil, este tipo de pólizas vienen cautivando progresivamente a los agricultores, siendo seducidos por la coherencia con sus necesidades, sencillez, facilidad de reclamación y costos razonables.
Esta es una señal de que los mercados del riesgo también deben evolucionar para permitir su sostenibilidad y desarrollo. Además, se evidencia que una cultura de seguro agrícola se forma contando con una oferta de coberturas que resulten pertinentes y atractivas a los usuarios.
Lamentablemente, desde 1993, cuando se creó el Fondo Nacional de Riesgos Agropecuarios, a pesar de varias iniciativas, no se ha logrado crear un verdadero mercado de seguro agrícola. El actual índice de cobertura lo resume todo: de las 7.11 millones de hectáreas de cultivos que registra el censo agropecuario, solo están aseguradas, a la fecha, aproximadamente 82 mil hectáreas, que equivalen a una cobertura del 1,15 por ciento, mientras que Argentina presenta 55 por ciento; México, 53 por ciento, y Brasil, 9 por ciento.
En Colombia, la cobertura agrícola nunca ha llegado a estar en un nivel superior al 2,5 por ciento, y en la perspectiva no se ven grandes cambios que disparen este precario índice.
El panorama se mantiene igual; con la actual oferta de pólizas tradicionales por planta y de rendimientos garantizados, los productores tienden a ver el seguro como un sobrecosto y no como una inversión, con frecuencia no perciben que les aseguren lo que ellos necesitan, muchas veces no tienen confianza en que el costo sea el justo de un mercado competitivo, y suelen no tener plena confianza en la forma de hacer efectivas las pólizas ante el eventual siniestro.

En esas condiciones, se ha formado un cuello de botella que no ha permitido avances suficientes de ese seguro, a pesar del subsidio del 80 por ciento del valor de la prima, de la posibilidad de la operación de aseguradoras extranjeras y de la vinculación al crédito que han logrado algunas entidades financieras, la cual ahora intentará el Banco Agrario, no obstante de ser una alternativa voluntaria para sus clientes.
Es crucial para el país que el mercado del seguro agrícola se desarrolle, porque tanto las fluctuaciones de los precios como los cambios climáticos se tenderán a acentuar en los años venideros. Es así como en un reciente informe del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (Ipcc), principal órgano científico encargado de monitorear el cambio climático, prevé para Colombia que en los próximos 25 años el 31 por ciento del territorio nacional podrá verse afectado por cambios en la precipitación: disminución de la precipitación en la región Caribe del 14 por ciento, Amazonia, del 10 por ciento, y 2,5 por ciento en los Llanos Orientales, y aumento de la precipitación en la zona Andina y Pacífica entre 8 y 9 por ciento.
Se hace necesario que las aseguradoras y reaseguradoras lean con mayor rigor lo que los productores requieren y esperan en el marco de las nuevas realidades del clima y la economía.

También es fundamental que asuman una actitud más audaz en aras de superar sus tímidas ofertas centradas en lo más tradicional, conservador y seguro para ellos. El potencial de negocios es enorme, pero para desarrollarlos se deben asumir grandes apuestas a partir de esquemas de seguros que rompan el hielo por su atractivo para los agricultores.
Sin pólizas cautivadoras no habrá nunca una gran demanda y, por ende, no se concretará un mercado que convierta el seguro en un factor de sostenibilidad y competitividad agrícola.

Iván Darío Arroyave A.
Expresidente de la BMC

 


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