Análisis/¿Por qué en temas claves vivimos en el pasado? (I)

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
octubre 20 de 2013
2013-10-20 08:57 p.m.

Colombia tiene una tecnocracia de alto nivel que es la envidia de muchos de nuestros vecinos. Sus expertos en diversos temas son demandados por muchos países, especialmente en el área Andina y Centro América. Se quedó atrás en la historia la época en que argentinos y chilenos venían al a darnos cátedra. Sin embargo, sorprende lo alejados que con frecuencia estamos de las discusiones mundiales en temas sensibles y cruciales en el debate nacional.

Si hay un tema vital actualmente en Colombia es la situación del campo, especialmente lo que están viviendo nuestros 11 millones de campesinos, que por fin han expresado su inconformidad. Sin embargo, precisamente el tema rural es uno en el que el país mantiene un discurso que empieza a ser revaluado en los organismos internacionales que se dedican a la investigación en esta área. Y mucha de nuestra tecnocracia ni se entera.

Después de haberse ignorado la crisis que una apertura con revaluación trajo a la población rural, que en pequeñas parcelas se ha dedicado a los cultivos temporales desde hace algunos años, es la gran agricultura la que ocupa el interés del Estado colombiano. No solo el Gobierno, especialmente en el periodo Uribe, identificó el modelo Carimagua como el norte para reactivar el agro colombiano, sino que surgen los llamados ‘nuevos llaneros’. Los cacaos de este país, viejos y nuevos, empiezan a comprar grandes extensiones de la Altillanura para dedicarla a la palma africana, también tomada como la nueva punta de lanza del desarrollo del campo en este país.

El trasfondo de este modelo fue expresado en su momento por el Ministro de Agricultura: “solo los grandes empresarios pueden desarrollar la gran agricultura en áreas como la Altillanura, cuyas tierras demandan inversiones significativas”. Poco o nada se dijo sobre los millones de campesinos bajo el supuesto de que serían la oferta de trabajo de reducido costo para estos desarrollos. Mientras tanto, la llamada brecha rural-urbana, o sea la diferencia en todos los indicadores entre el campo y la ciudad, lejos de reducirse se incrementaba, y este proceso de rezago creciente del campo se mantiene hasta el día de hoy. Aun actualmente, cuando el campesinado se ha expresado duramente y ha puesto al Gobierno Santos en jaque, la idea de que es la gran agricultura la que impulsará al campo es planteada por serios economistas como la próxima oportunidad de desarrollo para el país. Seguir atacándola, para muchos, es matar la nueva bonanza que puede tener Colombia, dado el freno del auge minero de los últimos años.

Sin embargo, el IFPRI, instituto del sistema CGIAR, dedicado a la investigación del sector rural del mundo, acaba de publicar varias investigaciones que se apartan de esta especie de obsesión, con imitar al Brasil con su famoso Cerrado. Sus principales ideas después de estudiar cuidadosamente el mundo en desarrollo sostienen lo siguiente: el papel de los pequeños agricultores ha cambiado y debe analizarse en un contexto económico más amplio. La discusión ya no es entre pequeña y gran agricultura, y esta comparación se cae por el papel dominante de la pequeña agricultura en el mundo en desarrollo. El tamaño óptimo de finca es un concepto dinámico que cambia a medida que la economía de un país crece y otros sectores no agrícolas se desarrollan. Es más, afirma el IFPRI que un billón de fincas en estos países son menores de dos hectáreas. La pequeña agricultura se estima que produce 4/5 de los alimentos del mundo en desarrollo. Le dan hogar a 2/3 de los 3 billones de población rural, que vive en absoluta pobreza, pero son la mitad de la población desnutrida del mundo.

Y un mensaje para el nuevo Ministro de Agricultura, fiel representante de la gran agricultura, quien anunció, a su vez, que impulsaría otra revolución verde en Colombia. Pues algo que el estudio del IFPRI plantea, para información del ministro Lizarralde, es que la Revolución Verde de Asia, la de verdad, la hicieron los pequeños agricultores. Así que, ojo Ministro con sus declaraciones.

Pero el tema va más allá. Estudios demuestran una relación inversa fuerte entre el tamaño de la finca y la productividad. Las pequeñas generan alta productividad por unidad de tierra, tema que también se plantea en estudios colombianos y en el cual ha insistido el profesor Albert Berry, a quien un buen número de los actuales economistas le debemos mucho y que ha sido candidato al Premio Nobel de Economía. Pero en un seminario relativamente reciente, en el cual Berry planteó estas tesis, fue precisamente el actual Ministro, quien en ese momento era presidente de Indupalma, el que formó parte del grupo que lo refutó, sin mucho fundamento.

Para el momento que vive el país es fundamental recoger algunas de las recomendaciones del IFPRI. La más importante y oportuna, que ojalá encuentre oídos en el Ministerio de Agricultura, es que “No se deben promover artificialmente ni las grandes ni las pequeñas fincas”. Los pequeños productores en países como Colombia juegan un papel fundamental para enfrentar las demandas crecientes de alimentos. Y lo más importante, no son un grupo homogéneo: algunos tienen potencial para realizar actividades comerciales rentables y otros su futuro está fuera de la agricultura, pero debe ayudárseles a la transición. Y esto es clave para las nuevas políticas: aquellos que tienen potencial tienen nuevas amenazas como el cambio climático, los shocks de precios, las limitadas opciones de financiación y acceso inadecuado a alimentos saludables y nutritivos. Estos teman aún no tienen la importancia que merecen. A su vez, Los pequeños agricultores con potencial, si superan estas limitaciones, aumentan sus ganancias y operan en una escala eficiente, ayudarán a alimentar al mundo. Desafortunadamente, este no es el discurso en Colombia, para desventura los más de 11 millones de pequeños productores del sector agropecuario.

Cecilia López Montaño

Exministra - Exsenadora

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