Análisis/ La tabla del tres

Hay que evitar lo que los economistas llaman la ‘ilusión monetaria’. En realidad no son tan grandes ni las ganancias ni las pérdidas producidas con un dólar a 3.000 pesos, ni es tan cierto que el precio de la divisa estadounidense haya llegado a su máximo valor histórico cuando lo miramos en términos reales, es decir, descontando los efectos de la inflación.

Redacción Portafolio
Opinión
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Redacción Portafolio
agosto 19 de 2015
2015-08-19 12:50 a.m.

Después de varios años de multiplicar con la tabla del dos, los colombianos vamos a tener que aprender a usar la tabla del tres para convertir los dólares a pesos. Antes, para saber cuánto valía un televisor, un reloj o unos zapatos comprados en Miami, por ejemplo, solamente multiplicábamos por 2.000 su precio en dólares. Ahora nos toca hacerlo por 3.000 y, por supuesto, todo lo de afuera nos sale mucho más caro.

Sufren con la tabla del tres aquellos que tienen que comprar materias primas en el exterior, importar una máquina o un tractor, o las compañías que se endeudaron en dólares sin tomar ninguna cobertura. Durante años se beneficiaron con tasas de interés mucho más bajas, pero actualmente tienen que pagar por el riesgo que tomaron.

La otra cara de la moneda es que con la tabla del tres es más barato comprar colombiano y los productores nacionales van a poder vender más tanto en el país como en el exterior, aunque sigue siendo difícil competir con baratijas chinas, o con el contrabando alimentado por el lavado de dólares.

También vuelve a ser más barato ir a pasear a Santa Marta y San Andrés que a lugares como Cancún o Aruba y, a pesar de los escandalosos precios de los restaurantes en Bogotá –y ni qué decir de Cartagena– para los turistas extranjeros será más asequible visitar destinos en Colombia, porque estos utilizan la tabla del tres, pero para dividir, y les rinden más los dólares.

En el balance son más los beneficiados con la tabla del tres que los perjudicados, porque mayores ventas de bienes y servicios colombianos significan más generación de empleo: las organizaciones van a contratar más trabajadores –o por lo menos dejar de despedirlos, como les tocó hacerlo durante los años de revaluación–, y más ciudadanos van a tener ingresos.

¿De qué sirve que los televisores sean más baratos con la tabla del dos, si no se tiene empleo ni ingresos para comprarlos?

No obstante lo anterior, hay que evitar lo que los economistas llaman la ‘ilusión monetaria’. En realidad no son tan grandes ni las ganancias ni las pérdidas producidas con un dólar a 3.000 pesos, ni es tan cierto que el precio de la divisa estadounidense haya llegado a su máximo valor histórico cuando lo miramos en términos reales, es decir, descontando los efectos de la inflación.

Es cierto que el dólar se cotizó esta semana un poquito por encima del techo que alcanzó el 12 de febrero del año 2003, sin embargo, hay que recordar que en estos 12 años y 5 meses la inflación ha sido del 67 por ciento, es decir, que lo que, entonces, costaba 100 pesos, hoy vale 167 pesos, y si un dólar en esa fecha costaba 2.963 pesos, actualmente, por la inflación, debería valer 4.962 pesos.

Hasta aquí la comparación es incompleta, porque la Tasa de Cambio Real (TCR) toma en cuenta también la inflación de Estados Unidos, que ha sido menor que en Colombia -30,4 por ciento en este periodo. Al descontar este efecto, vemos que si para comprar lo que valía un dólar en Estados Unidos hace 12 años, necesitábamos 2.963 pesos, hoy para adquirir lo mismo, requerimos 3.805 pesos.

En términos técnicos, se diría que la TCR todavía está revaluada, y 22 por ciento por debajo de su máximo histórico.

No se debe sacar la conclusión de que el peso debe devaluarse otro 22 por ciento, y llegar a 3.800 pesos, porque hay muchos otros factores que inciden en el precio del dólar, pero sí quiere decir que la tabla del tres llegó para quedarse, y que tenemos que acostumbrarnos a ella.

Mauricio Cabrera Galvis
Consultor privado
 

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